El hallazgo de material nazi en los archivos del Palacio de Tribunales de Buenos Aires generó interés mundial y la Corte Suprema de Justicia lleva a cabo un meticuloso proceso de análisis en pos de resguardar toda la información posible. El hallazgo fue fortuito en medio de una mudanza de los elementos del subsuelo del lugar.
Las tareas se centran en proceso de limpieza, digitalización e inventario del contenido encontrado en las 12 cajas descubiertas en el subsuelo del Palacio de Justicia en Talcahuano 550, en la Ciudad de Buenos Aires, que en mayo fueron abiertas por un grupo de especialistas.
Afectados por el paso del tiempo y la humedad propia del lugar, el material necesita un tratamiento especializado antes de ser investigado de manera puntillosa. En este sentido, cada libreta y documento permanece bajo estrictas medidas de seguridad y sólo tiene acceso al área un equipo especializado, liderado por Jessica Susco, directora de la Biblioteca y el Museo de la Corte, y con la colaboración de María de la Paz Podestá, licenciada en conservación y restauración de bienes culturales, entre otros.
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Los expertos, equipados con guantes, batas, cofias y barbijos N95, identificaron cada caja y realizaron la primera inspección en busca de posibles daños biológicos. El proceso de restauración incluye una limpieza en seco meticulosa de cada libreta, utilizando aspiradoras de baja succión y pinceles de pelo suave para trabajar hoja por hoja. Una vez finalizada esta fase, el material pasa al área de inventario para ser escaneado y almacenado en cajas etiquetadas.
Qué se encontró
Hasta el momento, a más de 40 días de su hallazgo, se relevaron más de 4.600 carnets del "Deutsche Arbeitsfront" (Frente Alemán del Trabajo), unas libretas rojas de 32 páginas cada una. Además, otros 400 carnets de la Unión Alemana de Gremios, de color negro y de 18 páginas cada una.
Cada libreta lleva los datos de un alemán que llegó a Argentina. Nombre, fecha de nacimiento, la delegación a la que fue asignado en Argentina y la profesión, aunque se desconoce si los alemanes mencionados ingresaron al país.
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En las cajas también se encontró material suelto o sin clasificar, con fichas nominadas, algunas estampillas y propaganda nazi con fotos y actividades de Adolf Hitler.
Expectativas por el material nazi
Aunque la Corte Suprema y el equipo que revisa las libretas y el material suelto no cerraron ninguna hipótesis sobre el origen del material, cada carnet y propaganda encontrada generó una gran expectativa en la comunidad.
Los elementos podrían ofrecer más detalles sobre el contexto histórico de la Segunda Guerra Mundial y aspectos aún desconocidos como el destino del dinero nazi, las actividades del nazismo en Argentina y la región y sus redes de influencia.
La historia en el hallazgo
Las 12 cajas encontradas, que formaban parte de 83 bultos, fueron enviadas en 1941 desde la embajada de Alemania en Tokio, Japón, que en la Segunda Guerra Mundial formaba parte del Eje, junto a Alemania e Italia. El hallazgo se produjo de manera fortuita durante el proceso de mudanza en la previa de las obras que se desarrollarán en el subsuelo, que pasará a ser el Museo de la Corte Suprema.
El barco que llegó desde Asía, llamado “Nan-a-Maru", entregó el material “de uso personal por la emabajada alemana en Argentina” el 20 de junio de 1941. Sin embargo, la División de Aduanas y Puertos detuvo su ingreso en 1941, considerando que el contenido podría afectar la neutralidad del país frente a los acontecimientos europeos. Desde entonces, permanecieron almacenadas en el subsuelo del edificio hasta su reciente hallazgo.
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Los representantes diplomáticos alemanes solicitaron que les devolvieran los paquetes para reenviarlos a su embajada en Tokio. Los funcionarios nacionales se inclinaron por hacer lugar al pedido, pero la comisión investigadora fue a tribunales para impedirlo ante la presencia de propaganda antidemocrática y lesiva para las naciones aliadas de Argentina en el material ya examinado. Se subrayó que solo se revisaron cajas de manera aleatoria y que, previamente, la embajada alemana también había mentido para ingresar un transmisor radiotelegráfico como correo diplomático.
El juez federal de la Capital Federal Miguel Luciano Jantus ordenó la incautación de las encomiendas el 13 de septiembre de 1941. El magistrado requirió más informes y dispuso el secuestro del material. Tres días después, el 16 de septiembre de 1941, el juez remitió la causa a la Corte Suprema, al tratarse de un asunto que involucraba directamente a un país extranjero y, por lo tanto, de competencia originaria del máximo tribunal.
El 26 de diciembre de 2024, a través de la resolución 3703, con la firma de los jueces Rosatti, Carlos Rosenkrantz y Juan Carlos Maqueda, la Corte Suprema autorizó aprobó la firma de un convenio de cooperación y colaboración con la Asociación de Abogados Judíos de la República Argentina y la Fundación Memoria del Holocausto, con el objetivo de “desarrollar y promover de manera conjunta actividades de cooperación, de capacitación, de investigación y de difusión”. La firma tuvo lugar el 25 de marzo último. En ese marco, el Museo del Holocausto fue convocado a trabajar en la investigación del material hallado y su relevancia histórica.