Resulta dantesco el espectáculo de los interminables fuegos isleños, cada vez más visibles desde la costa de Rosario a la caída del sol. Lo cierto es que día a día un grupo de delincuentes vinculado al negocio agrícola sigue destruyendo el ecosistema, vale decir, nuestra propia vida y la de otros seres vivos. ¿Tanto cuesta identificar a los principales beneficiarios del incendio? ¿Quién va a hacerse responsable de semejante ecocidio? ¿De qué sirve seguir hablando de futuro si semejante conducta antisocial no es severamente corregida y sancionada? El silencio de los políticos a uno y otro lado del río se parece cada vez más a la complicidad.


























