El pasado miércoles, la señorita Adriana García Leis nos ha invitado en su carta de lectores a todos quienes defendemos la vida de los niños por nacer a que "lleven a sus domicilios a vivir con ellos a todos los menores que pueden a diario encontrar en las esquinas céntricas de Rosario pidiendo limosna a cambio de abrir las puertas de los taxis". Esta es una posición ideológica que están poniendo de moda las elites gobernantes actuales, pretendiendo reducir la pobreza no con el esfuerzo de dar trabajo para los desocupados y subocupados sino evitando que los pobres se multipliquen, restringiendo los nacimientos de sus descendientes, ya sea mediante la promoción del aborto libre y sanitario, ya con el ofrecimiento gratuito de la ligadura de trompas y vasectomías, y con la distribución gratuita de drogas para la interrupción de los embarazos y preservativos. Algo que antes sólo se aplicaba a los perros y los gatos, ahora se aplica con gran éxito también para los pobres e indigentes. De esa manera los gobiernos municipales y provinciales, con muy poco gasto y esfuerzo, colaboran con la ciudadanía decente disminuyendo la cantidad de necesitados, que resultan tan molestos y desagradables, sobre todo en la zona céntrica. La simpática lectora nos advierte que se podría dar un paso más para erradicar a los pobres que lograron sobrevivir a todo aquello, poniéndolos a cargo de todo quien demuestre poseer alguna sensibilidad, liberando así las calles de toda presencia molesta, para que los transeúntes puedan disfrutar de las calles más ordenadas y limpias. Seguramente es una idea que gozará de enorme acogida por parte de los funcionarios públicos al servicio del bien común.

























