Se ha comprobado ya el efecto bumerán de los paros agropecuarios. O sea que después del paro, en que lo único logrado hasta ahora es una mayor indiferencia del Estado nacional hacia el campo, todo lo actuado destruyó aún más a este sector, ahora agravado por la sequía como un castigo del cielo. En lugar de programar otro paro agropecuario que sería inoperante, se debería organizar un nuevo partido político llamado "campo en acción" y formar bases en cada pueblo con miras a tener candidatos representativos del sector, porque el Estado nacional sólo presta atención a los votantes que puede seducir y su proyecto es meramente la cantidad de votos que puede acaparar. Cuando el campo se constituya en un poder político con un gran número de votantes, podrá entonces ser respetado.



















