Los argentinos adolecemos de una peculiaridad que suele provocarnos enormes perjuicios: no reaccionamos ante los problemas hasta que ya es demasiado tarde. La tragedia de Cromañón es un caso emblemático, tuvieron que morir casi doscientas personas para que el control de los boliches nocturnos se convirtiera en el foco de atención de todos. Son de público conocimiento los reiterados ataques protagonizados en nuestra ciudad por canes de probada conducta agresiva. La Capital del 25 de septiembre (página 2) formuló esta pregunta: "¿Hasta cuándo se dejará sin sanción a quienes pasean perros de razas peligrosas sin bozal ni correa?". Lamentablemente, no se hace cumplir la ordenanza municipal 7445/2002 que regula la tenencia, control, registro y portación de las especies domésticas de compañía (mascotas). ¿Por qué? Quizás sea acertada la apreciación que mucho tiempo atrás, cuando no se conocían computadoras ni máquinas de escribir, alguien hiciera en el sentido de que la confección de ordenanzas y reglamentos es cuestión de pluma y su ejecución es asunto de calzones (este vocablo solía usarse por pantalón). ¿Habrá que esperar un desenlace fatal para que las autoridades actúen como el sentido común indica? Siempre es tarde cuando se llora.































