Sobre la trillada temática rural, parece que ya se han agotado las locuciones. Sin embargo y con aquiescencia por el discurso, frente al caos reinante, creo que nos estamos aniquilando. Resulta ininteligible que cuando se piden gestos de grandezas, encontremos soberbia y pereza. Será que la grandeza ha quedado en la historia, en los mausoleos, donde duermen preocupados, Belgrano, Alberdi, Moreno y muchos otros que forjaron la patria. Llama la atención que se critique a la Iglesia (que no es santo de mi devoción, valga la redundancia) o al gobernador, cuando piden gestos, diálogo. ¿Pero y entonces qué? Nos armamos, batallamos. Campo y ciudad, obreros y patrones, empresarios y empleados, transportistas y ruralistas, camiones y tractores. ¿Cuál es el precio de una negociación donde nada se negocia? ¿No será el momento de sacrificar retórica y estrechar lazos, buscar coincidencias? Si algo hay que atacar es la ferocidad de la indigencia, acordarnos de nuestros límites. Hay que refundar el noroeste, donde millones de argentinos se mueren de hambre desde hace medio siglo. Hay que ser muy bizarro para terminar con la desigualdad y la iniquidad y arrinconar nuestra propia desventura.


































