Seguimos hablando del conflicto agrario, de las retenciones, de la redistribución, pero de la salud nunca nos ocupamos realmente. La política de salud debiera apuntar a mejorar la condición sociosanitaria de toda la población, creando redes de unidades de salud, abastecidas con personal no precarizado, con carrera sanitaria, con salarios acordes a su capacitación y responsabilidad. La salud no está garantizada para los estratos más bajos de la pirámide social, y esto no puede depender del precio de la soja, como tampoco la construcción de viviendas populares. Son necesidades básicas (al igual que la educación) y la sociedad en su conjunto no debe olvidarlo. Otra salud, ¿será posible? La utopía de una verdadera redistribución de las recaudaciones, con un aumento del presupuesto destinado a salud pública, con mejoras en el estado de hospitales y centros de atención primaria, con políticas de recursos humanos (salarios, desprecarización de los trabajadores, blanqueo salarial, jerarquización) con producción pública de medicamentos de calidad, sigue estando en nuestro objetivo. Que otra salud, sea posible.































