El señor Eduardo Fausto Saigo, en una carta de lectores del 27 de diciembre, calificó como caros
los honorarios de un profesional odontólogo, comparándolos con el precio que por dicho trabajo
presupuesta un mecánico para dentistas. A raíz de ello me puse a pensar que el señor no solamente
desconoce los costos que un consultorio odontológico soporta, sino que también parecería ser que la
pretensión de vivir dignamente del fruto de nuestro ejercicio profesional se ve hoy duramente
cuestionado por el vilipendio que de nuestro honorario profesional se hace. Tal vez si se analizara
el significado honorario se le daría la preponderancia que se merece. Y según su etimología tiene
que ver con honrarse a uno mismo, con la estima, la dignidad de poder vivir con nuestro trabajo
(como todas las profesiones lo hacen), la virtud, el mérito propio y la capacitación profesional.
Todo lo cual hace a la idoneidad y profesionalismo que a la postre redunda en beneficio de la
población a través de una mejor prestación odontológica. El nuestro es un servicio social, y es
cierto que nuestra obligación moral y ética es brindar a la sociedad el mejor servicios posible, lo
cual no significa que debamos hacerlo gratuitamente a nuestras expensas. El honor de nuestro
honorario equivale a una retribución justa por nuestro trabajo, que no solamente es honorable,
también es un derecho inalienable.
Jorge Tamagna,
DNI 1.069.309
N. de la R.: La carta del lector Eduardo Fausto Saigo cuestionaba los honorarios que le pasó
un odontólogo y sostenía que por el mismo trabajo un mecánico dental le había cotizado un
presupuesto mucho más bajo.






























