En el siglo XIX, Sarmiento se veía obligado a defender a los pobres caballos que eran maltratados en la vía pública por sus desaprensivos dueños. Su sensibilidad dio origen a la ley de protección a los animales, que aún se encuentra en vigencia. Ha pasado mucho tiempo desde entonces y sin embargo en Rosario siguen repitiéndose las mismas dolorosas escenas. Diariamente debemos observar cómo los cirujas castigan a sus caballos, a los que precisamente les deben su sustento económico: animales sin herraduras, algunos en estado de preñez, azotados duramente y tirando de carros sobrecargados. Para colmo de males muchas veces son conducidos por menores. Creo que la Municipalidad debería hacer una campaña de concientización ciudadana y publicar un número teléfónico que podamos utilizar pidiendo ayuda en estos terribles casos. Y lo más importante es que la Intendencia sea firme en su posición y bajo ninguna circunstancia devuelva los caballos incautados en los operativos a sus desalmados torturadores. Así, quizás algún día todos podamos entender que cualquier situación de miseria no justifica ningún tipo de violencia.


























