Un clásico marca, deja huellas. Para bien o para mal. Y es una verdad de perogullo decir que siempre se quiere ganar, pero hay contextos y contextos. Central tenía la obligación moral de hacerlo por lo que representa el clásico en esta ciudad, pero más lo necesitaba para refrendar este muy arranque de año. Porque Central se sacó de encima un partido chivísimo, de esos que quitan físico y cabeza, y sumó tres puntos cruciales para sellar a fuego el protagonismo que, al menos hasta aquí, supo conseguir.
Ahí está el verdadero valor de este triunfazo que metió el renovado Central de Ariel Holan. Claro que hay un valor estrictamente emocional, contra el que nada se puede objetar, pero esa carga emotiva impacta de lleno en ese otro valor numérico, que es el que deberá conducir al equipo a la clasificación a los octavos de final del campeonato.
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Jaminton Campaz marcó el segundo tanto de Central en el Coloso. Fue el gol prácticamente de la sentencia.
Celina Mutti Lovera / La Capital
Central llegaba mucho mejor, pero debía demostrarlo. Central parecía más equipo, pero tenía que trasladarlo al juego. Central era uno de los principales protagonistas en su zona, pero estaba en la obligación de no sacar el pie del acelerador. Hizo todo eso. Y quizá un poco más.
Es que a esta escalada en la tabla de posiciones se le suma, ahí sí, el envión anímico que tendrá de aquí en más para afrontar lo que viene, sabiendo que tiene partidos tremendos por delante, pero que ya se sacó de encima uno de los más importantes.
¿Cómo lo consiguió Central?
¿Cómo consiguió este nuevo triunfo en el clásico? Es lo de menos. Al hincha de Central le hubiese encantado ganar por una diferencia mayor, con goles de otro tipo de hechura, pero los festejos de pelota parada (ambos fueron de esa forma) valieron lo mismo. Valieron ni más ni menos que un triunfo.
Central está en momento dulce. Venía de muy buenos resultados y tenía la obligación de hacer lo suyo. Fue un triunfazo el que metió, para potenciar la emoción y el protagonismo.