Frente a la obligación, la acción. Central saltó al césped del Gigante sabiendo que el único refugio que podía hallar para mantener viva la ilusión en esta Copa Libertadores era un triunfo, que otra cosa lo pondría en una situación de extrema incomodidad y ¿qué hizo el canalla?: lo que debía. Metió un triunfo bastante cómodo (4-1) ante este humilde Caracas que lo reposiciona, pero sobre todo lo revitaliza. Es que con este tremendo envión encarará no sólo la previa, sino los 90 minutos de altísima tensión que se vivirán en el Campeón del Siglo, frente a un Peñarol, al que también le deberá ganar para lograr el pasaje a octavos de final. Pero como sin Caracas no había Peñarol, este pedazo de historia que se escribió en Arroyito fue gigante.
No logró nada todavía el equipo de Miguel Angel Russo, pero en paralelo logró un montón. Logró despojarse de la pereza que hace rato lo venía acompañando, con una victoria que debía abrazar de la forma que fuera, jugando bien, regular o mal.
Pero lo más importante, logró la bocanada de aire necesaria como para trabajar durante dos semanas sabiendo que tiene una chance más para sellar el pasaporte y hacerse un lugar entre los 16 mejores en el torneo internacional por excelencia.
El primer gran signo de la búsqueda de ese triunfo necesario lo dio Russo, con el equipo que puso en cancha, con muchos jugadores de buen pie. Y fueron ellos los que coquetearon con el nerviosismo y la impaciencia, pero que desde el arranque marcaron supremacía. Por allí sin tanto juego, las jugadas y acciones de gol aparecieron y Central rápidamente mereció ponerse en ventaja.
Una pirueta de Módica tras el centro de Malcorra, el remate defectuoso del centrodelantero luego de que Fariñez no pudiera contener el disparo de Lovera y uno en el travesaño de Lovera fueron esas claras que tuvo el canalla.
Pero hasta ahí no había entrado ninguna y la impaciencia estaba ahí, al acecho. Y si la cosa no se complicó fue por esa tremenda tapada de Fatura Broun tras el zurdazo cruzado de Pernía. Fue el momento en el que corrió un escalofrío por la espalda de todos los hinchas.
El golazo de Lovera que descomprimió a Central
Pero llegó el quiebre en el partido. La falta sobre Jonatan Gómez y el tiro libre magistral, al ángulo, de Lovera, hasta allí el mejor de la cancha. La seña de Russo fue clara, moviendo ambos brazos hacia adelante y repitiendo “igual, igual”. Quería que su equipo no se conformara.
Sus jugadores le hicieron caso y Central fue una y otra vez más. Caramelo Martínez exigió a Fariñez con un remate desde afuera del área y en el cierre de ese primer tiempo, tras un buen toqueteo, de los necesarios, entre Campaz y Malcorra, que finalizó con el centro bajo del colombiano y el remate de Mallo contra el palo izquierdo. Una ida a los vestuarios con la calma imaginada en la previa.
¿Qué fue lo mejor que podía hacer Central? No dejarle el más mínimo resquicio a Caracas para que en una pelota perdida pudiera meterse en partido y de esa forma instalar algún tipo de dudas. Y no le llevó demasiado tiempo. Porque a los 12’ del complemento apareció ese tiro libre desde la derecha que Lovera metió con rosca, la rozó un jugador venezolano y el balón llegó al segundo palo, donde atropelló Módica para desatar el delirio.
“Somos campeones, ahora vamos por la Libertadores”, estalló el Gigante. En las tribunas también ya advertían de que la cosa estaba juzgada y que ya era tiempo de pensar en Peñarol más que en Caracas.
Lo que vino de ahí en más fue un resguardo de la maquinaria futbolística, sobre todo lo que tenía que ver con el físico. Igual, con un Malcorra más conectado el equipo fue por algo más y de hecho pudo hacer que la diferencia fuera mayor. Es que Campaz lo tuvo en un par de ocasiones, pero no pudo terminarla como quería.
Y cuando todo iba camino al 3-0 Caracas metió un pequeño golpe sobre la mesa, con ese remate cruzado de Echenique, pero nada que complicara la cosa. Quedaban apenas cinco y la respuesta de Central fue con el cuarto, obra de Francesco Lo Celso. Ahí sí, historia terminada, calma, pero sobre todo alegría.
Una pena que Central no haya podido hacer un partido de este tipo frente a un rival de una endeblez llamativa allá en Venezuela ni tampoco algo más productivo contra Mineiro, pero es lo que le tocó vivir a este equipo de Russo que tenía muy en claro que era triunfo o nada. Y fue triunfo nomás, acompañado de una goleada que también es un detalle en sí misma. Hay vida canalla en la Copa Libertadores. Hay un por qué para viajar a Uruguay a bordo de la ilusión.