Si algo caracterizó a Newell’s durante la etapa que se mantuvo invicto en el torneo fue la solidez defensiva. Llegaba poco al arco contrario y aprovechaba al máximo las contadas ocasiones que generaba y con eso le alcanzaba para ganar, sustentado en una marcación rigurosa. Era líder de la Liga Profesional y hasta llegó a ubicarse al frente de la tabla anual. El dispositivo táctico que utilizó durante gran parte de esa etapa priorizó hacerse fuerte desde atrás, con resultados positivos, hasta que la caída con Central derivó en un cambio de esquema que no dio frutos, aunque Javier Sanguinetti considera que el equipo mejoró. La sucesión de derrotas encienden las luces de alerta de un conjunto que, ante la mínima circunstancia adversa, queda de rodillas.
El último traspié rojinegro fue con un Atlético Tucumán que jugó a lo que hacía Newell’s hasta pocas fechas atrás. Esperaba agazapado y cerraba las líneas hacia atrás, soltándose más a partir del segundo tiempo. En Tucumán, la lepra fue a buscarlo desde el comienzo y presionó alto. Tuvo una mayor tenencia del balón, aunque muy poco productiva, con la impericia de costumbre para generar fútbol, Pablo Pérez y Juan Sforza aportaron poco juego, Armando Méndez y Martín Luciano subieron rara vez con eficacia, Panchito González y Ramiro Sordo no fueron desequilibrantes en el uno contra uno y Juan Manuel García anduvo peleado con la pelota.
Ni Guillermo Balzi, Genaro Rossi, Juan Garro, quienes ingresaron desde el banco, no consiguieron darle un vuelco al flojo desempeño ofensivo. Tampoco Djorkaeff Reasco. Ante tanta anemia futbolística, la esperanza se deposita en lo que puede llegar a dar Cristian Ferreira, aunque por el momento es una incógnita cuál es su nivel y cuándo es que jugará. Se está recuperando de una lesión que sufrió en sus pocos minutos en la lepra, contra Patronato.
La falta de peso de mitad de cancha hacia adelante ya es una constante. Pero se profundizó en los últimos cuatro partidos, lapso en el que convirtió apenas un gol, el de Garro en la derrota con Defensa y Justicia por 2 a 1. La poca creación y escasa efectividad son temas pendientes a corregir. A lo que se le agregaron los errores defensivos, con un sistema que no ayudó.
El trío del fondo
El dibujo 4-3-3 de las primeras tres fechas le sirvió para vencer a Banfield (2-1) y Talleres (1-0), aparte del empate con San Lorenzo (0-0). Pero Sanguinetti había tomado nota de cómo padeció la posesión que ejerció Argentinos en el torneo pasado, cuando perdió por 3 a 0, y para recibirlo en el Coloso alteró el dibujo. Mandó a tres zagueros al fondo, con Gustavo Velázquez, Facundo Mansilla (Cristian Lema estaba lesionado) y Willer Ditta. Julián Fernández y Juan Sforza se repartieron la franja central, con Armando Méndez y Leonel Vangioni (luego Campagnaro y Martín Luciano) sobre los laterales. La línea de ataque tuvo a Panchito González, Juanchón García y Sordo.
Newell’s ganó así al bicho por 1 a 0 y lo repitió en la victoria sobre Estudiantes por 2 a 0 en La Plata. Newell’s cerraba espacios hacia atrás y el arco, hasta entonces ocupado por Macagno, estaba blindado. Lema sobresalía. Rodeado por sus compañeros, sacaba a destajo de arriba y de abajo. Es cierto que después la lepra tuvo algunos desaciertos en el 2 a 2 con Patronato luego de estar 2 a 0. Pero en las siguientes presentaciones, ante Platense (1-1) y Racing (0-0), el 3-4-3 le dio seguridad a la última línea, con Franco Herrera de arquero desde el partido con el equipo de Avellaneda.
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Sanguinetti mantuvo a los tres zagueros un partido más, contra Central en el Gigante (0-1), ahora con Pablo Pérez de titular, conformando un medio con cinco futbolistas y dos atacantes. La derrota detonó por los aires el sistema y se retornó al 4-3-3. El entrenador decidió que era el momento de una postura más ambiciosa, ejerciendo la posesión del balón. Esto último lo consiguió, tanto frente a Defensa y Justicia (1-2) como ante Atlético Tucumán (0-2). Pero de nada le sirvió, por la inoperancia en campo rival, ya sea porque elaboró poco y, principalmente, porque le costó horrores hacer un gol.
Y, lo que es peor. Newell’s se volvió vulnerable. El sólido funcionamiento defensivo quedó en el pasado. Dilapidó su principal virtud con una táctica que le resulta contraproducente. Había sabido disimular esas falencias y ahora, con otro dibujo, quedaron al desnudo. Algo tiene que cambiar para frenar la caída.