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Domingo 15 de Mayo de 2016

Un aire colérico

Un hogar en ruinas, arrasado por la catástrofe; un refugio que se ha vuelto intemperie: una casa de viento es un oxímoron. Esa falta de contención, de límites, alude al despliegue imaginativo de la poesía de Ortiz...

Un hogar en ruinas, arrasado por la catástrofe; un refugio que se ha vuelto intemperie: una casa de viento es un oxímoron. Esa falta de contención, de límites, alude al despliegue imaginativo de la poesía de Ortiz, que asocia sin esfuerzo situaciones cotidianas o referencias autobiográficas con asteroides y galaxias, lo que les da un inusual aire de ciencia ficción a muchos de sus poemas —sin duda motivado por esa propensión exploratoria de los límites— y que comunica al sujeto poético con su dimensión cósmica: "No vi fantasmas ni espectros/ espíritus goteando luz;/ no el universo/ su cavidad intensa/ la suma de galaxias.// La flor bordó leía tu mensaje/ bordeaba la forma de una gasa/ —líquida—/ abolía el tiempo / la forma del espacio". Cósmica e irónica. Un humor sombrío tiñe con frecuencia las referencias al Ganges satelital, hologramas, cintas de Moebius, cyber redes romboidales, haces lumínicos, derivas del neón: "Bastará un click tecnológico y el pueblo/ jamás será vencido".

Una casa de viento nos irradia con su ambigüedad: lo que es se vuelve un hacer, la quietud es trocada por nuestro dinamismo imaginario. Se trata de la caza del viento, de la captura del aire colérico: "La luz/ decrecida/ ventila vidrios rotos// vuelos quebradizos". El libro alude a esos "vínculos de vértigo", al "peso de monzones y ciclones", movimientos del cosmos de la tempestad en los que se manifiesta el aire violento, la cólera cósmica ("sopla un viento lunar dobla/ los pasillos de la noche"). El viento violento se vuelve símbolo de la cólera pura, sin objeto, sin pretexto, y descubre la furia elemental de todo movimiento. El viento amenaza y ulula, pero solo toma forma cuando encuentra polvo: visible, se convierte en una triste miseria.

La poesía de Ortiz explora esa mirada melancólica que anida en todo augurio: "Acertijo para la adivinadora/ el color disloca/ el color marea". La casa es a un tiempo templo ruinoso del pasado, tierra fértil para la memoria y cifra de "lo que vendrá". Todo eso estaba allí, ante nuestros ojos, y no lo sabíamos hasta dar con un libro llamado Casa de viento.

Diego Colomba

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