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Sábado 12 de Mayo de 2012

Saladillo y el barro del Tercer Mundo

Santiago Mac Guire es el nombre que orgullosa lleva la biblioteca de la escuelita Itatí. Fue quien fundó la primaria para los pibes del lugar, además de dejar una profunda huella por su trabajo social en el Bajo Saladillo.

Santiago Mac Guire es el nombre que orgullosa lleva la biblioteca de la escuelita Itatí. Fue quien fundó la primaria para los pibes del lugar, además de dejar una profunda huella por su trabajo social en el Bajo Saladillo.

Filósofo, teólogo y conocedor de lenguas clásicas, Mac Guire fue en los 60 el cura párroco de la iglesia Nuestra Señora de Itatí. Por cerca de ocho años desarrolló allí una intensa labor pastoral, al calor de los nuevos tiempos que corrían en la Iglesia Latinoamericana posconciliar. Fue de esos curas tercermundistas que entendieron que había que meter los pies en el barro para caminar a la par de los trabajadores y los más necesitados del sur rosarino. Pero incomodaba su accionar, que ponía en evidencia la relación de la cúpula eclesial con las dictaduras de turno y su negativa a abrazar los vientos de cambio.

Por estos motivos fue que una noche de 1971 fue llevado a prisión junto a otros curas comprometidos como Juan Carlos Arroyo, José María Ferrari y Néstor García. Y más tarde, y con una veintena de sacerdotes, fue desplazado de la capillita por el entonces arzobispo de Rosario, Monseñor Bolatti, y reemplazado por Eugenio Zitelli, el elegido para desmantelar esa formidable pastoral social que era una red de contención y trabajo solidario en el sur de la ciudad.

Con Zitelli volvería a encontrarse años después, ya siendo un ex sacerdote, cuando a lo largo de seis años soportó la cárcel de la dictadura. Zitelli era entonces capellán del Servicio de Informaciones de la Policía de Feced y Díaz Bessone, donde miles fueron torturados. "¿Y cómo anda?", contó Mac Guire que le preguntó muy suelto de cuerpo el capellán, en los rincones de uno de los de los centros clandestinos de Rosario.

Fue profesor de secundaria y secretario de extensión en Filosofía y Letras entre el 73 y el 75. Un par de años antes de su muerte plasmó en uno de sus libros una síntesis de sus convicciones, cuando publicó la "Carta a algún obispo" escrita estando en la cárcel. Allí expresó: "No es en las consideraciones teológicas, ni usufructuando frases bíblicas que restableceremos la justicia en el mundo. Pero sí mirando al hombre, objeto de la redención de Cristo. Al hombre integral. A ese de la opción preferencial por los pobres".

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