Educación
Sábado 15 de Julio de 2017

"La agroecología no es hacer la huertita"

El ingeniero agrónomo Walter Pengue considera viable un modelo productivo agroecológico

Ante los preocupantes impactos de la agricultura industrial, el ingeniero agrónomo Walter Pengue considera viable implementar un modelo productivo agroecológico en beneficio de la población, los productores y el ambiente. Con un largo y reconocido camino transitado en la temática, Pengue, investigador docente de la Universidad Nacional de General sarmiento (Ungs) y recientemente designado miembro de la Academia Argentina de Ciencias del Ambiente, habla sobre las políticas públicas en la materia, el problema de la tierra y la necesidad de un reordenamiento territorial participativo del país. En una extensa entrevista para el portal Argentina Investiga, el experto destaca como experiencia a tener en cuenta el Programa de Agricultura Urbana de Rosario, que permite producir alimentos con técnicas ecológicas.

Entre otras consideraciones, Pengue advierte que "desde los organismos internacionales se habla de agroecología porque está de moda. Lo hace hasta la FAO, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. Pero desde el punto de vista de la política argentina, lo único que ven y parece que necesitan es más soja. La quita de las retenciones a la producción de los cultivos extensivos es eso: ampliar o afianzar la frontera agropecuaria".

Modelo alternativo

Distintas ciudades del mundo y muchos pueblos y ciudades de la Argentina enfrentan hoy el problema de los altos niveles de contaminación, vinculados con la expansión de la agricultura industrial y el uso de agroquímicos que afectan el ambiente y la salud de las personas. Hasta el momento, las respuestas en la Argentina vinieron por el lado de la prohibición de fumigar a cierta distancia de las viviendas. El ingeniero agrónomo Walter Pengue, investigador docente del área de Ecología del Instituto del Conurbano de la UNGS, propone —desde hace décadas— la producción agroecológica como modelo alternativo.

—¿Cómo reducir los impactos de la agricultura industrial? ¿Es una solución prohibir fumigar a cierta distancia de las viviendas?

—Hasta ahora no está determinada científicamente una distancia específica, porque cada lugar es distinto y depende de factores climáticos, tipo de producto y manejo. En la provincia de Buenos Aires, los legisladores tratan un proyecto para que el límite para fumigar pase de varios cientos de metros de las viviendas a sólo diez. Una barbaridad, que sólo beneficia a los lobbies empresariales de la agroindustria. Si lo permiten, que se hagan cargo de las muertes. El aumento de las enfermedades es creciente, la carga de químicos también. No digo que se prohíba la producción: debe buscarse una alternativa viable y beneficiosa para todos, en especial en la interfase urbano-rural. Los agricultores que viven en los bordes de ciudades están en pésimas condiciones porque les prohíben fumigar, lo que implica que prácticamente les prohíben producir. La decisión política fue prohibir, pero la presión de los lobbies es enorme. Queremos que se implemente otro tipo de producción. Ni invernáculos, que implican usar muchos agroquímicos, ni buenas prácticas agrícolas, que no resuelven el problema. Proponemos, para los pueblos y ciudades de la Argentina, un Escudo Verde Agroecológico. Así habrá productores, consumidores, ciudadanos y ambientes sanos. Todos ganan. Nadie pierde.

"Hoy los mismos estudiantes y los propios docentes que investigan demandan más formación en agroecología"

—¿Qué papel cumplen en esta tarea las universidades?

—Las universidades son el ámbito más adecuado para impulsar este tipo de cuestiones con independencia y desde ahí lograr que las instituciones técnicas del país, el Inta, el Inti, los organismos provinciales, tomen cartas en el asunto desde un punto de vista adecuado. Hasta ahora no lo hacen de forma completa. El camino es la agroecología, y para eso están los ingenieros agrónomos, o los estudiantes de ecología, de agronomía y de las carreras vinculadas, para formar a los agricultores o guiarlos en otros caminos de producción, pero bajo una mirada pluridisciplinar y no sesgada por la productividad unitaria de un cultivo. La agroecología implica en forma directa el manejo de la agrobiodiversidad y de la producción diversificada de alimentos, distintos, necesarios, nutritivos en el tiempo.

—¿Creció la oferta formativa en el área?

—En la UNGS tenemos hace muy poco la materia agroecología, incorporada a la licenciatura en ecología. Los que siguen la orientación de gestión de recursos naturales la cursan como materia obligatoria. En otras universidades, agroecología forma parte de la carrera para ingenieros agrónomos, como sucede en La Plata. La UBA está en deuda con eso, pero se abren algunas líneas. Se abrió una fisura en el sistema: hoy los mismos estudiantes y los propios docentes que investigan demandan más formación en agroecología e investigación. No tenemos la cantidad de gente necesaria, y la demanda es altísima. Y hoy lo que pasa es que, por suerte, también hay mucho por mostrar. La agroecología ya no es "la huertita": es hacer agricultura —incluso extensiva— de un modo totalmente distinto. Es hacer verdadera agricultura.

La experiencia rosarina

Pengue da dos ejemplos. Uno, el Programa de Agricultura Urbana (PAU) de Rosario, iniciativa reconocida internacionalmente que permite producir alimentos con técnicas ecológicas, tanto para el consumo familiar y comunitario como para el mercado. Con apoyo del municipio, se ponen en pie huertas urbanas en áreas de borde, incluso basurales. "Todo lo que producen se consume, y además le agregan valor, porque generan otros productos", se entusiasma el especialista. "La agroecología funciona, el tema es que haya políticas. Ni siquiera que apoyen: simplemente que los dejen hacer. No la van a encontrar produciendo industrialmente, porque las personas no quieren ser más fumigadas". El otro ejemplo es la Semana de la Agroecología Extensiva, que se realizó a fines de 2016, donde se mostraron prácticas de producción agroecológica a nivel extensivo: "Estamos hablando de superficies importantes. Ya no de «la huerta», sino de soja, maíz, trigo. ¿Esto es significativo frente a los millones de hectáreas que tiene el país? Y... no: todavía no. Lo que sí sabemos es que el camino de la agroecología es un camino de avance, está creciendo", afirma Pengue.

Un gran ejemplo, por su impacto y capacidad pionera, fue el Programa Prohuerta que, liderado por el ingeniero agrónomo Daniel Díaz, promovió procesos de producción agroecológica de forma masiva en la Argentina. Díaz y un gran equipo de agrónomos, promotores y huerteros fueron la semilla que hoy muestra que en la Argentina, frente a situaciones dramáticas, se puede. En la crisis del 2001 fue el Prohuerta el que le dio de comer a millones de argentinos, como bien destacó el reconocido agroecólogo Miguel Altieri. Hoy, ese ejemplo es ícono mundial para los sistemas de autoproducción de alimentos.

Fuente: Analía Fasoletti (UNGS) / para Argentina Investiga.


"No vaciamos el campo, sino a la Argentina"

¿Cómo hacer para acercar a las personas al campo? "Primero, los jóvenes se van porque no les ofrecemos nada. Segundo, para producir soja no se necesita más gente, sino menos. Si comparamos dos producciones sencillas: la sojera y la lechería, necesitamos diez personas para la leche y una para la soja. Si decidimos hacer soja, que es lo que decidió el país, no necesitamos gente en el campo. Y aquí tenemos el resultado. La primera forma de postular una vuelta al campo es diversificar la producción y fomentar parte de este proceso vinculado con la seguridad alimentaria de la región, que es lo que se está perdiendo. No olvidemos que Argentina es signataria del compromiso mundial de las Metas del Desarrollo Sostenible 2015-2030, cuyos puntos 1 y 2 son el Fin de la Pobreza y el Fin del Hambre. Así no va. Para eso necesitamos políticas activas. Y otra cosa: la gente se va a la ciudad porque está buscando más servicios culturales y laborales que los que tiene en el campo. No le podemos pedir a un hombre que se quede en el campo sin agua, sin energía eléctrica, sin nada. No vaciamos al campo, sino a la Argentina, y esto es grave también desde el punto de vista de la geopolítica", responde el ingeniero Walter Pengue.

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