Ovación
Lunes 13 de Junio de 2016

Chicos que quieren ser grandes

Félix Banega, Maxi Lovera y Ezequiel Rodríguez, tres de los juveniles de Central que debutaron en la primera del Chacho

Todavía contestan los llamados sin que se les insista demasiado. Todavía unos minutos de un partido para ellos son una vida. No viven del fútbol, pero sueñan con trabajar de futbolistas y todavía ven a sus compañeros como semidioses, aunque con algunos compartan la misma edad. Son los jugadores juveniles de Central que debutaron este año en primera. Ovación habló con ellos: Félix Tiki Banega, volante mixto y capitán de reserva, de 19 años; Maxi Lovera, delantero, de 17 años, y Ezequiel Tanque Rodríguez, un 9 de 20 años. Se los suele bautizar como "jóvenes promesas". Y algo de eso hay: porque cuando se les pregunta qué desean a partir de ese primer gran paso se prometen ir por más. Sueñan con que los minutos se transformen en todo un tiempo, el tiempo en dos, y la suplencia en titularidad. Para estos futbolistas, por ahora, la mayor de las metas es aferrarse con uñas y dientes a la máxima categoría del club. Y hacia allí van. Chicos que pintan para grandes.

Desde que llegó a la conducción técnica de Central, Eduardo Chacho Coudet promovió a siete juveniles que debutaron en primera. Maximiliano González, Ijiel Protti. Giovani Lo Celso, Joaquín Pereyra y el trío que protagoniza esta nota. De ellos, tanto Banega como Rodríguez fueron campeones junto a Giovani Lo Celso en la 9ª y en la 6ª, en 2010 y 2013 respectivamente.

Juntarlos para una foto fue imposible. No por falta de voluntad sino porque Tiki está de receso y de vacaciones; Maxi va a la escuela (el formoseño cursa el quinto año en la 330 de Granadero Baigorria) y el Tanque trabaja en la agencia de Lotería familiar de Funes, donde vive. Se los contacta por wasap y contestan rápido y sin divismo. Y como todos los pibes a esa edad, entablan un diálogo amistoso y sin distancias: "¿Podés mandarme algunas fotos tuyas por mail?", le propuso este diario a Lovera. "Ok. Haceme acordar más tarde porque ahora voy a la escuela y me olvido", respondió.

Maximiliano nació en Laguna Blanca, a 200 kilómetros de la capital formoseña. Jugaba para Atlético Laguna Blanca, el equipo verdiblanco que se cruza en el clásico con el Club 8 de Diciembre, un partido aguerrido que el triunfador celebra en caravana por el centro de la ciudad. "Empecé ahí a los 6 años porque el entrenador era mi papá. En Formosa jugaba de volante por derecha. Me probé en Boca, jugué en Tiro Federal y a los meses pasé a Central. Acá me transformé en enganche", señaló. Pero el puesto no sería lo único que cambiaría en su migración a Rosario hace cinco años. El tradicional Maxi se transformó en Lover y en Pulguita (porque sus compañeros dicen que es parecido a Luis Pulga Rodríguez, de Atlético Tucumán). Y además, allá la familia era de Boca y de Atlético: acá comenzó a hacerse canalla. "Todos nos jugamos por el fútbol: conmigo vinieron mi padres (Cristian y Ana) y mis hermanos", dijo con marcada tonada de otros pagos.

De los tres es el que más minutos acumula en primera división. Entró en los quince minutos finales contra Gimnasia (el 2 de mayo, cuando Central perdió 1 a 0) e ingresó, dijo, "a los 20 minutos y algo, del segundo tiempo" contra Quilmes (el partido se jugó el 15 de mayo y terminó 1 a 1).

"Me llamó el Chacho y me dijo: ¿Te animás a ir al banco de la primera? Lo miré sorprendido y claro que le dije que sí". Entró por el Chelito Delgado y por Hernán Da Campo, en cada caso. Dicen que en ambas oportunidades se movió como un wing de los de antes, de los que desbordan por afuera y mete centros a la carrera, en el área. Se animó y dice que ya se siente seguro para seguir probando. Al punto que confió: "Le tengo más miedo a rendir una materia en el cole que entrar al Gigante a jugar con la primera".

El Tiki y el Tanque. ¿Hola, está Félix?, fue la pregunta telefónica de Ovación a casa de los Banega, en barrio Triángulo. "¿Félix padre o Félix hijo?", respondió la madre de la familia. ¿Un consejo? Mejor preguntar por "el Tiki" si se quiere contactar al jugador auriazul; cuarto hijo de cinco hermanos y apodado así por las dificultades de sus antecesores al querer pronunciar las cinco letras de su nombre.

"Para mí es tan común aclarar que soy Félix hijo como que no tengo nada que ver con Ever Banega. Cuando me preguntan me río y respondo que el Banega de la selección es de Newell's y yo soy de Central", dijo el volante, de padre leproso y madre canalla, ambos al frente de una carnicería.

Tiki es figura de reserva. Entrenó con la primera cuando el técnico era Miguel Angel Russo y ahora también con el Chacho, quien lo llevó a la pretemporada. Ya firmó su primer contrato profesional que lo vincula al club de Arroyito hasta junio de 2018. "Lo que gano me alcanza para mis gastos y le saco un peso de encima a mi familia, que hizo tantos esfuerzos por mí", dijo quien debutó con el 14 en la camiseta.

"Entré contra Quilmes a los 29 minutos del segundo tiempo, en lugar de Cristian Villagra. Me sentí muy bien. Me acordé de mi abuelo, que era de Central como mi mamá". Dijo que previo a ese momento se acordó de la intensidad de los entrenamientos del Chacho; de las palabras del preparador físico (Ernesto Colman): "Nunca mucho costó poco". Y de las de tranquilidad que les transmitieron con sus palabras Marcelo Larrondo y Javier Pinola. Un dato no menor, porque eso no es el fuerte del Tiki. Una anécdota lo pinta de cuerpo y alma. No hay muchos jugadores que hayan sido expulsados de un partido contra un equipo de su mismo club, sin embargo el Tiki goza de ese privilegio. "Jugaban Central A contra Central B en la sexta división, peleábamos el campeonato con el A y nos ganó el B, me enojé y me echaron. Pero bueno, eso ya es parte del pasado", aseguró.

Y para el Tanque Rodríguez la gloria también se mide en minutos y la retrata al recordar su debut: "Entré a los 8' del segundo tiempo, no esperaba jugar tantos minutos. Garcé me marcó el tema de la pelota parada y el Chacho me pidió que me meta entre los centrales y colabore con (Ijiel) Protti", contó. Y dijo que en ese momento de alegría no se olvidó del club San Telmo de Funes y de la Academia Griffa, donde aprendió las primeras gambetas. "Este año para mí fue muy bueno, se me cumplió lo que pedí como deseo a fin de año: lograr la titularidad en reserva y que me prueben en primera. Cuando me avisaron que concentraría e iría al banco le mandé emocionado un mensajito a mi hermana por el celular y guardé la sorpresa para mis viejos. En el partido, el Chino me hizo la seña, entré por Joaquín Pereyra. Me tenía confianza y conté con el apoyo del cuerpo técnico y los compañeros que me alentaron", dijo el Tanque antes de rescatar a dos ídolos de su equipo, Marco Ruben y Lo Celso. A Ruben porque "es un jugadorazo" y a Giovani porque es su amigo y dice que "siempre se destacó y tuvo perfil bajo".

Pero no todo quedó ahí. Sumó a tres nombres más porque según él convirtieron su estreno en primera en un hecho "imborrable": Pinola, Larrondo y Coudet.

"Javier y Marcelo se aparecieron con la tijera en la habitación y nos raparon al Tiki y a mí como bautismo, imposible olvidarlo, aún tengo el pelo corto. Y el Chacho, que me haya dado una oportunidad, que me haya abrazado y deseado suerte: son cosas que no se me borran más".

Cuando Ezequiel era chiquito atajaba, ahora juega de 9. Pero dicen que si le piden que se ponga la 1 y vaya al arco, va. Por eso le dicen Tanque. Porque es inmenso y encara. Al igual que Maxi y Tiki: como los que sueñan ser grandes.

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