Mariana Wenger filma poesía. Poner la cámara en dos deportistas de la Costa Atlántica con capacidades especiales que salen a surfear en medio del mar y que además ganan competencias internacionales es filmar poesía.
Por Pedro Squillaci
Maxi Shada
Dejan huella. Georgina Melatini y Pablo Martínez, en una imagen del filme “Surfeando el cielo”, de Mariana Wenger.
Mariana Wenger filma poesía. Poner la cámara en dos deportistas de la Costa Atlántica con capacidades especiales que salen a surfear en medio del mar y que además ganan competencias internacionales es filmar poesía.
La cineasta local que brilló con documentales como “Cine Negro”, sobre Roberto Fontanarrosa, y que tiene una larga trayectoria y distinciones de este lado y del otro lado del mundo, está en pleno rodaje de “Surfeando el cielo”, que es un pedazo de las historias de vida de Georgina Melatini y Pablo Martínez, campeones de surf adaptado de Sudamérica y Latinoamérica. “La poesía rige esta historia. Una vez le dije a Georgina y Pablo que ellos son pura poesía”, indicó Wenger en diálogo con este diario.
Ella está en silla de ruedas, él es ciego desde los cinco años. Pero nada los detiene. Es más, el mar los invita a que jueguen el juego que mejor juegan y que más les gusta, parafraseando a Serrat. Rodada en Mar del Plata; Mar Chiquita -donde Georgina creó la primera escuela de surf adaptado en la Argentina- y Villa Gesell, “Surfeando el cielo” tiene previsto estrenarse antes de fin de año y es un documental basado en testimonios de Pablo y Georgina, pero también de figuras como Cachito Vigil, ex entrenador de Las Leonas, más la voz de Eduardo Galeano y la música de Julia Zenko, Liliana Vitale, Nahuel Pennisi y la rosarina Silvina Gandini.
Mariana es la madre de este proyecto, pero cada vez que habla de la película resaltará el “trabajo de equipo”. Y hay equipo de sobra, más para una persona que fue jugadora de hockey y que contó con el aporte de Marisa Brida, ex arquera de Las Leonas, psicóloga y coaching de ambos surfistas; más Leo Marinsalta, Maxi Shada, Juan Cruz Díaz, Franco Scoccimarro en dirección de fotografía, y el enorme aporte de Alejandra Cuenca, madre de Georgina, que se convirtió en una suerte de productora para este proyecto singular, que acuna a varias almas que le pusieron pasión y corazón sin pensar en el bolsillo, una rareza en estos tiempos.
—Hay muchos casos de deportistas con capacidades especiales, pero ¿qué te sedujo particularmente de ellos para rodar “Surfeando el cielo”?
—Yo ya había hecho otros documentales con personas con capacidades especiales, pero de ellos me sedujo la capacidad de resiliencia y el coraje. El surf es un deporte muy complicado para cualquiera y cuando vi un video con Pablo dije «mirá lo que hace este tipo». A mí me encanta el deporte y siempre me encantó la gente que tiene una inteligencia emocional aplicada al deporte, pero al ver a esta chica de 22 años con silla de ruedas y columna bífida y él que es ciego total desde los 5 años, que surfean y llegaron a altos niveles me pareció fabuloso. La gente que tiene esa capacidad de resiliencia siempre me emociona, hagan lo que hagan, sea un pianista o un científico o un deportista de alto rendimiento. Y ellos me conmovieron.
—¿Cómo se hace para hacer un documental sobre capacidades especiales y resiliencia sin rozar el golpe bajo ni lo lacrimógeno?
—Ese es un tema, seguro, esa es una delgada línea roja. Estos chicos atravesaron el dolor, pero Pablo es un chico absolutamente culto y de un humor muy particular, es un tipo que lee filosofía y se toma la vida con mucho disfrute y sabiduría, pero que atravesó el dolor y lo cuenta en la película. Y me resultó muy difícil cuando tuve que preguntar cómo les fue en la escuela, si sufrieron bullying, y lo pude hablar con ellos, y es imposible ser resiliente sin atravesar un dolor, justamente, pero en la película se habla de su coraje y su capacidad para afrontar todo. Ahí se lo que hizo Marisa (Brida), psicóloga y coach de mindfulness, y el trabajo maravilloso que hace con ellos para poder atravesar la ola.
—¿La idea es que “Surfeando el cielo” sirva para ayudar a otros y otras con este mensaje de superación?
—Bueno, esa es la idea, fijate que Cachito Vigil, ex entrenador de Leonas, realizó testimonios para esta película y lo hizo con una calidez y calidad que me conmovió. En un momento les dice “están dejando esta huella”, que es una frase clave en la película, porque ellos van dejando huellas en la arena, porque él la lleva alzada y ellos dejan la huella para los chicos que vienen.
—¿Tenés prevista una fecha de estreno?
—Mi plan es que se estrene primero en televisión y después seguirá otros carriles en festivales de cine, que espero poder estar a la altura, y también pienso en un estreno en salas, pero por ahora tenemos cines cerrados para rato. Esta película ya tiene una invitación para ir a Francia y ganó una distinción de la Fundación From The Heart para ir a Estados Unidos. Pero para mí es una película para tele, a mí me gusta la tele porque me da la posibilidad de que la pueda ver mucha más gente.
—¿Cómo se hace para llegarle a ese televidente?
— Hace un tiempo que estoy trabajando con el documental no tradicional o documental de autor. Creo que es un deber del documentalista entretener al espectador con distintos recursos, ya sean visuales o de relato. Pero el relato es lo que manda, si no es suficientemente atractivo o conmovedor se te cae todo.
—¿Cuál es la veta poética de la película, más allá de la metáfora del título?
—Una vez le dije a los chicos que la poesía rige esta historia. «Ustedes son poesía, son pura poesía», les dije. No se puede creer lo que hacen, es como una poesía visual surfear en el mar como lo hacen ellos.
—De todos modos se surfea en el cielo, como en el título, pero hoy una pandemia te obliga a poner los pies sobre la tierra. ¿Cómo se filma en este contexto?
—Mirá, la mayor parte de esta película se hizo con dirección online porque me tengo que cuidar, algo que ya había hecho, ya que una vez me tocó filmar en México y dirigí de ese modo. Pero a mí esta película me dio mucha fuerza. Yo tengo dos vertientes por las cuales me pude bancar esta pandemia: una es mi abuela judía viajando en un barco escapando de los nazis en la bodega de un barco con mi papá de 7 años. Si mi abuela pudo hacer eso, yo tengo que poder hacer cualquier cosa. Y la otra vertiente es levantarme y encontrarme todos los días con la fiesta de un rodaje. Eso hasta me hizo sentir culpa por poder hacer eso cuando tanta gente sufre todos los días y no puede ni siquiera trabajar. En medio de todo esto, creo que Georgina y Pablo, con su capacidad de resiliencia, me dan una fuerza esencial para seguir todos los días.


