La voz de ultratumba se cuela en una ciudad húmeda y gris que tiene mucho de claustrofobia. Es Rubén Busi cantando “Entre las sombras, agazapado, que alguien se cruce, espero”, en “Seis lagañas”. De fondo suenan guitarras furiosas, que llegan para armar una melodía, pero también para quebrar. Ese es el contexto de “Cruje”, el nuevo lanzamiento de Vuzzy, el proyecto liderado por Busi, en voz y guitarra criolla, bien secundado por Andrés “Polaco” Abramowski, en guitarras y coros más Martín Ledesma en percusión. En diálogo con Escenario, Busi habló de la esencia de este disco de 12 canciones que ya está disponible en Spotify, que coprodujo con el insustituible Negrito Ojeda, y del disfrute de ser “raros bichos que tocan canciones punk asordinadas”.
—¿Por qué “Cruje” es el título del disco?¿Qué te cruje a la hora de crear canciones?
—Vuzzy es una banda y “Cruje” nuestro primer disco. Somos un trío crujiente y yo aporto canciones que crujen, por el tiempo, porque se mueven, por la humedad, por los pasillos, por el oleaje, por el grito, canciones recién hechas, con cositas crujientes, para ser mordidas, masticadas. Y cuando uno está haciendo una canción cruje el cosmos ínfimo que llevamos adentro.
—El formato de trío de guitarras le da una estética de autor muy personal ¿Qué buscaste a través de ese sonido, entre despojado y a la vez salvaje y a veces furioso?
—Somos una banda donde el Polaco Abramowski toca la guitarra eléctrica, yo la de nylon y Martín Ledesma la percusión. No tenemos bajo. Y tratamos de hacer canciones enmarcadas en el rock. Esa textura de audio se vuelve por lo menos fuera de lo habitual, sumale las canciones, el cómo, y entonces se singularizan, son lo que suenan y se pasean por los distintos climas. La participación del señor Ojeda (N de la R: en referencia a Jorge “Negrito” Ojeda, experimentado sonidista rosarino) en el estudio In Situ, donde lo grabamos, fue fundamental para conseguir ese sonar.
—En “Seis lagañas” hay un mensaje a la espera eterna, como el protagonista de la película “Zama”, que aguarda algo que nunca va a llegar:”Entre las sombras, agazapado, que alguien se cruce, espero”. ¿Esperás algún cambio con esperanza o a veces quemás las naves y que sea lo que sea?
—Soy bastante escéptico. Creo que el mundo como quieren que sea pensado es un animal moribundo dando los últimos estertores. Todavía vende fulgor, se empeña. Y sí, en “Seis lagañas” está lo de la espera, que siempre vuelve, el texto tiene esa cosa circular. Está inspirada en perros, está disparada en tres perros esperando en una terraza, oliendo el aire, perros muy lagañosos.
—Salvo el primer tema, no es tan fácil seguir el hilo de tus textos, ya sea desde los títulos de las canciones con palabras inventadas (“Vuala”, “Plei”, “Sayayin”, “Savarasa”) o en el contenido de los temas. ¿Te gusta escribir textos encriptados y correrte de lo más explícito por algo en especial? ¿Hay una posición anticonvencional y si se quiere antisistema desde ese lugar?
—Uno juega con las palabras, las usa para tratar de explicarse de qué se trata todo esto, para inventar, para contar, para descontar, para cristalizar, para sacar, para tratar de aportar un poco de lindura, también oscuridad. Y uno ya tiene una forma de relacionarse con ese decir, mañas que dibujan una manera, que quizás lo alejan de lo establecido o por lo menos le gruñen. Y una cosa es el texto cantado y otra leído, me refiero metido dentro de la arquitectura de la banda en donde se mueve a otro lugar. Nos gusta gruñirle al majestuoso.
—Hay veces que hay una estética sonora y poética que evoca la onda del Indio Solari, como por ejemplo en “Quien” cuando cantás “y en el cielo que es puro chamuyo ya modula tu Papá Noel”. Incluso tu voz tiene cierta oscuridad y hay letras con un tono críptico como las de Solari. ¿Lo considerás una influencia en tu obra?¿Qué otros artistas son una referencia ineludible a la hora de componer?
—Ja, y sí, es el tema más ricotero de la banda y además tiene la voz doblada como le gusta usar al catedrático (risas). Esta canción va a ser el primer video de “Cruje”, confeccionado durante esta cuarentena por demonios con barbijo, y claro que es una influencia, así como lo es también Spinetta, Charly, Robert Smith, Bowie o Fernando Cabrera, o casi todo lo que una escucha y le produce algún tipo de crujimiento interno.
—”Bye Bye” dice “él no vuela solo, con estilo cae”. ¿Es una alusión a los vuelos de la muerte ocurridos durante la Dictadura? ¿De no ser así, a qué vuelo te referís?
—Una de las partes jugosas de este arte cancionístico es el que posibilita que otras canciones habiten en una canción y está buenísimo que pase. Jamás pensé en esos vuelos cuando la hice. El tema en cuestión remite a vuelos más primordiales, más puros y transparentes, remite a Buzz en “Toy Story”, al infinito y más allá.
—Ser músico en Rosario es todo un desafío: si vas afuera de la ciudad te preguntan si hacés música de la Trova y si vas por otro camino, como es tu caso, nunca falta quien te pida una música más directa y sencilla. ¿Te sentís un bicho raro dentro de los compositores post Trova?
—Esto de la concentración de los negocios hace que la industria musical y sus voraces se pose en Capital Federal con sus usinas de ventas y aceptación. Nosotros jugamos en baldíos más alejados, nos tiene sin cuidado, por eso Rosario es un buen lugar para hacer música. Acá hay gente que ha hecho, hace y hará música muy copada. Somos una banda posapocalíptica, raros bichos que tocan canciones punk asordinadas, unos bichos más.