Cuando todos pensaban que no tenía nada más que confesar, la más mediáticas de las chicas
mediáticas argentinas decidió contar que es adicta a las anfetaminas. Y claro, muchos se subieron
la ola mediática para surfear un rato montados en el que parece ser el escándalo del verano.
Desde el momento en el que Nazarena Vélez habló sobre sus adicciones, los programas de
chimentos comenzaron a buscarla, perseguirla, adularla, criticarla hasta convertirla –una vez
más- en el centro de la escena.
“Hoy no hizo el show del aquadance”. “Hoy sí lo hizo”. “Moria
no la quiere en el espectáculo”. “Moria sí la quiere”. “Tienen que
internarla”. “No es necesario que la internen”. De repente, no hubo más tema que
Nazarena y no tardaron en aparecer los opinólogos de turno.
Uno de los primeros en sumarse a la escena fue el devaluado Adríán “Facha”
Martel. El actor intentó hacerse el irónico cuando, luego de haber presenciado el espectáculo What
Pass Carlos Paz ? señaló: “ No la vi a Nazarena en el escenario. ¿Trabaja Nazarena? Yo no lo
veo porque no me gusta sufrir, por eso no la tengo en cuenta para nada”.
Haciendo pie en este nuevo escándalo mediático y olvidando por completo la caballerosidad, el
ex galán agregó “ Físicamente está como el culo de ella. ¡Qué va a hacer! ¡Así es la vida!
Uno va sembrando y después se cosecha lo que hay. Para mí la familia tiene que intervenir
urgentemente para internarla. Hay que llevarla a la fuerza. ¡Ojo que nos puede dar un gran
susto!”.
Martel no fue el único que aprovechó la confesión de Nazarena para volver al ruedo. Valeria
De Genaro, la mediática ex novia del mediático ex Gran Hermano Famosos, Nino Dolce sumó su grano de
arena a la polémica. “ Está gorda y su participación en la obra es ordinaria y vulgar”,
sentenció.
Como si fuera poco, la ex pareja de Vélez y productor de la obra, Luciano Garbellano, salió
también a pegarle. Movido por el despecho o urdiendo una extraña campaña de promoción, explicó que
" Nazarena necesita una internación”, pero aclaró que “ su continuidad en la obra no
está en discusión”.
No fue el único. La mismísima Moria Casán abandonó su egocentrismo clásico y también se ocupó
de pegarle. " El teatro no es una farmacia, ni un centro clínico, ni psicológico. Nazarena siempre
pasa por mi camarín y llora de emoción porque dice que me admira, que es un placer trabajar conmigo
y que jamás sintió eso en un escenario. Pero mi contención es profesional, como directora. Yo no
contengo a nadie pero si marco las cosas que tengo que marcar. Pero después del escenario, si no se
siente bien, ya no es mi problema. Cuando comienza la función me hago cargo, pero igualmente yo no
soy enfermera de nadie", explicó.




























