En los años 70 la juventud soñadora iba en busca de la utopía. Ese futuro casi perfecto, donde la revolución y la justicia social iban de la mano. Con las utopías en el subsuelo hoy afloran las distopías, en un contexto en el que reina la incertidumbre mundial a causa de un virus y los sueños de ayer parecen dormir una larga siesta. Streaming mediante, en pleno apogeo de la virtualidad, las distopías aparecen una tras otra. Primero fue “Black Mirror” detrás de la idea de deshumanización a causa del exceso de tecnología y actualmente “La valla” persigue una idea proto-nazi que toma a un virus mortal como la excusa perfecta para mejorar la especie. “Los cuentos de la criada” arranca hoy su cuarta temporada tomando como disparador el temible fantasma de una sociedad patriarcal totalitaria, pero con la nave insignia que significan los movimientos feministas en todo el planeta. No es casualidad que en 1990 la película basada en el mismo libro de Margaret Atwood fue un fracaso absoluto, y eso que estaban Faye Dunaway, Robert Duvall y un jovencito Aidan Quinn. Pero no resultó. Quizá la distopía era demasiado distópica cuatro décadas atrás. Hoy “El cuento de la criada” tiene otro sustento, basado en que la lucha de las mujeres por recuperar sus derechos es algo concreto y latente. El viejo truco de las series distópicas para garantizar el éxito es que respiren realidad. Y mientras tanto seguimos esperando el regreso de las utopías.

























