Contar un show de Divididos es como querer relatar un viaje a la India de un mes en apenas diez
minutos. No basta con una foto, hay que vivirlo. Es que el trío de power rock, que lleva más de dos
décadas de recorrer rutas eléctricas, tiene la capacidad de transportar al espectador con un solo
acorde. Y así lo hizo el sábado por la noche, ante más de 4.500 espectadores en el salón
Metropolitano. A lo largo de casi tres horas de música y con una decena de invitados, el recital
dejó en claro, por si hacía falta, que Divididos es la banda más folclórica del rock nacional.
“Amapola del 66” era la excusa del concierto en Rosario.
“Perdón que nos retrasamos un poco, queríamos venir al Anfiteatro antes, pero no
pudimos”, dijo Ricardo Mollo, un enamorado de los shows al aire libre en el parque Urquiza,
adonde prometió volver en el verano próximo.
Mientras de fondo sonaba el clásico “¡Escúchelo, escúchelo,
escúchelo, la aplanadora del rock and roll, es Divididos la puta que lo parió!” en la voz del
público, el trío que completan el descollante bajista Diego Arnedo y el pulpo batero Catriel
Ciavarella se decidía a ver qué respuesta tenía en los rosarinos los temas del nuevo álbum, el
primero con nuevas canciones después de ocho años. “Vengo del placard de otro” fue su
último trabajo en estudios.
Divididos arrancó con cuatro al hilo: “Hombre en U”,
“Buscando un ángel”, “Mantecoso” y “Muerto a laburar”. Lo
positivo fue ver que con tan poco tiempo en el ruedo, los temas ya están metidos en la gente, que
conoce sus letras y que ya los adoptaron para la grilla de hits.
A esa altura el escenario ardía. La sonrisa de Mollo era una postal
permanente que contrastaba con la seriedad y estatismo de Arnedo, a quien sólo se le veía volar los
dedos de su mano derecha. De fondo, el pibe Ciavarella demostraba que ya es hora de que Divididos
lo incluya en la foto de la tapa del disco.
Cuando los vinos son buenos hay que disfrutarlos con pequeños sorbos.
Quizá eso pensó Mollo y bajó los decibeles para subir en emotividad. Fue el momento más intimista y
en donde se mostró el costado folclórico y comprometido de Divididos.
La banda siempre le hizo un guiño a la temática autóctona argentina,
disco a disco, y en éste no hubo excepción. Así llegaron la baguala “Vientito de
Tucumán”, la cálida “Par mil” y “Avanzando retroceden”, cantada por
Arnedo, con la colaboración de Micaela Chauque, venida de Tilcara, en sikus.
El rito folclórico seguiría con “La flor azul”, con Kelo
Herrera en violín, y Raúl Tolaba y el rosarino Facundo Nardone en guitarras. Este último después
tendría otra aparición más rutilante. Trascartón, el grupo norteño Los Amigos de Ricardo Vilca
llegó para hacer “Guanuqueando”.
“Ahora van a ver a un rosarino que toca como la puta madre”,
dijo Mollo, y le dio entrada nuevamente a Facundo Nardone, invitado estelar en “Boyar
nocturno”. El también luthier logró una interpretación lucida en guitarra steel.































