Es la ciudad más grande de Turquía, dividida entre dos continentes Asia y
Europa. A lo largo de su historia fue conocida como Bizancio, Constantinopla y Estambul, capital de
dos inmensos imperios, Bizantino y Otomano.
Palacios, mezquitas, sinagogas y museos conviven en esta metrópoli de 10
millones de habitantes y 1.800.000 turistas extranjeros que la visitan cada año.
Del lado europeo de la ciudad se sitúa el cuerno de oro,
una ría que se une al estrecho del Bósforo que separa Europa de Asia y desemboca en el mar Negro.
El cuerno de oro divide la parte europea en dos sectores, la ciudad vieja y la parte de Gálata,
unidos actualmente por tres puentes de los 10 que fueron construidos en toda su historia. Transitar
las calles de la colosal Estambul dista mucho del orden en cuadrículas de ésta parte de Sudamérica.
Las calles son lo suficientemente irregulares, con curvas, pasajes y cortadas con lo cual el
turista inicia su caminata hacia un destino y puede arribar inesperadamente en otro. Su disposición
en base al casco antiguo, calles empedradas y estrechas es propio de las grandes ciudades europeas
como París, Madrid o Praga, entre otras.
Istambul, como se la conoce en oriente o Estambul en
occidente, es la urbe elegida por muchos europeos que buscan encanto, culturas diferentes, aromas y
sabores del Medio Oriente próximo. Al transitar sus costas una inmejorable vista decanta de las
colinas, antiguas construcciones, decorados balcones, tejados y los atractivos minaretes (torre) de
las mezquitas que adornan éste singular paisaje.
Dispersas por la ciudad hay 2.562 mezquitas, es usual
escuchar al recorrer las calles la llamada de los almuédanos a orar. En cada minarete, las
mezquitas tienen instalado un megáfono y cinco veces al día como lo dicta la religión musulmana, el
almuédano, elegido por su voz y personalidad, llama a la oración.
El 99% de la población turca es musulmana, su idiosincrasia está signada por la
religión, sus horarios, sus comidas y sus hábitos responden a las prácticas religiosas del Islam.
Ingresar, recorrerla, observar el ritual de los feligreses ilustra al pueblo turco.
Antes de acceder se descalzan, se asean manos y pies en unos módulos de mármol
con adornadas canillas de bronce e ingresan a orar sobre una gran alfombra que cubre toda la
superficie. Para los visitantes no es necesario el aseo pero si descalzarse; la mujer no puede
ingresar con faldas cortas y antes de hacerlo se le entrega un pañuelo o chador que cubre los
cabellos.
Los aromas y sabores que inundan esta maravillosa ciudad
tienen diferentes orígenes y es muy apetecible investigarlos. Por la tardecita en la costa cercana
al puente Gálata, del lado sur del cuerno de oro en el muelle de emin”nü, la ribera toma la
forma de un inmenso mercado de pulgas. Los pescadores amarran pequeños botes y al incesante compás
de las olas que rompen contra el muelle, cocinan un exquisito sándwich de caballa frita ineludible
para el paladar del viajero. lo largo de éste puerto de ferris se despliegan paños en el piso donde
se puede conseguir, cueros, tabaco saborizado, narguileh, camisetas de fútbol, pistacho, castañas
de cajú, choclos asados, amuletos del ojo de la suerte y hasta pasajes en barco para recorrer el
Bósforo.
El regateo, el alboroto y la persecución para vender es un atractivo único. Los
vendedores dispuestos siempre a encontrar la manera de negociar, desarrollan técnicas, diálogos y
hasta formas muy particulares de hacerse entender frente al extranjero que atesora euros o
dólares.
El gran bazar o kapaliçars como lo marca una gran arcada a
su ingreso, es uno de los bazares cubiertos más grandes del mundo. Orfebrería, joyería, especias,
alfombras turcas y colorida porcelana son algunos de los productos que se pueden encontrar
exquisitamente exhibidos.
Construida su primera parte en el año 1464 y reconstruido en 1864 debido a un
terremoto, este antiguo bazar recibe cerca de 300.000 visitantes por día. Los vendedores de cada
tienda, unas 4.000, siempre dispuestos, suelen estar sentados en la puerta tomando el tradicional
té acompañados de un tasbith o rosario musulmán en sus manos.
Se puede observar los mozos que van y vienen repartiendo té
(çay en turco) en pequeñas tazas sin asas. El té turco se lo puede considerar como té negro y es la
bebida más popular en Turquía al igual que el café turco.
Singulares paseos
En la parte norte del cuerno de oro, siguiendo en tierra europea se encuentra la
plaza de Taksim (distribución en turco); ésta fue denominada así por ser el centro de distribución
de agua a toda Estambul. Los dos kilómetros que unen un extremo del otro de la plaza están
conectados por un nostálgico tranvía que recorre ida y vuelta la peatonal entremezclándose con los
miles de caminantes. El paseo peatonal introduce al viajero en la zona moderna de la ciudad,
comienzan a asomar los edificios en el paisaje, casas de moda, grandes joyerías y modernos
bares.
Las mezquitas
Sin duda, las mezquitas son uno de los atractivos más importantes; La Santa
Sofía, considerada una de las más impactantes, fue construida en el año 537, utilizada por casi mil
años como iglesia cristiana hasta 1453 momento en que los turcos tomaron Constantinopla y la
convirtieron en mezquita. Frente a ella, separadas por un jardín cubierto de canteros con celosías
rojas (cresta de gallo) y una fuente de grandes dimensiones, se erige la más grande, la mezquita
azul, la única de la ciudad que posee 6 minaretes.
Su interior está decorado con unos 20 mil mosaicos azules de Izmir, las
alfombras fueron tejidas en los telares imperiales y en el centro una lámpara de unos 20 metros de
diámetro sostenida desde la cúpula mayor y distante dos metros del suelo repleta de lámparas.
Estambul infunde respeto; la influencia de su cultura y
religión está fraguada en sus calles. En las colinas acentúan su presencia flameantes banderas
turcas, sus imperiales murallas y la mirada seria de sus habitantes cautivan y atraen la mirada del
turista. Lo divino y lo profano se unen en ésta ciudad dividida por dos continentes.
Luciano Daniele