Por otro lado agregó: "si el nuevo arzobispo fuese gay. ¿Cuál sería el problema? Ese tipo de discriminaciones son intolerables. ¿Y cuál es el pecado de ser amigo de las Madres y las Abuelas de la Plaza de Mayo?”. Cuando el revuelo causado por el audio de Vázquez comenzaba a mermar, en parte debido a sus disculpas públicas, comenzó a circular un video de García Cuerva celebrando una misa con militantes del Frente Renovador en la que señaló: "No vamos a entrar en discusiones de épocas. Pero lo que estoy seguro es que todos coincidimos en que alguna vez dijimos: yo quiero ser peronista. Yo me juego en esta idea, yo quiero un país distinto, un mundo distinto, quiero ser testigo de buenas noticias".
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La oposición al gobierno de Alberto Fernández y en general todo el arco antiperonista montó en cólera y los exabruptos se hicieron moneda corriente en las redes sociales. Algo similar ya había ocurrido a principios de este año, cuando el propio Francisco señaló en una entrevista que ser peronista no tenía nada de malo.
Por esos días se lo acusó también de izquierdista, incluso de comunista, algo habitual en otras latitudes. Quienes están cerca del papa, como la teóloga Emilce Cuda, niegan todas estas etiquetas y rótulos y subrayan que el papa simplemente sigue el Evangelio. A algunos eso puede gustarles más y a otros menos, pero su postura, insiste Cuda, no es política o ideológica sino evangélica.
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El año próximo, Bergoglio viajaría a Argentina y Chile.
Foto: Alessandra Tarantino / AP
Controversias sin fin
No es la primera vez que una designación del papa genera reacciones de este tipo. A lo largo de sus diez años en Roma, Francisco ha generado debates de todo tenor, tanto dentro como fuera de la Iglesia. Entre ellos, precisamente, uno de los más habituales ha sido el relacionado con su identidad política e ideológica.
Mientras entre los movimientos populares latinoamericanos, así como en las fuerzas de centroizquierda en Europa y Estados Unidos, sus dirigentes suelen mostrarse cercanos a las declaraciones del pontífice, desde las centroderechas y las denominadas “nuevas derechas” se multiplican los cuestionamientos y las críticas, muchas veces feroces. En los últimos años, las tensiones se profundizaron cuando el papa recordó en su encíclica más importante, Fratelli Tutti, el carácter secundario del derecho de propiedad y defendió el “destino universal de los bienes creados”. Algo que también subrayó en Laudato Si´, cinco años antes.
La histeria tocó uno de sus puntos más altos en Argentina, cuando la periodista Cristina Pérez, visiblemente enojada, llamó por radio a resistir la postura “desopilante” del papa.
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En la misma línea, Alberto Benegas Lynch, uno de los intelectuales del neoliberalismo argentino, calificó al papa como comunista y consideró que la encíclica introducía definiciones netamente marxistas. Francisco, claro está, niega estas acusaciones, pero, es cierto, las críticas no parecen incomodarlo tanto como gustaría a los sectores conservadores en el Vaticano o a las derechas y centroderechas en Argentina y otras partes del mundo. Lo mismo ocurre con el rótulo de peronista.
Por otro lado, si bien suele remarcar las diferencias entre el Evangelio y lo que define como formas de reducción sociopolítica del mensaje de Jesús, se toma con humor la preocupación de sus enemigos de derechas y señala que no es que él sea comunista o, llegado el caso, peronista, sino que, más bien, son los comunistas y los peronistas los que se “robaron algunos valores cristianos”. Declaraciones como éstas no hacen más que enfurecer a sus detractores.
Durante el 2022, en una entrevista para la revista jesuita America fue contundente al respecto: "Yo trato de seguir el Evangelio. A mí me iluminan mucho las bienaventuranzas, pero sobre todo el protocolo con el cual vamos a ser juzgados: Mateo 25. Tuve sed y me diste de beber, estuve preso y me visitaste, estuve enfermo y me cuidaste. ¿Jesús es comunista entonces? […] Y… si yo veo el Evangelio, solamente en modo sociológico, y, sí, soy comunista y Jesús también. Detrás de esas bienaventuranzas y de Mateo 25 hay un mensaje que es propio de Jesús. Y eso es ser cristiano. Los comunistas nos robaron algunos valores cristianos".
¿Quién es Jorge García Cuerva?
Apenas conocida la noticia de su designación, en muchos medios de comunicación se calificó la elección de Jorge García Cuerva como inesperada, uno de esos títulos rezaba: "No figuraba en el radar". Es cierto que quienes venían siguiendo de cerca la sucesión del Arzobispado de Buenos Aires se inclinaban porque el elegido fuera el actual arzobispo de La Plata, Víctor Manuel Fernández, pero la elección de García Cuerva no es de ningún modo inesperada. Algo que, por cierto, reconoce el propio Vázquez en su audio. Ante todo porque puede considerárselo un exponente de la teología del pueblo, la vertiente en la que abrevó Bergoglio en su juventud y que sigue siendo una de sus brújulas en la actualidad.
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Por otro lado, García Cuerva cuenta con un perfil que sintoniza bien con lo que busca Francisco y en su trayectoria se combinan logros intelectuales con experiencia pastoral y de gestión. De hecho, aún cuando es abogado y licenciado en teología y derecho canónigo no puede considerárselo un "intelectual católico" sino, más bien, un “pastor con olor a oveja” puesto que se desempeñó como vice párroco y luego como párroco en Nuestra Señora de la Cava en Beccar, un barrio popular de San Isidro. Esta labor le valió el rótulo de “cura villero”. Además, fue secretario de la Comisión Episcopal de Pastoral Carcelaria de la Conferencia Episcopal Argentina. Desde este punto de vista, la elección de García Cuerva, que por cierto Bergoglio ya había colocado en su radar al designarlo obispo de Río Gallegos en 2019, resulta lógica y dice mucho del tipo de Iglesia que quiere reforzar Francisco antes de su muerte.
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Desde el Vaticano el Papa Francisco designó a Jorge García Cuerva en reemplazo de Mario Poli.
Foto: Andrew Medichini / AP
Un viaje que puede volver a posponerse
Cuando muchos estábamos convencidos de que Bergoglio no volvería al país, se conocieron declaraciones suyas dejando abierta la puerta para una posible visita a Argentina durante el 2024, después del año electoral. Diferentes medios europeos lo dieron incluso por hecho. El diario El Mundo en España publicó un artículo titulado: Francisco visitará Argentina por primera vez en 2014, 11 años después de convertirse en papa. Hoy ya nadie está tan seguro que el viaje se concrete.
No podemos saber qué pasa en estos momentos por la cabeza de Francisco ni por sus allegados y el grupo de personas de confianza que lo acompaña en Roma, pero está claro que las repercusiones generadas por la designación de García Cuerva ponen entre paréntesis nuevamente la decisión de visitar el país.
La ferocidad de las críticas cruzadas al interior de la Iglesia no constituye un buen augurio. Por el contrario son un nuevo llamado de atención para Francisco que intenta evitar grandes incendios en Roma y mantener bajo control las fuerzas centrífugas que tensionan al catolicismo. No es un secreto que la Iglesia está muy lejos de ser esa institución disciplinada y piramidal que algunos imaginan. Como sabemos quienes estudiamos ese complejo mundo, el catolicismo es una constelación muy heterogénea de facciones y tendencias, muchas veces basadas en concepciones distintas, incluso opuestas. Con miradas diametralmente diferentes sobre infinidad de temas, incluidos los propiamente religiosos y espirituales.
La Iglesia, además, para complicar las cosas, es una enorme y laberíntica institución global con infinidad de terminales que escapan no ya a la autoridad del papa, lo que es una obviedad, sino incluso al conocimiento mismo de las jerarquías romanas.
En este escenario difícil, sensiblemente más feroz desde la muerte de Benedicto XVI, Francisco tiene muy claro que una profundización de los conflictos en la Iglesia argentina constituiría un golpe muy difícil de procesar. Un incendio en Buenos Aires, de hecho, podría ser la chispa que de paso a una explosión mayor en el centro mismo del catolicismo romano. En este sentido, la visita de Francisco a la Argentina no deja de ser un escenario difícil de predecir, entre otras cosas, además, porque el tiempo pasa y Bergoglio está próximo a cumplir 87 años.
En estos momentos es imposible saber si Francisco correrá el riesgo de visitar el país. Está claro, eso sí, que designaciones como la de García Cuerva confirman que ejercerá su magisterio en Roma hasta el final y contra viento y marea.
(*) Diego Mauro, es investigador independiente en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (Conicet), docente y coordinador del Doctorado en Historia, forma parte de la Red de Estudios de Historia de la Secularización y la Laicidad (REDHISEL) y coordina el Observatorio de Culturas Religiosas también de la Universidad de Rosario ( UNR) ...
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