“En el Gran Rex, con 3.500 personas, fue una noche mágica, y no podés decirle al público, chau, loco, me voy y se terminó. El amor de la gente me cambia los planes”, afirmó en una larga charla con este medio en la que repasó su carrera, parte de su vida privada -hace 60 años que está casado son la mujer que conoció a sus 18 años-; su relación con Rosario, donde dio sus dos primeros recitales en un teatro, el Astengo, con localidades agotadas; su admiración por Jorge Fandermole; su amistad con María Elena Walsh, a quien calificó como una de las “primeras feministas”, la distancia que establece entre él y los partidos políticos, y la transformación de la industria y las formas de componer, a la luz de los cambios sociales y culturales.
Sin embargo se difunde como una gira de despedida.
No vamos a hacer lo de Los Chalchaleros (risas), porque además no soy un artista tan importante como fueron Los Chalchaleros, pero con seguridad no va a poder ser tan taxativo y decir dejo de cantar porque el amor de la gente me cambia los planes. Me había planteado hacer una despedida por todo el país. No pensaba dejar de escribir ni de cantar, pero sí los grandes escenarios se complicó. En el Gran Rex, con 3.500 personas fue una noche mágica, y no podés decirle al público, chau, loco, me voy y se terminó. Me resulta imposible por la actitud del público porque probablemente yo sea el último romántico porque ha cambiado todo completamente. Cuando empezó mi carrera como Paz Martínez a quién se le iba a ocurrir que hoy estemos hablando desde Japón a Buenos Aires gratis y cara a cara. De la misma manera cambia la cultura.
También escribiste una canción para esa despedida ahora que por ahora queda en suspenso. ¿Qué planteás en esa letra?
Cómo se dice adiós. Decir adiós es complicado en todos los sentidos, en cualquier profesión, en una relación. Aunque hoy se puede hacer por redes. Hace poco Taylor Swift dijo que uno de sus novios la dejó por teléfono en una conversación de 25 segundos. Lo mío es totalmente distinto. Además de que siempre prioricé mis afectos, mi familia, sobre mi carrera. Yo estoy casado con la que fue mi novia, cuando ella tenía 15 años y yo 18. Y es así gracias a Dios, a pesar de mi carácter que a veces es medio volcánico, pero ella sabe manejar la situación perfectamente bien y jamás ha perdido el buen humor, ni la sonrisa ni la belleza.
Seguís enamorado de tu mujer.
Profundamente enamorado. He tenido ofertas en toda mi carrera, pero siempre dije que tengo el corazón absolutamente enamorado y entregado y no atiendo otro llamado. En Rosario me acuerdo que una fan quería llenarme el camarín de orquídeas y el representante de esa época le dijo, creo que es mejor le regalés vinos (risas). Y en vez de vinos, me trajo un hermoso cuadro.
¿Cómo reacciona tu mujer ante esos avances?
Y bueno, uno tiene que poner todo en la balanza. Siempre hay que tomar decisiones y hay que pensar a quién podés perjudicar. Pero sobre todo, yo no me podía traicionar a mi mismo.
¿Eso habla de lealtad y otros valores que se están perdiendo?
Creo que de algún modo perfectamente calculado se ha alterado el significado de muchísimas palabras. A un tipo, a un político, que es un ladrón y un corrupto, se le dice que es un vivo. No es así. Yo fui muy amigo de María Elena Walsh y sabía cómo pensaba. Fue una de las primeras feministas y no tenía nada que ver con las feministas actuales. Es más, creo que ella se incomodaría, sobre todo con el lenguaje inclusivo. No me cabe dudas que hubiese dicho lenguaje “intrusivo”. Me acuerdo algo de ella: “El cantor que canta a los gritos canciones sin ton ni son, antes que nada le digo que no ama ni es cantor; sin amor a las palabras no se puede hablar de amor”. Yo escribí un aire de tango que se llama “Si viviera María Elena” que grabé a dúo con Raúl Lavié, el número uno, lejos.
¿Qué vínculo te une con Rosario?
Rosario siempre se caracterizó por ser muy exigente. Artistas mayúsculos, como Les Luthiers, Sandro, estrenaban sus trabajos en Rosario porque sabés que si funciona ahí, va a funcionar en todos lados. El primer teatro que hice en mi vida fue el Astengo. Fue inolvidable para mí. Cuando recibí el Magazine que me dio mi amigo Carlitos Bermejo, dije que tengo una relación de amor con Rosario porque no en vano Rosario tiene nombre de mujer. En la mesa estaba María Luisa Bemberg y me preguntó si eso lo tenía pensado, y le dije que no, que se cruzó y lo dije. El día que debuté fue un viernes. Yo tenía funciones el viernes y sábado. Hasta el miércoles no estaba vendido el show, pero me dijeron que me quede tranquilo porque todavía no habían cobrado los maestros. Y el día jueves al mediodía me dicen que están vendidas las dos funciones. Y además, y los que fueron se van a acordar, fue el diluvio universal. El agua entraba desde la calle al teatro y las mujeres con los zapatos en la mano. Así fue mi debut con Rosario, bendecido por el agua.
En 2007 compusiste “Mujer de nadie”. Fuiste una especie de adelantado con esa letra que empodera a las mujeres y que lanzaste casi al mismo tiempo del movimiento Me Too. ¿Nunca te la pidió ningún colectivo?
No me la pidieron. Yo tengo muy buena relación con todos. No juzgo a nadie absolutamente. Cada uno elige el modo en que quiere enfrentar la vida. A los únicos que juzgo, y ahí no tengo piedad, es a los funcionarios y a los políticos. Con esos sí, pero con los demás no. Cada uno elige el modo de vivir. Nunca me pidieron esa canción, que además me dio posibilidad de agradecerle a las mujeres que desde el primer momento que empecé a cantar fueron mi apoyo y mi sostén. Yo iba a Rosario y un empresario me decía que estaba el teatro lleno, pero había diez hombres y es más, había hombres que llevaba a sus mujeres al teatro y se iban. Ahora por suerte está más parejo y son cincuenta y cincuenta.
Mencionaste que a los únicos que juzgás es a los políticos y funcionarios. La opinión de los artistas sobre temas de actualidad suele estar muy presente durante las campañas o sobre cuestiones políticas o sociales. ¿Cuál es el rol que cumple un artista en ese contexto?
El artista es libre. Elige una profesión que es un interrogante enorme, pero es libre y puede decidir qué hace con su carrera y con su vida. Yo ni siquiera me pongo en el plan de decir si estoy de acuerdo con algo o no. Hay artistas a los que les creo absolutamente y creo que están profundamente convencidos, y a otros no les creo nada y me parece que su ideología tiene más que ver con la cara de Washington... Pero la verdad es que no sigo ningún dogma, ninguna ideología, ninguna iglesia, ni sinagoga ni templo, nada de eso. Mi mamá era católica y mi papá era judío y me educaron con absoluta libertad. Creo que los seres humanos tenemos que buscar la felicidad por sobre todas las cosas y a la felicidad la encontrás en libertad. Pero reitero, cuando digo que soy duro, lo soy sólo con los funcionarios, no con los artistas.
¿Qué representa para la gente que los artistas hablen en público de política?
Yo ni siquiera dejo que usen mis canciones en los actos políticos. Había un gran político cordobés que me admiraba y que cerraba sus actos con una canción mía que se llama “Qué ironía”, que cantaba Rodrigo. Estoy hablando de José Manuel de la Sota. Le pedí por favor que no la usara. Así de simple. Yo me sentiría muy mal que una canción mía tuviera una lectura partidaria. No escribo para eso. Yo me siento bendecido por escribir canciones que van directo a la emoción de la gente. Si quisiera podría hacer otra cosa, pero no es lo mío.
Respeto a todos los creadores, y en Rosario tienen algunos que mamita querida... Uno es Jorge Fandermole, al cual admiro profundamente. Y Fito por supuesto, pero Jorge es de una exquisitez absoluta” Respeto a todos los creadores, y en Rosario tienen algunos que mamita querida... Uno es Jorge Fandermole, al cual admiro profundamente. Y Fito por supuesto, pero Jorge es de una exquisitez absoluta”
Claramente no vas a seguir el camino de tu colega Palito Ortega.
Palito es uno de los más grandes autores y compositores de la música popular argentina. Yo lo respeto muchísimo. En realidad respeto a todos los creadores, y en Rosario tienen algunos que mamita querida... Jorge Fadermole, al cual admiro profundamente. Y Fito por supuesto, pero Jorge me parece de una exquisitez absoluta. Y hay muchos más.
¿Cómo cambió tu forma de componer con los años, sobre todo por la forma en que se transformó la idea de pareja que hoy son tan diversas?
Cuando escribo una canción lo hago frente a mi mirada para una pareja hétero, pero en una oportunidad recuerdo que Sandra Mihanovich me dijo que le pedían que cantara “Prohibido nuestro amor”. Yo la escribí de una manera y el público de Sandra se lo pedía. Es así. Trato de cuidarme con algunas palabras. Al comienzo era más impulsivo, pero estaba aprendiendo, pero ya son más de 40 años y algo tenés que aprender... Y además las cosas son dinámicas. Hay una canción que escribí para la novela “Una voz en el teléfono” (1990). Hoy la canto y digo “hoy no me llamó” y agrego “y ni siquiera me mendó una whatsapp” (risas).
¿Cómo ves la transformación de la industria y la fragmentación del mercado en nichos cada vez más específicos y sobre todo dominantes como grandes protagonistas de lo popular?
Es una cuestión cuantitativa. Creo que en el arte hay lugar para todos. Si te gusta, vas a escuchas a Tony Bennett, una cumbia, lo que sea. Pero primero, y eso sí me preocupa, es cómo se ha degradado el lenguaje. Se manejan con 50 palabras, es una locura. Otra cosa es que cuando ví que “Gran Hermano” ganó el Martín Fierro de Oro me pregunté qué paso. ¿Y la ficción, y los actores?. Me cayó mal. Y me cayó peor, como una masazo, que un tal Bad Bunny gane el premio a mejor autor y compositor.
Paz Martinez - Amor pirata
¿Una cuestión de peso es el volúmen de ventas y descargas de Bad Bunny? ¿La industria no siempre mira el arte?
Absolutamente. La industria es industria. Siempre me acuerdo de una frase: cuando una película triunfa dicen que es comercial y cuando fracasan les dicen arte. Es una cuestión cuantitativa, un negocio. Pero creo que hay lugar para todos. Y ahora se acentuó. Ahora suceden cosas como que un artista tenga millones de respuestas y visitas. Ahora la información es distinta, pero también se puede manipular mucho más al gusto popular.
¿Tenés alguna canción preferida?
No... hay una canción que ni siquiera la tengo grabada y que tiene que ver con mi vida personal y que se llama “Cuando lo único que teníamos era amor”. Un día Armando Manzanero me preguntó cuál era mi canción favorita y le contesté que era esta, que nunca la había grabado porque es muy personal. Fue un momento clave de mi vida. Todo el mundo me conoce con el piano, pero mi instrumento de verdad y he sido bastante bueno, es la guitarra. Yo iba a la casa de mi novia que hoy es mi mujer. Ella, que estaba estudiando arquitectura, me acompañó hasta la puerta. La ví rara y cuando le pregunté qué le pasaba me dijo que pasa el tiempo y qué va a ser de nosotros. Y yo no supe qué decirle. Esa situación me disparó esa canción. Y Armando me dijo que me la iba a grabar pero lamentablemente se nos fue durante la pandemia. Uno tiene que controlar que la emoción no te supere, y esa canción siempre me superó.