Si bien la norma que aprobó el Senado tiene apenas un tercio de su tamaño original y Milei tuvo que ceder hasta el último minuto para que la ley no se cayera, el presidente y sus negociadores tienen el mérito de que lograron imponer un paquete de reformas estructurales con sólo el 9 por ciento del Senado y el 14 por ciento de la Cámara de Diputados.
Con una minoría raquítica lograron enhebrar una mayoría, facilitada por una sociedad en pleno detox con las viejas coaliciones y que pide a gritos un cambio de régimen.
Con mucho más volumen político, el primer Cambiemos y el Frente de Todos no supieron, pudieron o quisieron encarar su propia agenda transformadora. Pese a que el modelo posconvertibilidad mostraba evidentes signos de agotamiento y ganaba terreno la idea de redibujar el triángulo entre Estado, mercado y sociedad.
Después de una primera etapa maximalista e intransigente, que lo llevó a chocar contra la pared, el gobierno se dio cuenta de que necesitaba de otros.
No obstante, lejos de convertir a los legisladores opositores a la fe libertaria, Milei recurrió a la clásica lógica transaccional de la política. Obras, fondos y cargos por votos. Todo a la vista y en contado, y nada de pago diferido. La casta está en orden.
La intervención de Victoria Villarruel para quebrar el empate le dio al gobierno el triunfo en el tablero y abona al relato libertario de que los defensores y beneficiarios del antiguo orden están vivitos y operando. Una reversión del “clima destituyente”, uno de los principales hits del kirchnerismo.
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Las escenas de violencia callejera alimentan la narrativa del gobierno, que en su excitación por la aprobación de su primera ley en seis meses incluyó conceptos pesados como “grupos terroristas” y “golpe de Estado”. Baja la inflación económica y sube la inflación ideológica.
Son palabras que remiten a las épocas más oscuras de la Argentina y abonan al estado de excepción que justifica la detención de personas al voleo, mientras grupos de encapuchados y sin identificación orgánica arrojaron piedras y prendieron fuego el móvil de Cadena 3 ante la llamativa pasividad policial. Milei agradece por los servicios prestados.
El dato de inflación de 4,2 por ciento en mayo, aún por debajo de las estimaciones de las consultoras, refuerza una de las patas de la promesa de campaña y renueva las expectativas. Una cuestión nada menor para un gobierno sin apoyo territorial y débil en el Congreso y que tiene a la opinión pública como único ancla.
Por su lado, la renovación del swap con China y la luz verde del directorio del FMI para que lleguen 800 millones de dólares le dan aire al gobierno en un momento en que la suba de los dólares financieros y del riesgo país y la caída de bonos y acciones empezaban a mostrar números inquietantes en el oxímetro.
Sin embargo, los problemas y los interrogantes siguen allí. Tanto en la economía como en la política.
Pese al éxito legislativo, el gobierno no construyó una coalición en el Congreso para ir por nuevas reformas. Como si fuera poco, consiguió los votos para apenas empatar en espacios políticos con los que La Libertad Avanza compite y pretende subordinar o reemplazar, y difícilmente se rindan tan fácil.
Ese es el caso del radicalismo pero también del PRO. Si el partido de Macri tomara distancia, la soledad política de Milei quedaría más acentuada.
De todos modos, es cierto que con la delegación de facultades que le dieron al presidente que se percibe como un infiltrado en territorio enemigo los senadores y los diputados se vuelven menos necesarios.
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La discusión de la ley Bases estuvo atravesada por fuertes choques entre manifestantes y las fuerzas de seguridad.
AP Foto/Gustavo Garello
Milei tiene la ventaja de que enfrente tiene un peronismo unido pero encapsulado, tanto numérica como programáticamente. Con 33 bancas, el bloque de UxP no pudo conseguir sólo cuatro votos para tumbar la ley, pero tampoco puede salir de la lógica del veto y la defensa del statu quo.
El presidente tiene a una de sus principales amenazas puertas adentro: Victoria Villarruel. La presidenta del Senado tuvo su momento Cobos. A diferencia de la 125, donde la transversalidad se había roto de abajo hacia arriba, la vice no tenía nada para ganar con un voto no positivo. Sin embargo, la hija dilecta de la familia militar aprovechó el empate para mostrar lealtad pero también para exhibirse lista para pasar a la acción si el deber llama. Una reservista del poder.
Interrogantes
Otro foco de tensión es la gestión. La crisis en Capital Humano pasó a un segundo plano pero no está resuelta, siguen las deserciones en el gabinete y Milei no termina de encontrar un esquema en el que puedan convivir Toto Caputo y Federico Sturzenegger, que se recelan como los mastines presidenciales.
En tanto, entre los economistas —sobre todo entre los más cercanos ideológicamente al gobierno— se preguntan cuán sostenible es la baja de la inflación con aumentos de tarifas postergados y paritarias que se reactivan y cómo se puede salir de un desplome de la actividad comparable con la pandemia o la crisis de 2001.
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La letra chica del renovado acuerdo con China implica un sacrificio de identidad para Milei. Al igual que Jair Bolsonaro, el libertario que se destilaba anticomunismo en campaña tendrá que viajar a Beijing para hacerle un gesto de agradecimiento a Xi Jinping. Anarcocapitalismo 0 - stalinismo de mercado 1. Igual, será el primer viaje presidencial que no responde a los intereses personales de Milei sino a razones de Estado.
Con todo, el mini verano político y económico le sirvió al presidente para viajar más liviano al G7 y a la cumbre que organizó Volodimir Zelenski, aunque a su regreso se abre una etapa más desafiante. Pidió herramientas y se las dieron. No hay excusas. Ahora depende de él.
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Los posibles focos de tensión de Maximiliano Pullaro
También Pullaro ingresa en una nueva fase. El descenso de los homicidios —un logro que abre una disputa, diplomática, pero disputa al fin con Patricia Bullrich sobre quién capitaliza el logro— requiere complementarse con otro set de políticas.
Lo anunció el propio gobernador esta semana frente a funcionarios y legisladores. Al orden, tanto hacia dentro como hacia fuera del Estado, se suma la igualdad como una consigna central.
“Bajamos la fiebre, pero el paciente no está curado, ahora vienen las políticas blandas”, señala un integrante de la mesa chica de Pullaro, que destaca la capilaridad territorial de los evangélicos.
“La sociedad sigue queriendo el líder duro, que rompe con la joda. Pero el momento para incorporar nuevos elementos es ahora” dicen desde el entorno del gobernador. Allí justifican el pragmatismo radical, en los dos sentidos del término, a partir de una crisis de las ideologías en una era de la “democracia de respuestas”.
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En la Casa Gris buscan aprovechar que están alineadas la demanda social y la mayoría política. “Somos un gobierno transformador, estamos cambiando todo”, dice un ministro que señala que el objetivo es sanear las cuatro grandes cajas que tiene la provincia —Aguas Santafesinas, EPE, Iapos y de jubilaciones—. “Tienen que tener autonomía fiscal y ser sustentables”, plantea.
Una meta económica pero también política, de un gobierno que se propone subordinar a actores corporativos y cuyo tránsito en la segunda parte del año depende también de decisiones que tome el gobierno nacional.
Movimientos subterráneos en Unidos
Además de un eventual derrame de inestabilidad macro, se suman otros dos factores potenciales de tensión para Pullaro.
Uno es el rebrote de la violencia con hechos de impacto, como sucedió con los asesinatos de trabajadores en marzo, y que pongan en crisis la narrativa del gobierno, aún con datos objetivos auspiciosos.
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El otro es el internismo larvado en Unidos, la experiencia exitosa de articulación del no peronismo y que varios dirigentes de peso sueñan con exportar a nivel nacional. Incluso, como dijo Felipe Michlig, presidente de la UCR, arquitecto de la alianza y señalado por Pullaro como su jefe político, con el propio mandatario como candidato presidencial.
Un escenario que, con el armado libertario en sus fases iniciales y un peronismo en estado de anomia —en el que, según reconocen en el propio PJ, “cada uno hace lo que quiere”— abre un prematuro debate por la sucesión en una alianza que en su afán hegemónico pretende reclutar justicialistas y ocupar todo el ancho de banda político.