Tiene una gata negra tendida con displicencia sobre su cama. Se llama Simonetta en homenaje a la bella Simonetta Vespucci, la musa renacentista que inspiró a Boticelli para su Venus.

Por Laura Vilche
Foto: Celina Mutti Lovera / La Capital
Con 80 años, Mirta Granero repasada sus vidas: los años presa durante la la última dictadura y cómo enfrentó a la Iglesia y al machismo desde sus cátedras de sexualidad.
Foto: Celina Mutti Lovera / La Capital
Recuerdos en imágenes. Clases y congresos en la década del 90.
Foto: Celina Mutti Lovera / La Capital
Tiene una gata negra tendida con displicencia sobre su cama. Se llama Simonetta en homenaje a la bella Simonetta Vespucci, la musa renacentista que inspiró a Boticelli para su Venus.
Así las cosas, en la casa de la docente, investigadora y psicóloga cognitiva y conductual Mirta Granero. Cada ser, cada uno de los cientos de libros de sus seis bibliotecas, cada una de las placas, medallas y reconocimientos, cada cuadro y cada artesanía erótica precolombina están impregnados de historia, relatos, sensualidad y placer. Que es como decir que todo en ese hogar luminoso y lleno de verde que habita desde hace más de medio siglo está atravesado por la sexualidad en su sentido más amplio: un tema que la preocupó y ocupó a Granero a lo largo de sus 80 años de vida y desde su más tierna infancia.
"A los 16 años me enamoré de un joven de 25, pelirrojo, hermoso, mi abuela Virtudes que era muy abierta y se dio cuenta me explicó que él no se enamoraría de mí, no porque fuera malo, sino porque los hombres como él se enamoraban de hombres", cuenta la mujer. Y explica que justamente en ese momento comenzó a entender la idea de la homosexualidad, tema por el que años más tarde, recibida de psicóloga, organizaría un taller con mucha prensa en los medios rosarinos de los 70 y al que llamó: "Lo que deben saber los padres de los homosexuales".
Video: imágenes Celina Mutti Lovera, producción periodística Laura Vilche, edición Andrés Mancini.
Recuerda Granero que en esa época manejaba un Citroën 3CV blanco y que lo estacionó nerviosa en la esquina de la sala donde se había organizado el taller. Pensó que habría cola porque el tema era "novedoso e interesante". Pero al llegar, no había nadie.
"Claro, luego entendí: ¿Qué padre iba a animarse a reconocer que tenía un hijo o hija homosexual por entonces? Me dije, 'lo haré en Buenos Aires, acá son todos muy cerrados', lo organicé meses después: tampoco fue nadie. Hablar de sexualidad, de homosexualidad era muy difícil y lo sigue siendo. Tuvimos que batallar con el machismo, con la Iglesia, y cuando vemos todos los femicidios que siguen ocurriendo y que siempre ocurrieron pero hoy se visibilizan más, una piensa que aún queda mucho por hacer", dice la mujer que en esa época era vista como "poco cuerda" o al menos "extravagante".
No era para menos, todo sucedió hace más de 50 años, antes y durante la última dictadura cívico, militar y eclesial. Ella ya había hecho pareja con Ricardo Musso, su profesor de 45 cuando ella tenía la mitad. Un psicólogo amigo de Jean Paul Sartre que inauguró la primera cátedra de Parapsicología en la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y con quien vivió casi tres décadas, hasta que él falleció.
Juntos esquivaron al psicoanálisis e incursionaron en otras terapias, juntos experimentaron con mescalina y otros alucinógenos del momento porque pensaban que con esas sustancias cambiarían las percepciones de los pacientes, pondrían fin a las mentiras y a la infidelidad.
Juntos cayeron presos en la ex Jefatura y quedaron en libertad; juntos tuvieron una hija, Silvana, también psicóloga, pero ligada a la espiritualidad, creadora de una Escuela de Brujas y quien le dio dos nietas: Camila y Magdalena.
"Mi hija no está en ninguna secta -aclara-, entiende a la psicología y a la sexualidad como algo sagrado, matriarcal, de diosas no de dioses".
También junto a Ricardo, Granero compartió la cátedra de Metodología de la Investigación en Psicología de la UNR y en las décadas del '60, '70 y '80, crearon varias entidades académicas ligadas a la sexualidad (el instituto rosarino de Parapsicología, el Instituto de Estudios Contemporáneos, el Instituto de Psicoterapia Moderna, la Asociación Rosarina de Educación Sexual y Sexología y el Instituto Kinsey).
Y también juntos se codearon con los popes del momento en América del Sur y en España. Entre muchos: el conductista Josep Wolpi, especializado en fobias; el colombiano Rubén Ardila, su maestra, también colombiana, Cecilia Cardinal de Martín y la cubana hija de Raúl Castro, Mariela, quien terminó trabajando por la diversidad sexual, entre otros tantos y tantas que ella muestra y sobre los que narra a partir de decenas de fotos que apila y guarda amorosamente.
"Respeto a Freud y lo estudié, fue quien nos permitió entender que se puede hacer terapia con la palabra. Pero no me interesa indagar en el Complejo de Edipo ni en el inconsciente, me interesa más abordar lo cognitivo y comportamental, tratar el sufrimiento de las personas, aquí y ahora, desde el pensamiento y las conductas, tratar de modificarlas", sostiene Granero quien se define como "una feminista pero que no quiere romper todo" y quien además de brindar talleres y posgrados en el país y en el exterior llegó a atender 10 pacientes por día hasta hace unas décadas y ahora sólo mantiene la misma cifra por semana y virtualmente, por la pandemia. Pero no para. Sigue como directora del Instituto Kinsey y Presidenta de la Federación Sexológica Argentina (Fesera).
Las mujeres fueron una rareza en las universidades pero la Facultad de Psicología de la UNR, primera en el país (luego se crearía la de Buenos Aires y La Plata), le debe justamente a una mujer su creación. La carrera tiene como acta de fundación una resolución fechada el 6 de abril de 1955. En la editorial de La Capital de Rosario del día 15 de marzo de ese año se anuncia bajo el título “Una nueva creación cultural…la carrera de psicólogo… que se cursará por vez primera en nuestro país…”.
La autora del proyecto fue Erminda Benítez de Lambruschini, pionera en los estudios y prácticas de la psicología y la psicotecnia (análisis del individuo con pruebas de orientación y selección) en la región, su primera directora y una de las redactoras del primer Plan de Estudios de cuatro años de duración que preveía el doctorado.
La primera promoción de graduados en Psicología de Argentina , según una investigación de Félix Temporetti, estuvo integrada por 18 mujeres y tres varones.
En septiembre de 1955 se produce un golpe militar de la Revolución Libertadora que traería nuevas figuras en todo el marco político-institucional argentino y con represión borraría todo lo precedente. Así se anunció la designación de una comisión para "reestructurar" el plan de estudios de la carrera de psicólogo.
No serían las únicas marchas y contramarchaspara Psicología y la Universidad toda: en 1966 con rúbrica del presidente de facto Onganía ocurrió la "Noche de los bastones largos" lo que propvocó renuncias, cesantías y migraciones docentes y en 1976 comenzó la dictadura militar más cruenta del país.
En 1984, con el regreso de la democracia, empezaría el período de "normalización" universitaria, pero desde unos años antes y hasta 1986 trabajaron, por primera vez en la UNR psicólogas con perspectiva de género y ya identificadas como feministas en el Grupo de Reflexión Rosario. Lo integraban María del Carmen Marini, Iliana Beroiz, Liliana Szot y Liliana Pauluzzi (ya fallecida pero también parte del Instituto Kinsey, como Granero), entre otras tantas.
Granero fue muy amiga de otra mujer que al momento de hablar de sexualidad, hace décadas, tampoco tenía tapujos. Se trata de la fallecida médica ginecóloga Ana María Zeno, madre de la joven María Amarú Luque, a quien mataron el 6 de julio de 1976 en la Masacre de Palomitas, en Salta, bajo el mando de Luciano Benjamín Menéndez.
La historia de esa muchacha no es una más para Granero. Dice que compartió con Zeno muchos momentos y también cuando le informaron que Amarú había sido asesinada.
"Varios amigos fuimos a acompañarla a ella y a su marido a la casa, pero Ana María fue a La Capital a anunciar la muerte de su hija, para que todos se enteren. Tenía una entereza conmovedora, arrolladora, la misma que tuvo cuando fuimos en 1982 al primer Congreso de Sexualidad Latinoamericana en Paraguay, en un momento apareció el dictador Alfredo Stroessner, creo que la confundió con alguien y le dio la mano: ¡Ana María comenzó a gritar que quería que le corten el brazo! Pensé que terminábamos todas presas, pero no con ella compartimos muchas charlas, talleres y la visión sobre sexualidad, esto de poder elegir y gozar".
Y remarca esto último, lo del goce, como un logro sobre todo de la mujer. Se le recuerda que en 1996 dio una nota titulada "La sexualidad de las mujeres hoy" y se le pregunta que podría decir actualmente de ese "hoy".
"Creo que a diferencia de otras décadas hoy la mujer se defiende, denuncia, se separa, elige, sigue sufriendo, pero sabe más cómo cuidarse. Cuando yo empecé a estudiar hacía poco que había salido la pastilla anticonceptiva y muchas chicas dudaban, como hoy se duda de las vacunas, y muchas jovencitas por no tomarla o no animarse a pedirles a los varones que usen profilácticos terminaba haciéndose abortos", asegura Granero, para luego decir que "pedir a la pareja que se cuide" también fue tema de sus talleres, tanto como "el amor en los tiempos del Sida" o los de género que organizó en los '90 con psicólogos y médicos.
"Ellos iban vestidos de mujeres y nosotras de varones", se sonríe mientras muestra una instantánea como testimonio.
En 1998, Granero, a pedido de la Federación Latinoamericana de Sexología, creó los reglamentos para otorgar los títulos de sexólogo clínico y educador sexual. Y el año pasado abrió el 20° Congreso de la federación de manera virtual.
"Hoy soy una mujer de 80 años que se siente de 50, claro el cuerpo no es el mismo, pero viví intensamente y no le tengo miedo a la muerte, tal vez sí al sufrimiento. Ya empecé a regalar libros: tres mil di, porque ya los leí, los estudié y sé que no los releeré", cuenta la mujer que hace años se abrió camino por donde algunas no podían o no se animaban y parece haber vivido varias vidas en una sola. Como su gata negra Simonetta.


