Una familia fue despojada de sus ahorros en un atraco en su casa de barrio Belgrano ocurrido el domingo a las 5 de la mañana. “Quedate tranquila, solo vine por la plata que sacó tu marido de la venta del auto en el taller”, la despertó a punta de cuchillo un hombre joven a Gabriela, una maestra jardinera de 53 años que vive con sus hijos y sus padres en una casa de Solís al 900. El ladrón había ingresado luego de arrancar la reja de una ventana del comedor que da al frente.
Al parecer el hampón y tres cómplices buscaban 2 millones de pesos que supusieron que la familia tenía en la casa. Pero ese dinero nunca estuvo allí porque, al parecer, la casa apuntada en ola misma cuadra era otra. No obstante los ladrones huyeron con unos 1.000 dólares, 113 mil pesos y otras pertenencias. “Era dinero ahorrado más el sueldo de mi hija, algo de mi hijo y plata de mis padres”, contó Gabriela angustiada.
Según vecinos de la cuadra, en la zona hay un hombre que trabaja como mecánico y habría vendido un auto ese fin de semana. “Me hablaban del taller, decían que mi marido es mecánico, pero yo estoy separada y mi ex no tiene taller ni es mecánico”, aseguró la víctima.
La casa asaltada tiene dos plantas y está pegada al terraplén del paso a nivel de Solís entre Marcos Paz y Casilda. Allí viven la maestra, sus tres hijos (un varón y dos mujeres) y sus padres ancianos. En la cuadra se conocen todos. El domingo a la madrugada nadie oyó cómo arrancaron la reja, levantaron una persiana y abrieron una persiana para entrar.
Los ladrones fueron directo a la habitación de Gabriela en la planta alta. “Me despertó un hombre y me dijo que quería la plata. Después fue a la habitación de mi hijo y en el pasillo apareció el otro, también joven y con un pasamontañas. Al rato vi a otro igual, todos entre 20 y 25 años, vestidos de negro y sin armas de fuego. Siempre mostraron un cuchillo y una cuchilla de cocina que era mía”, relató.
Los ladrones se movieron con tranquilidad y al parecer había un cómplice en la puerta como campana. “Una vez que me despertaron me llevaron a la habitación de mi hijo de 20 años. Le dijeron que les diera la plata; él tenía 50 mil pesos de las propinas de los mozos del bar donde trabaja. Ese dinero tenía que repartirlo el lunes y se lo sacaron. Una de mis hijas tenía su sueldo en un bolso y se lo llevaron también”.
En la planta baja, y junto al comedor por el que entraron los ladrones, duermen los padres de Gabriela, de 88 y 85 años. Ellos no escucharon los movimientos de los ladrones ni los ruidos que hicieron para entrar a la casa.
Momentos de nervios
“Después nos bajaron con mi hijo a la habitación de mis padres. A él lo sentaban y lo paraban permanentemente y lo amenazaron con que si no entregábamos la plata le iban a cortar un dedo. Mi madre tenía un monedero con 13 mil pesos y yo se los di. Entonces pasó algo raro: el ladrón se asustó mucho porque yo estaba nerviosa y se lo di muy rápido, entonces me dijo que me moviera lento y le avisara cada movimiento”.
Una vez que lograron llevarse el botín los ladrones dejaron a la familia en la habitación. “No nos trataron mal, sólo esa amenaza, pero estaban confundidos. Nunca hubo dos millones en casa. Me llamó la atención que alguien los llamó a un celular varias veces y en la última el ladrón insultó a quien le hablaba”, aseguró la víctima.
Los delincuentes huyeron por una puerta lateral que da a la vía y nadie en la zona los vio. “Me falló la alarma, porque tengo rejas por todos lados. Por suerte no me mataron al perrito”, dijo la mujer mientras esperaba al flete que había traído a su casa una puerta nueva para el patio y mostraba la reja recién colocada del frente de su casa.