Impresiona el pesimismo con el que habla, pero mucho más la flema con la que dice que una Tercera Guerra Mundial es posible, que podría ocurrir en cualquier momento y que todos moriríamos.

Por Alejandra Rey
Impresiona el pesimismo con el que habla, pero mucho más la flema con la que dice que una Tercera Guerra Mundial es posible, que podría ocurrir en cualquier momento y que todos moriríamos.
Pavada de declaración. Y sin que se le mueva un músculo.
Es Ken Follett el que habla, el inglés nacido en Cardiff hace 72 años y que se harta de vender libros en todo el mundo (172 millones de ejemplares de todas sus novelas hasta el momento), que llegan al cine, a la TV, a la mesita de luz y es la alegría de cualquier librero: salva el día, la semana y el mes con las ventas.
Es que Follett, incansable investigador, acaba de sorprender a todos con su nuevo trabajo Nunca (Never), que publicó Plaza & Janés, cientos de páginas en las que vuelve al pasado, a la Primera Guerra Mundial -la más sanguinaria de la historia de la humanidad- y teje a partir de detalles nimios una serie de conjuras que llega a nuestros días.
La obra fue escrita durante la pandemia y la presentó ante periodistas de habla hispana a través de un meeting virtual del que participó La Capital.
Impertérrito, casi tímido, con escasas sonrisas y mucha caballerosidad, este inglés exitoso contestó las preguntas de los convocados y advirtió que uno de los peores fracasos de los últimos años fue la Cumbre del Clima de Glasgow porque, jura, no se decidió nada importante e igual nadie va a hacer nada.
Es decir, si el lector pretende una mirada linda, fresca, optimista, alegre sobre el porvenir del planeta, sugerimos que se prive del bueno de Follett y encare a algún mesías new age de los que sobran. Pero si tiene en mente una lectura ágil, misteriosa, febril y angustiante, ha dado con el inglés indicado.
Para más pistas y resumiendo, para escribir Nunca el autor recurrió a hechos acontecidos durante la Gran Guerra (1914-1918) y que parecen banales, como por ejemplo que ninguno de los líderes de las naciones que participaron en la contienda quería una guerra en Europa, pero cada uno de ellos tomó decisiones, malas decisiones, que llevaron al desastre que todos conocemos.
–¿Podría volver a ocurrir?
–Sí, claramente. Incluso por accidente o porque alguno de los presidentes no está bien de la cabeza. Incluso hombres y mujeres razonables podrían llevarnos a eso. El 28 de julio de 1914 mataron al heredero del trono de la corona austríaca y eso provocó la Primera Guerra Mundial. Entonces me pregunté, ¿qué podría llevarnos a una tercera? Entrevisté a mucha gente, diplomáticos, estudiosos, académicos y me di cuenta de que hay lugares donde podría estallar la chispa e implicar a varias potencias: Ucrania, Taiwán, Cachemira, el sur del mar de China, en fin… En Nunca ocurre que las potencias logran manejar una minicrisis hasta que se produzca una a largo plazo.
Y hace memoria. Cuenta que la guerra del 14 comenzó cuando se involucró a un país pequeño y luego fue escalando y “eso podría volver a pasar. Muchas veces esas cosas se hacen para disuadir y no siempre sale como se esperaba. En fin, hay muchos ejemplos de las chispas y cómo van avanzando, cómo se toman decisiones que poco a poco llevan a algo catastrófico, como por ejemplo, por qué los japoneses decidieron en 1941 atacar a la gran potencia del mundo, los Estados Unidos, por qué los norteamericanos se metieron en Vietnam, cómo tan estúpidamente los americanos se metieron en una contienda que organizó George W. Bush, el peor presidente, el más incompetente que tuvo Estados Unidos en cien años, es decir, yo no ofrezco las respuestas, pero sí intento explicar cómo pueden ocurrir las cosas y de eso habla el libro con protagonistas ficticios que toman decisiones que cambian el mundo”.
Nunca se extiende desde el Sahara hasta China y los Estados Unidos en una historia atrapante –siempre que el lector ame estas historias supercomerciales y efectistas–, con un despliegue fenomenal de personajes y con una mujer como presidenta de Norteamérica, novedad para la potencia que ha demostrado no poder salir todavía del closet machista.
“Se puede establecer hoy en día un paralelo entre Washington y Pekín, estamos hablando de cosas que pueden ocurrir, la presidenta norteamericana republicana trata de defenderse de los ataques nacionalistas de su rival chino que, si bien es progresista, tiene el aval de la línea dura del partido comunista. La mayor parte de los líderes del mundo tienen que combatir ideas radicales dentro de sus propios partidos –dice Follett desde Londres, sentado frente a cámara y dando la espalda a una biblioteca enorme–. En fin, la historia está llena de momentos en que los países escalaron un poco hasta desatar una contienda. Y en el libro se ve que hasta se puede llegar a una guerra nuclear, lo que se sabe solo en la última página y les pido que no se lo cuenten a nadie”.
–A su juicio, ¿cuál es actualmente la amenaza para que se desencadene una nueva guerra mundial?
–Hay muchas posibilidades. Toda mi vida he vivido con la amenaza de una nueva guerra, pero hay otras cosas preocupantes, como la amenaza del clima o de los virus que pueden matar a toda la humanidad. Yo creo que hoy en día hay muchas amenazas que pueden terminar con todo, no solo la nuclear, y que está creando un entorno de miedo, de peligro, de ataque a todos; la peor de todas es la amenaza nuclear y no necesariamente por parte de un presidente, sino el tipo de amenaza que proviene de decisiones ingenuas que pueden llevar a una conclusión terrorífica.
–¿Qué consecuencias va a tener la nueva normalidad en el proceso creativo? ¿Influyó la pandemia en la escritura de esta novela?
–La mayor influencia de la pandemia es que yo no tuve otra cosa que hacer más que escribir y, por lo tanto, lo hice a mucha más velocidad que para otros libros. En cuanto a lo primero, esta pandemia me ha llevado a pensar que efectivamente el mundo está en peligro. Por otra parte, la pandemia me impidió viajar… Normalmente me gusta ir a los lugares sobre los que escribo. Afortunadamente había estado en China, en Washington muchas veces, otras muchas en la Casa Blanca, pero nunca en Chad, por ejemplo, así que tuve que fiarme de datos, películas y Google Earth y de gente que conoce el Sahara y que sabe cómo se organizan los yihadistas para sus delitos. Hay allí dos crímenes fundamentales: el secuestro de personas y el tráfico de drogas.
–En la Primera Guerra Mundial murió el 60% de las personas que participaron. ¿Con las armas que hay ahora la masacre sería de dimensiones inimaginables?
–Sí, claro. Masacre es una palabra perfecta y, de hecho, la presidenta norteamericana tiene una conversación donde la hija le pregunta cuántas personas morirían en un ataque al país y responde 160 millones en el primero de los ataques, una cifra que no se ha visto antes, es decir, una Tercera Guerra Mundial sería más catastrófica que cualquier cosa que hayamos visto en el pasado.
–¿No le parece que lo que resulta verdaderamente asombroso es que desde 1945 ningún loco de los que nos han gobernado haya usado un arma nuclear contra el resto de la humanidad?
–Es verdad, tiene razón, es bastante sorprendente y es porque hemos tenido suerte… Fíjese, nunca les damos las gracias a los políticos, siempre los criticamos… a lo mejor deberíamos agradecerles a los políticos del mundo por no haber aceptado las armas nucleares en aquellas guerras. Ahora desafortunadamente hay muchas armas nucleares, cada vez más países las tienen y creo que más temprano que tarde van a utilizarse. Hubo un momento maravilloso en los 80 y 90 cuando empezamos a reducir la cantidad de armas nucleares en el mundo y muchos habrán pensado que era un proceso que seguiría, pero lamentablemente no pasó y ahora hay más armas nucleares que nunca y vivimos bajo su sombra.
–Hay un momento en la novela en que se dice que los Estados Unidos deben estar dirigidos por un hombre. ¿Cree que sigue ese pensamiento machista en la política?
–Creo que sí. Una de las razones por las que hice que el presidente sea mujer fue para que sea más razonable y moderada que un hombre, porque nosotros siempre estamos más dispuestos a una pelea que las mujeres. Y después está ese otro personaje que es lo contrario, más como Donald Trump, que dice para qué tenemos armas nucleares si no las usamos. Creo que ahora tenemos suficientes mujeres que dirigen el mundo. Es verdad que tuvimos una Margaret Thatcher, pero no todas son así.
–¿Los personajes del libro corresponden a gente que usted conoce?
–No, empiezo siempre con la historia y luego creo los personajes. Porque el problema de basar un personaje en la gente normal es que la gente normal a veces no haría lo que yo quiero que hagan en la historia, entonces prefiero inventarlos para poder controlarlos más.
–Tomando en consideración la temática de la novela y la pandemia, ¿es optimista respecto del futuro?
–En general soy una persona optimista, pero en este caso no me siento muy optimista. Somos muy lentos para tomar decisiones. En mi país (Inglaterra) la pandemia ha hecho estragos. ¡Parece que nunca vamos a hacer las cosas que debemos hacer! Volviendo al libro, hay otros países importantes como Corea del Norte y algunos africanos que están involucrados. He dejado fuera Europa porque en una crisis como la que describo no vea que pueda hacer nada, ni bueno ni malo. Yo creo que Europa se convertirá en la mayor potencia económica, pero nunca militar.
–¿Cómo se puede detener a los falsos profetas que dominan el mundo?
–Bueno, me sorprende que haya gente que vote para perder su libertad, como Turquía. Fíjese que Erdogan ganó las elecciones, no hizo un golpe de Estado, y los turcos ya no son libres. Algo similar ocurre en Polonia o con el expresidente Trump, todos han sido elegidos libremente y esto es algo nuevo, no recuerdo realmente un caso en que la gente haya votado para perder la libertad. Yo no puedo comprender a gente que vota a líderes que están cada vez más cerca del fascismo.
-Además de lo nuclear está la amenaza del colapso climático. ¿Tiene alguna esperanza después de la cumbre de Glasgow?
-No. Estoy decepcionado con lo que ha ocurrido allá, porque no se toman las medidas adecuadas. La pregunta que me hago es cuándo va a despertar la gente y darse cuenta de que tenemos que hacer sacrificios de algún tipo. Las medidas que se adoptaron son inadecuadas y nadie las va a cumplir.
-Muchas cosas cambiaron durante la Primera Guerra Mundial. ¿Qué cambios traería una tercera?
-A corto plazo y a largo plazo, lo mismo: todos moriremos. Sería el fin de la humanidad.

