La foto es del 5 de mayo de 2019. El escenario es el Hipódromo de Rosario y en el centro del retrato está Burleske, un caballo pura sangre que acaba de ganar la novena carrera en lo que la prensa hípica llama “un final apretado”. Montada encima del animal, una joven menuda, vestida con una buzo a rayas sonríe y levanta su pulgar derecho. Hay otras doce personas en la foto, nueve son varones.
“Graciela Calderón ganó debutando en Rosario y da otro toque femenino al turf”, dice el titular de la noticia del portal “Todo Galope”, ilustrada con la fotografía en la que Graciela, de 19 años, festeja rodeada de su familia, amigos y el dueño del caballo. Calderón es un apellido muy conocido en los hipódromos. Graciela es la tercera generación dedicada a trabajar con pura sangre y también la primera mujer del clan que se atrevió a hacerse lugar en una actividad tradicionalmente dominada por los varones.
Graciela, la primera mujer recibida de jocketa en el hipódromo del parque Independencia
Video: imágenes Celina Mutti Lovera, producción periodística Carina Bazzoni, edición Andrés Mancini.
Para ella, dice, todo esto se dio casi de forma natural. A los cinco años se subió por primera vez a un caballo, siguiendo los pasos de su abuelo. Después, ya de adolescente, empezó a observar milimétricamente cómo trabajaba su papá, especializado en jineteadas y doma. “Hasta que un día me animé a andar en un caballo puro”, cuenta. Entonces intuyó que ya no tenía vuelta atrás.
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Apenas fue mayor de edad, se anotó en la escuela de jockey y aprendices Don Angel Oscar Baratucci, reinaugurada en 2014 en el hipódromo del parque Independencia. Ese año empezaron las clases once estudiantes, sólo una era mujer. En la actualidad, hay 17 alumnos, 3 son mujeres.
Pero las asimetrías no terminan ahí. De todas las personas que cursaron en la escuela se recibieron dos mujeres: Graciela Calderón, que obtuvo la patente de jocketa aprendiz en el 2019, y María Eugenia Schneider, quien obtuvo su título a finales de 2019 y debutó en una carrera en marzo de 2020.
“La escuela siempre fue mixta, pero la profesión siempre fue mayormente de hombres”, relata Martín Mussulini, encargado hípico del hipódromo de Rosario, quien considera “un gran avance” para el turf la profesionalización de mujeres.
La patente de jockey aprendiz permite empezar a correr carreras en todos los hipódromos del país. Para subir de categoría, pasar a la de jockey, hay que ganar 120 carreras. Graciela ya lleva seis carreras oficiales ganadas, con cuatro más ya podrá correr en Palermo. Una situación que la pone en el radar de los dueños de los caballos, más proclives a elegir a varones para correr a sus animales. “Muchas veces recibí críticas, gente que me dijo que este era un deporte sólo para hombres, que la mujer no tenía futuro en el turf, que no tenía fuerza para manejar un purasangre de 500 kilos”, recuerda actualmente con algo de distancia y muy convencida de que las mujeres tienen mucho que aportar al turf.
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“La presencia de mujeres aporta igualdad”, remarca y festeja que “ahora la gente se está dando cuenta y se están sumando más chicas que antes no salían, quizás por miedo a que se burlen de ellas o que les digan que parecen un macho o muchas otras cosas peores. Pero creo que más chicas tendrían que animarse, porque nos sobra capacidad y coraje”.
Esta nota forma parte de una serie de reportajes que La Capital realizó en el marco del 8 de Marzo tradicionalmente reconocido como el Día de la Mujer Trabajadora y retomado por los movimientos feministas en los últimos años como una jornada de lucha de mujeres y diversidades donde se lleva adelante el Paro Internacional y Plurinacional de mujeres, lesbianas, bisexuales, travestis, trans, intersex, identidades no binarias, personas con discapacidad, afros, originarias e indígenas y se visibilizan las luchas de las mujeres e identidades femenizadas no solo en los ámbitos laborales, sino contra todo tipo de discriminaciones y violencias. "Una en medio millón", cuenta las historias singulares de mujeres que abrieron caminos y lo siguen haciendo en espacios históricamente masculinizados y toma el dato de la población estimada de mujeres que habitan la ciudad, algo más de 522 mil de acuerdo a las estimaciones para el 2018.