Nunca había visto a Spinetta tocar en vivo. Para cuando estaba con Almendra o con Pescado Rabioso no tenía edad para ir a recitales. Y cuando vino a presentar “Durazno sangrando” a La Comedia (yo ya tenía 14 recién cumplidos), lo escuché a medias, sentado en el cordón de la vereda de la cortada Ricardone y Mitre porque no me alcanzó la guita para comprar la entrada. A pesar de eso canté el tema que daba nombre al disco de punta a punta.
Cada quince días, rigurosamente, compraba con mis ahorros la revista Pelo, donde había leído que Invisible iba sacar un disco nuevo, el tercero de esa formación y el noveno en la carrera de Spinetta. Finalmente se supo que el concierto donde se presentaba el nuevo material iba a ser en el Club Sportivo América y corrí a comprar la entrada.
Llegamos al atardecer a la calle Tucumán 2159 con mi amigo Dermidio un primaveral viernes de fines de 1976 y mientras esperábamos que habilitaran la entrada vimos a los músicos de Invisible sentados en el bar del club. Estaban ahí, tomando algo, haciendo tiempo, esperando el showtime después de la prueba de sonido para tocar por primera vez en Rosario “El jardín de los presentes”.
Recuerdo que nos llamó mucho la atención, particularmente, la juventud de Tommy Gubitsch, que apenas tenía cuatro años más que nosotros.
Entre el público que esperaba que abrieran las puertas vimos pasar en distintos momentos a Juan Carlos Baglietto, Rubén Goldín, Danielito González y Chiquito Gómez. Pioneros de la escena rockera rosarina, estaban todos allí, al igual que nosotros, para disfrutar de una obra maestra del rock argentino.
Finalmente, las puertas se abrieron y fuimos ingresando despacio y ubicándonos frente al escenario. Cuando todos estuvimos adentro, comenzamos a entonar el “ooooh oh oh oh” característico de los recitales.
Los músicos entraron desde atrás caminando entre nosotros, subieron al escenario y arrancaron con “El anillo del Capitán Beto” y “Los libros de la buena memoria”.
Pasaron el disco completo y también tocaron “La llave del Mandala” y “Lo que nos ocupa es esa abuela, la conciencia que regula el mundo”. La voz del Flaco siempre me conmueve hasta las lágrimas.
Si la juventud de Gubitsch nos había sorprendido antes del show, su virtuosismo en la guitarra nos dejó con la boca abierta. Cuando interpretaron “Alarma entre los ángeles” la gente lo ovacionó varias veces antes de terminar el tema. Gubitsch había tocado con Rodolfo Mederos y Generación Cero antes de Invisible y después con Astor Piazzolla y su Octeto Electrónico. Posteriormente tuvo que exiliarse en Francia y desarrolló toda su carrera en Europa, pero en la Argentina había construido un puente indestructible entre el tango y el rock.
El final del concierto fue con un demoledor “Perdonado (niño condenado)” y no pude evitar la congoja por el “viejo perro blanco”. Todavía hoy, cada vez que escucho esa canción, evoco aquella noche y se me hace un nudo en la garganta.
En medio de tanta oscuridad que se avecinaba, Luis Alberto, con Invisible, había convertido Sportivo América en un jardín y todos los que allí estuvimos presentes nos llevamos inscripto un signo del alma en nuestros corazones y nuestra memoria.
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Ya me estoy volviendo canción
Se cumplen diez años de la muerte de Luis Alberto Spinetta, impactante creador y faro de la música argentina. Aquí un apunte de presentaciones suyas en Rosario, desde las primeras hasta la última en el Parque España.
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