Los botines que Diego Maradona utilizó contra Bélgica en las semifinales de México 1986. La campera que el astro lució en el calentamiento más famoso en la historia del fútbol. El banco del vestuario en el que se cambió durante sus años en Italia. Un par de camisetas de Newell’s. Esos tesoros y muchos otros más permanecen guardados en un sótano del barrio de Secondigliano, a media hora del centro de Nápoles.
En la previa al segundo aniversario de la muerte del ex futbolista, mientras crece la expectativa por el Mundial de Qatar, Ovación accedió al museo de los Vignati, testigos privilegiados del paso de Maradona por el club italiano. Allí, en un espacio de 25 metros cuadrados, se guardan objetos de la más variada especie, de un valor incalculable.
“Diego se ama, no se vende”, afirma durante la bienvenida Massimo, quien se emociona hasta las lágrimas cada vez que recuerda su infancia junto al Diez. Su padre, Saverio, fue el encargado del estadio San Paolo (hoy bautizado en honor al argentino) durante más de tres décadas. En los años más dorados del Napoli, generó un vínculo directo con Maradona, al punto que su esposa fue adoptada por el ex futbolista como su “madre napolitana”.
El lugar no figura en las guías turísticas ni en los mapas oficiales. Sin embargo, tiene las puertas abiertas para quien quiera conocerlo. Eso sí: habrá que desviarse de la ruta tradicional maradoneana, esa que marca el panteón del quarteri spagnoli o el bar Nilo como puntos centrales. “Este es el museo del pueblo. Del pueblo napolitano y del argentino”, dice Massimo.
Difícil no sentir piel de gallina en la antesala del museo. Un mural recibe a los visitantes en la puerta del edificio, llamando a la unidad extracontinental: “La distancia nos divide pero el ADN nos une. La historia continua”.
La camiseta de Newell's
Afuera, una calle cualquiera en una de las ciudades más icónicas de la liturgia futbolera mundial. Adentro, un verdadero santuario. La magia se percibe apenas se ingresa por las escaleras, cuando la imagen de Maradona irrumpe en fotos, banderas, afiches y camisetas.
“Diego es mi hermano. Para mí es todo. En Nápoles es un Dios”, explica Massimo, en un discurso se escuchó repetidamente entre varios ciudadanos locales. “El vino aquí a luchar. Nos puso en el mapa”, cuenta Valeria, una guía turística que diariamente recorre las calles del quarteri spagnoli, el barrio que alberga el santuario más conocido de Maradona, testigo de uno de sus últimos milagros: en el lugar iba a erigirse un edificio, pero el amor de la gente pudo más y el emprendimiento se detuvo, para que cualquiera pueda dejar su ofrenda al Diez.
El museo de los Vignati guarda muchos tesoros, pero quizás uno de sus objetos más valiosos sea el botín con el que Maradona marcó dos goles contra Bélgica en el Mundial de Mexico 1986. Apenas detrás de ellos se encuentra otra reliquia, de gran valor para la ciudad de Rosario: una de las camisetas que el astro usó en su paso por Newell’s.
Luego de mandar un saludo al pueblo argentino, Massimo deja la posta a su hermana, quien muestra una a una la ropa que Maradona donó a la familia. Hay camisetas de Napoli, de la selección argentina y también otra con los colores del club leproso. También la mítica campera usada por el astro en la previa al partido con el Bayer Munich, que al ritmo de “Live is Life” se viralizó a través de YouTube.
La visita no dura más de media hora, pero la emoción queda en el cuerpo por bastante más. A poco de cumplirse dos años de su muerte, Maradona sigue más presente que nunca en el alma de los napolitanos, que lo siguen venerando como una verdadera deidad, “un San Genaro 2.0”, como se puede escuchar en las calles locales.