Héctor Gómez Machado, quien había estudiado Derecho y se recibió de abogado en la Universidad Nacional del Litoral, fue también un entusiasta militante de la Unión Cívica Radical, Comité Nacional, en la que siempre estuvo vinculado a los sectores yrigoyenistas. De allí que se contara entre los fundadores del legendario Movimiento de Intransigencia y Renovación, aquel que fijara su posición en la ya histórica Declaración de Avellaneda de 1945 y que en 1948 accediera a la conducción nacional del radicalismo, cuando eran sus principales figuras Ricardo Balbín, Arturo Frondizi, Moisés Lebensohn, Roque Coulin, Oscar Alende y Crisólogo Larralde. Un par de años después de la caída de Juan Perón, en 1957, cuando la Revolución que se autodenominó Libertadora llamó a elecciones, la convención de la UCR reunida en Tucumán proclamó la fórmula presidencial Arturo Frondizi-Alejandro Gómez, lo que produjo la división del partido, ya que otro sector alzó la candidatura de Ricardo Balbín y Santiago del Castillo, identificándose Gómez Machado con su entrañable amigo Frondizi, que triunfaría en los comicios del 23 de febrero de 1958.
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Digno de mención es el hecho de que el primer acto público en apoyo de la candidatura de Frondizi tuviese lugar, en 1957, en su residencia de Carcarañá, que hasta que fuera demolida por Molinos Juan Semino en el año 2011, para ampliar sus instalaciones, era conocida como “la casa de Gómez Machado”. Y gracias al testimonio de un amigo de quien esto escribe entonces adolescente, Justo Peralta, cuyo padre, don Horacio, era un popular caudillo radical de Cañada de Gómez, llevado por él a esa proclamación, le es posible acotar que en la oportunidad hablaron Sylvestre Begnis, Gómez y Frondizi.
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La casa de Mr. Hall, luego de Gómez Machado en Carcarañá, demolida en el 2011.
La casona perteneció inicialmente a Alanson S. Hall y estaba emplazada en los denominados “Terrenos del Molino”, instalado por él en 1875 en sociedad con el ingeniero Tomas Thomas –el galés que dibujó sus planos y mandaría erigir al norte de las vías su propia mansión, la Manor House–, Enrique Hill y Esteban Füller. Esa propiedad pasó después a manos de “las Bayo”, hermanas descendientes del honesto gobernador Servando Bayo, el rosarino que creara el Banco Provincial de Santa Fe, y más tarde de un viejo y consecuente militante radical, José Antenor Gómez, el padre de Gómez Machado, quien había sido diputado durante la segunda presidencia de Hipólito Yrigoyen, a partir de 1928 y hasta el golpe militar que lo derrocara, el 6 de septiembre de 1930.
Cuando Frondizi asumió la Presidencia de la Nación, el 1º de mayo del 1958, a Héctor Gómez Machado, elegido diputado por Santa Fe, lo distinguieron sus pares de la Ucri encargándole la conducción del bloque legislativo. Años después, la revista Primera Plana expresó, el 19 de mayo de 1964, que quien entonces lo seguía orientando era “el veterano santafesino Héctor Gómez Machado, que fue presidente de la bancada radical intransigente entre 1958 y 1962”. Ese lúcido análisis agregó, además, que “reconocían a Gómez Machado como su líder parlamentario. Es el estratego del bloque. Su autoridad se visualiza en el recinto, donde se constituye en eje de la acción frentista. Sus preguntas son las más temidas ahora por los testigos que concurren a declarar a la comisión investigadora de los contratos petroleros: «Nunca se puede saber hasta dónde quiere llegar; nadie entiende para qué hace una pregunta hasta que no hace una segunda y una tercera: a la cuarta, su contrincante ya está confundido y desorientado», confesó el amigo de uno de los testigos. En las conversaciones privadas se adapta con casi inverosímil flexibilidad a la psicología y a la ideología de su interlocutor. (…) es el jefe de estado mayor y traza las tácticas”. Al modificarse la Constitución de la provincia, en 1962, Gómez Machado se desempeñó como presidente de la Convención reunida a tal efecto, y debe recordarse que ya había sido también convencional en1949, cuando se reformó durante el primer gobierno de Perón la Constitución nacional.
Derrocado Frondizi, el 29 de marzo de 1962, como consecuencia de uno de los tan lamentables golpes militares que padeció nuestro país, el más prestigioso jurista de la Argentina de entonces, Julio Oyhanarte, que presidía la Corte Suprema de Justicia, y el hábil y experimentado político que era Gómez Machado urdieron una hábil maniobra en virtud de la cual convencieron al presidente provisional del Senado, José María Guido, primero en el orden de la sucesión presidencial –ya que Alejandro Gómez había renunciado a poco de asumir–, para que jurara como presidente provisional ante la Corte Suprema de Justicia, que presidía Oyhanarte… Aunque inicialmente Guido se resistió a aceptar la propuesta, ya que pensaba que si los militares se habían atrevido a encarcelar a Frondizi en la isla Martín García no dejarían de hacer lo mismo con él, los autores de esa idea al parecer inviable insistieron, lo instaron a trasladarse al edificio de la Corte y lograron que el juramento ante Oyhanarte fuera rápidamente anunciado por las radios porteñas, dejando atónito al oscuro general Poggi, que se aprestaba a asumir la Presidencia de facto, y a los demás militares golpistas, que optaron por suspender la ceremonia que preparaban ya que el escándalo internacional que hubiese representado deponer también al legítimo sucesor del presidente preso hubiese resultado insoportable para el virtual gobierno militar a instalarse. Años después, al morir en 1977 ese notable presidente de la Corte Suprema, el diario La Nación elogió “la celeridad con que Oyhanarte ideó y ejecutó la fórmula sucesoria que llevó a la Presidencia de la República al doctor José María Guido, a quien tomó juramento en la Corte el 29 de marzo de 1962, (que) cerró ese año el camino a una quiebra abrupta del orden institucional y salvó el hilo de la continuidad de las instituciones democráticas”. Otros testimonios de aquel apasionante episodio señalan la decisiva participación de Gómez Machado en esa “estimulante lección de responsabilidad política” que impartió Oyhanarte, quien “tenía un talento poco común para la formulación del pensamiento jurídico en relación con un caso o una situación determinada”.
Cabe hacer una digresión para acotar que cuando quien esto escribe comenzó a frecuentar Carcarañá, a partir de 1964, tiempo en que participó allí de la comisión pro-escuela secundaria pública y se contó entre sus profesores fundadores, no dejó de observar con interés, desde el ómnibus, la antigua casona de Gómez Machado, quien había nacido en 1917 y murió en Rosario el 16 de mayo de 1991, cuando tenía setenta y cuatro años de edad. Y como también conocía lo precedentemente narrado respecto de las antiguas moradas del entonces pueblo, que la aristocracia rosarina frecuentaba en sus veraneos desde fines del siglo XIX, además de la actuación política de Gómez Machado, antes, durante y después del derrocamiento de Frondizi, más de una vez pensó en la riqueza de los recuerdos, las vivencias y los secretos políticos que debía atesorar el morador de esa descuidada casona, lamentando ahora no haber intentado entrevistarlo alguna vez para tratar de hacérselos evocar y recopilarlos… Pero además, muy pronto tomó conocimiento de un par de historias acontecidas en esa casa, aunque no puede precisar ahora cómo llegó a su conocimiento la primera de ellas, según la cual Gómez Machado habría ordenado en su juventud que se tapiara una ventana de su planta alta, sin que recuerde tampoco el motivo de esa decisión. La segunda, refiere que él y su esposa Hilda Barrera, abogada y poeta, y sus dos hijos mayores, Hilda Susana y Antenor, algo antes de 1970 padecieron la terrible muerte de la menor de los hermanos, Adelita, que se electrocutó en la terraza… Es que, al igual que otras mansiones demolidas, la Manor House de Tomas Thomas y el palacio de los Pessan-Carranza Saroli, la casona que fuera inicialmente de Mr. Hall tuvo también sus historias, sus sucedidos y leyendas que aureolan con su encanto al Carcarañá de ayer, y hasta sirvió de sede para el inicio de una campaña presidencial…
Ahora, ante la carencia de talentos políticos que padece el país, quien escribe no deja de añorar el desempeño de hombres tan lúcidos y comprometidos como Julio Oyhanarte, Héctor Gómez Machado y el propio Frondizi que, cuando el 12 de octubre de 1963 José María Guido entregó la banda presidencial a Arturo Illia, todavía seguía preso, ya no en Martín García, sino en el sur argentino, seguramente como castigo infligido por olvidables figuras de nuestro Ejército incapaces de comprender su inteligente proyecto, su amplitud de miras y su transformadora acción de gobierno.