El rol del docente, el modo de dar clases, los procesos de enseñanza, los horarios de ingreso, el tiempo en la escuela, las formas de estudiar de los jóvenes, la incorporación de la tecnología y la financiación del sistema educativo son temas que están en debate al interior de cada comunidad como también en el proceso electoral, donde mucho se habla de estas cuestiones. En este contexto, desde algunos sectores es postulado el desarrollo educativo de Finlandia como un ideal a seguir, como una organización de la cual se podrían tomar los principales rasgos para intentar delinear un nuevo esquema escolar en la Argentina.
Merja Sippula es finlandesa, es docente universitaria en ese país europeo y pasó por Rosario invitada por la Unidad de Gestión de Proyectos Estratégicos de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) para compartir una clase en la Facultad de Ciencia Política y conversar sobre su estadía en el país, impulsada por una beca para traducir el “Martín Fierro” al idioma finés (ver aparte).
Aunque el tema de su llegada a la Argentina está relacionado con su trabajo como traductora, una veta más artística centrada en indagar en el lenguaje gaucho que le da origen al Martín Fierro, una y otra vez es consultada por el sistema educativo donde trabaja, ya que es profesora universitaria de lengua española de la Universidad de Jyv„skyl, Finlandia.
Merja habla perfecto español y se entrega a una charla sincera con La Capital para contar algunos aspectos que se diferencian del sistema local: “En Finlandia los niños empiezan la primaria el año que cumplen siete años. Ahora se incorporó que el año preescolar, o sea, cuando cumplen seis años, sea también obligatorio, antes era voluntario. La primaria dura seis años. Luego son tres años de secundaria obligatoria. Y ahora se agregó otro cambio que apunta a que los jóvenes que cumplen 16 años puedan seguir estudiando. O sea, hasta los 18 años tienen ahora el derecho y por otro lado el deber de estudiar”.
Ese tiempo de estudio es obligatorio y gratuito. “Después de los 3 años de secundaria —agrega— son dos más que pueden ser en bachillerato o en escuelas vocacionales, de oficios. El ritmo de estudios en el bachillerato es individual, y para completarlo a los alumnos les suele tomar de 2 a 4 años. En las vocacionales se estudia, por ejemplo, logística, electricista o peluquero, son trayectos más cortos, de 2 o 3 años”.
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“El maestro o profesor tiene que tener un nivel de master, es una profesión donde se exige formación universitaria de alto nivel”, afirma Sippula.
Ya en referencia a los institutos de educación superior, Sippula explica que tienen una financiación mixta, con aportes privados y estatales, aunque se consideran instituciones públicas. “Hay muchas universidades. En Finlandia, antes las universidades eran del Estado. Hace un poco más de diez años cambiaron la ley. Las universidades ya no dependen tan directamente del Estado como antes, aunque la gente piensa que sí. Hoy en día tienen más independencia, pero siguen recibiendo financiación del Estado”, explicó para aclarar que “universidades privadas con pago por matricularse no hay, son todas públicas. No tienes que pagar ni para ir a la primaria, ni la secundaria, ni la universidad”, apunta.
“Las escuelas primarias y las secundarias en Finlandia son municipales. Son las ciudades y los pueblos los que se encargan de organizar la educación a nivel primaria y secundaria. Pero sí hay algunas escuelas cristianas y también de pedagogía Steiner, hay algunas escuelas internacionales en la zona metropolitana de la capital que pueden ser aranceladas, pero en Finlandia lo de escuelas privadas es algo muy raro, muy poco frecuente, y, en todo caso, todas las escuelas tienen que seguir el mismo currículo nacional en su enseñanza”, agrega.
Sippula aclara además que los chicos —como en la Argentina— asisten a jardines maternales, los cuales la mayoría son municipales.”Los niños que todavía no están en edad escolar —de uno a cinco años—, asisten a centros de cuidados de día para niños, son guarderías públicas también normalmente municipales que por cuestiones prácticas son asignadas de acuerdo a la cercanía con las casas o los lugares de trabajo”.
Respecto a los horarios detalla que las clases en la primaria se dan entre las 8 de la mañana y las 3 de la tarde; y en la secundaria, entre las 8 y las 16: “No son todos los días iguales. Hay días más cortos, días más largos. Hay mañanas que empiezan a las 10, terminan a las 16. Hay otros días que empiezan a las 8, terminan a las 14”. En este punto, agrega que si bien se suele asegurar que los estudiantes no tienen muchos trabajos en casa, su experiencia indica que “sí hay bastante estudio extraescolar”.
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“Se usa mucho la tecnología, después de la pandemia, esa clase de enseñanza fue incorporada” indica la docente.
“La educación en Finlandia ya no está centrada en estudiar de memoria, aprender de memoria, sino más bien saber relacionar diferentes fenómenos, contenidos. Eso es lo que se busca, pero con tantas novedades, proyectos y currículums que hay que implementar muy rápido también hay profesores y maestros que dudan, que cuestionan y se preguntan si no deberíamos también guardar algo del viejo sistema”, señala para hablar de otro gran tema: las pantallas. “Allá se usa mucho la tecnología, después de la pandemia sobre todo, porque las clases tuvieron que darse así a distancia, y esas formas de enseñanza fueron incorporadas”, apunta.
Sippula revela que uno de los aspectos más destacados de la educación en Finlandia es la continuidad de estudio de las personas adultas. “Particularmente —cuenta la docente— me ha tocado trabajar con alumnos adultos, es decir, fuera del sistema, que es la escolarización obligatoria, existen academias populares, centros de educación para adultos que no dan formación profesional, pero sí que ofrecen diferentes cursos. Por ejemplo, yo doy clases de español y además de idiomas, hay cursos de diferentes tipos de deportes, de artesanía y manualidades, de música y artes plásticas, etcétera. No es gratuito, pero intenta mantener el nivel de las tarifas para que puedan participar quienes quieran hacerlo, y además hay ayudas económicas”.
La de Merja Sippula aparece como una voz para escuchar, para reflexionar, para tomar ideas, para intentar repensar algunas de las prácticas y de la organización del sistema educativo argentino.
Más sueldo para docentes y más capacitación
En la charla, Sippula cuenta que los maestros y profesores de Finlandia conforman la clase media de su país, pero aclara que no cualquiera es docente y describe que la formación es muy intensa y de excelencia.
“Para dar clases tanto en primaria como en secundaria —dice— el maestro o profesor tiene que tener un nivel de máster, es una profesión donde se exige formación universitaria del más alto nivel y me parece que comparado con otros países europeos, en Finlandia el trabajo de maestro y profesor sigue teniendo prestigio. Se considera un trabajo importante, no es que cualquier persona puede ir a dar clases, hace falta una formación específica y también para los jóvenes que solicitan acceso a la universidad, para ser maestro de primaria o profesor de diferentes asignaturas de secundaria, son carreras que llaman la atención, con muchos solicitantes y alta exigencia”.
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El Fondo de Cultura de Finlandia le otorgó una beca de residencia en el país.
Traducir el Martín Fierro al finés
Es la primera vez que Merja Sippula visita la Argentina, está instalada en Buenos Aires desde hace dos meses y todavía le quedan 30 días más en el país, con el objetivo de traducir el Martín Fierro de José Hernández al idioma finés. Cómo llegó a este proyecto es una anécdota en sí misma: “En 2017 desde la orquesta sinfónica de mi ciudad se pusieron en contacto conmigo preguntando si podía traducir la letra de la obra Estancia de Alberto Ginastera, porque la habían incorporado al concierto y querían que el público entendiera un poco de qué se trataba la letra. Entonces pude traducir la letra, que se basa casi 100 por ciento en algunas estrofas de Martín Fierro. Eso se publicó en el programa del concierto. Luego, en 2019, el Fondo Cultural de Finlandia anunció una nueva beca de Residencia Artística en Buenos Aires. Pude solicitar esa beca, y mandé como una muestra de trabajo esta traducción que había hecho. Y me otorgaron la beca para poder empezar con la traducción al finés de Martín Fierro. Se postergó en 2020 porque era imposible, se pospuso un par de veces. Y ahora con tres años de demora por fin estoy aquí empezando a traducir por primera vez Martín Fierro al finés”.