María Eugenia Bielsa, Marcelo Gastaldi, Matilde Bruera, Agustín Rossi, Germán Martínez, Roberto Sukerman, Marcos Cleri, Alejandra Rodenas, Gerardo Rico, Lucila de Ponti. Las reuniones a las que convocó la semana pasada el presidente del PJ santafesino, Ricardo Olivera, con la idea de comenzar a articular una estrategia de unidad de cara a las elecciones de 2023, tuvo una característica particular: la gran mayoría de los dirigentes que asistieron o fueron invitados son de la ciudad de Rosario. No estuvo el senador nacional Marcelo Lewandowski (tenía Covid), quien junto a Sukerman –que según distintas fuentes partidarias en las próximas semanas comenzará un nuevo trabajo como funcionario del gobierno nacional– parecen ser dos dirigentes llamados a protagonizar el proceso electora que viene.
El PJ de la ciudad está ante un escenario como para entusiasmar a quienes lo integran: un conglomerado de figuras políticas de peso, eventuales candidatos que ya demostraron potencia electoral y que podrían apostar tanto a la Gobernación como a la Intendencia, y –por ahora– el no peronismo dividido. ¿Podrá aprovecharlo esta vez después de tantas frustraciones? ¿Conseguirá armar una estrategia de conjunto o, una vez más, naufragará en su intento de llevar el barco hasta el Palacio de los Leones?
El año recién comienza y será de negociaciones, de diálogo. La rosca, que le dicen. Con un actor clave que no es de la ciudad pero que puede tener una influencia decisiva: el gobernador Omar Perotti. Es que no se puede pensar en una estrategia electoral para la ciudad escindida de la provincia.
El gobernador, por ahora, juega su juego. Gobierna con su círculo más cercano y tiene poco y nada de diálogo con quienes integran los otros sectores, incluso con los que fueron sus aliados en las últimas elecciones, en las que fue como candidato a senador suplente en la lista que llevaba a Lewandowski a la cabeza.
La realidad política hoy indica que no le alcanza para imponer un candidato de su riñón, como Roberto Mirabella. De hecho, no pudo hacerlo en las elecciones del año pasado. Pero es el gobernador y su opinión pesa: por los medios con los que cuenta, los recursos, y su posibilidad de negociar.
“Por ahora no da señales pero es imprescindible saber qué piensa. Él tiene que decir cuál es el plan, tiene la responsabilidad de hacerlo”, señaló a este diario un dirigente que participó de los encuentros con el titular del peronismo santafesino.
En el PJ hacen cuentas para la provincia. Como siempre, el vaso se puede ver medio lleno o medio vacío: el 33 por ciento que sacó Lewandowski en 2021 –salió segundo a 8 puntos de Carolina Losada– es un piso que puede resultar interesante. Pero también indica que hay un 67% que no votó al peronismo. Es decir que si la oposición arma el frente de frentes, el peronismo tendrá una cuesta bien alta que remontar.
¿Entonces? Divide y reinarás, sería el plan. De eso, entienden algunos de los peronistas que se sentaron con el titular partidario, debería ocuparse el gobernador. ¿Cómo? Mejorando la gestión, operando, condicionando, negociando. “Está complicado”, insisten. Y por eso prefieren no apurarse a largar nombres, aunque sí apuntan que el próximo candidato debería ser del sur de la provincia. María Eugenia Bielsa y Marcelo Lewandowski, que son aliados entre sí, cumplen ese requisito. También Agustín Rossi, pero el Chivo –que hoy es el albertismo en Santa Fe– no jugará sino que impulsará al santafesino Leandro Busatto.
El factor Javkin
En cambio, ven más favorable la situación en la ciudad, sobre todo si el intendente decide saltar a la pelea provincial: “Si Pablo no va por la reelección Rosario está de remate”. Con respecto a qué va a hacer en 2023, unos aseguran que Javkin les dice una cosa y otros otra. Acaso sea su forma de estar en boca de todos.
Lo cierto es que el electorado de Rosario suele darle a sus gobernantes la oportunidad de seguir luego del primer período: Horacio Usandizaga, Héctor Cavallero, Hermes Binner, Miguel Lifschitz y Mónica Fein fueron, con mayor o menor dificultad, reelectos. Que el actual intendente no lo intente en pos de ir por un premio mayor abre mayores posibilidades a la oposición.
Que además, en este caso, tiene a los mismos Lewandowski y Bielsa, y a Roberto Sukerman, que en 2019 perdió por menos de un punto y medio con Javkin, como postulantes realmente potentes. Se pueden sumar otros, como la vicegobernadora Rodenas, el secretario de Transporte de la Nación Diego Giuliano, y el de Turismo provincial Alejandro Grandinetti.
Si todos ponen, bien competitiva podría ser una interna local del peronismo rosarino. Que, justamente, tiene un año para armar una estrategia que contenga a los distintos sectores, que evite heridas que luego se transforman en fuga de votos, y que incluso busque sumar aliados que lo hagan más abarcativo.
En 2019, para las primarias, Sukerman intentó que hubiera en el peronismo rosarino una interna fuerte –algo que tuvo el Frente Progresista con Javkin y Verónica Irízar–, y que incluso participara Ciudad Futura. No lo consiguió. No son pocos los que creen que es necesario tenerla en 2022 para potenciar al candidato a intendente que surja de ella, y generar la expectativa de que el PJ puede lo que nunca desde 1983 para acá: ganar la Intendencia de Rosario.
Hay tiempo suficiente para construir una estrategia con vocación de poder y un antecedente auspicioso: en 2021, en la elección de senador con Lewandowski como candidato, Rosario fue uno de los pocos departamentos -tres- que ganó el peronismo en la provincia y la ciudad fue la única grande del interior del país en la que el Frente de Todos quedó primero.
Ese tiempo también lo tiene el no peronismo para construir el frente de frentes y, sobre todo, las gestiones –nacional, provincial y municipal– para desarrollar planes que durante la pandemia se frenaron o se complicaron.
Es que, al fin de cuentas, no hay mejor campaña para un oficialismo que una gestión bien valorada y no hay mejor oportunidad para una oposición que una con mala imagen. Allí también se juega este partido.