Marilyn Carballeira es la concejala chaqueña de 42 años que quedó en estado de
coma tras una lipoaspiración. Su historia conmueve a la sociedad argentina: ¿Pudo evitarse el
trágico final? ¿Qué falló? ¿Por qué una mujer acepta entrar a un quirófano y correr riesgos para
verse más linda? ¿Sabía Marilyn a qué se exponía? Las preguntas se multiplican. Casi todas tienen
respuesta.
Se calcula que en la Argentina se realizan unas 10 mil lipoaspiraciones por año.
Más de 3.000 se hacen en Rosario. Los médicos coinciden en que mayoritariamente se trata de mujeres
de entre 30 y 40 años que están en pareja y tienen uno o más hijos.
"Después de mi segundo parto por cesárea ya tenía la decisión de ir a una
cirugía correctiva de mi abdomen. No veía la hora de operarme. Jamás dudé. Mi marido y los demás
miembros de mi familia me apoyaron. ¿Si tuve miedo? Para nada. Busqué un cirujano plástico
reconocido y me puse en sus manos. El resultado es espectacular porque además de la panza me hice
una lipo en las piernas", relata la fonoaudióloga rosarina Paula Patti, de 38 años.
La lipoaspiración o lipoescultura es una operación estética que tiene como fin
modelar las zonas del cuerpo con exceso de grasa. Lo primero que advierten los especialistas es que
no sirve para bajar de peso, incluso, el máximo de grasa que se puede extraer para evitar problemas
es 4 litros y medio.
Como en toda práctica médica hay reglas que deben cumplirse para minimizar los
riesgos. Los pacientes deben saber que es fundamental que el profesional a cargo de la intervención
sea un cirujano plástico.
"Hay mucha improvisación y ciertos médicos que no cumplieron con la formación
necesaria operan igual", advierte Víctor Vassaro, presidente de la Sociedad Argentina de Cirugía
Plástica. Para corroborar la experiencia profesional del médico hay que ingresar en la página web o
llamar por teléfono a la Sociedad Argentina de Cirugía Plástica y chequear la lista de
profesionales miembros de la institución madre o de la filial de cada ciudad. "Si no está
registrado allí hay que consultar en el Colegio Médico, y si finalmente se comprueba que ese médico
no tiene la especialidad de cirujano plástico, yo dudaría mucho en ponerme en sus manos", enfatiza
Vassaro.
El otro punto a considerar es la institución donde se realizará la "lipo". La
clínica o sanatorio tienen que estar habilitados por el Colegio Médico local y "contar con los
elementos necesarios como monitoreo cardíaco y desfibrilador además de todas las normas de
bioseguridad exigidas", apunta Guillermo Siemienczuk, vicepresidente de la Sociedad Rosarina de
Cirugía Plástica.
Antes de la intervención, el médico debe pedir al paciente un control
cardiológico que debe incluir un electrocardiograma con su informe correspondiente y análisis de
sangre.
La anestesia debe estar a cargo de un anestesiólogo. También es crucial el
control médico durante las horas y días posteriores a la operación, según mencionó Gustavo
Sandiano, cirujano plástico, miembro de la entidad profesional, con 30 años de experiencia.
Otro aspecto central para evitar consecuencias indeseables son las charlas
previas con el profesional. "Es el momento en que deben evaluarse riesgos y beneficios y donde
tenemos la obligación de advertir sobre los resultados posibles. El cirujano plástico no saca lo
que quiere sino lo que puede", agrega Sandiano.
Trámites indispensables. Antes de la operación la persona recibe un cuestionario
que por lo general lleva a su casa para responder con tiempo. Siemienczuk destaca la importancia de
incluir datos fehacientes en la "evaluación pre-quirúrgica". El trámite se completa con el
"consentimiento informado", un documento que debe ser entregado con la suficiente anticipación y
por medio del cual la persona admite conocer en detalle la práctica que le van a realizar.
Los médicos coinciden: "Es más riesgoso salir a la ruta que hacerse una lipo. El
peligro es que hay gente que para pagar menos o por desconocimiento se opera en lugares no
habilitados o con médicos que no son cirujanos plásticos". A la vez advierten que abundan las
propagandas de "centros de estética" que ofrecen desde extensiones de cabello hasta
lipoaspiraciones.
En un país donde los controles no funcionan bien, la responsabilidad recae con un peso demasiado
grande en el paciente.