¿A dónde querías llegar cuando te fuiste de Rosario?

Foto: Guillermo Pérez / Artear
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¿A dónde querías llegar cuando te fuiste de Rosario?
Lo que más quería era trabajar en un diario. De hecho, soñaba con trabajar en La Capital. Me fui de Rosario con una beca de Clarín para nuevos periodistas. Fue el último año que se hizo. Me había presentado varias veces. Había mandado los papeles. Esta vez había entrado. Fue como ganarme un Premio Nobel. Para mí era un sueño trabajar en gráfica. Siempre había querido. Mi sueño central era trabajar en un diario todos los días. En general, pensaba en Política. Además, tuve una suerte muy grande por trabajar con Lanata: asistir a la constitución de muchos proyectos.
¿Quiénes te ayudaron?
El que me ayudó muchísimo para entrar a mi primer trabajo fue Rodolfo Montes, el corresponsal de La Capital en Buenos Aires, en Espectáculos y Sociedad. Me ayudó porque era vecino mío en Parque Field. Yo fui llamando a Daniel Aleart, a todos los rosarinos. No los conocía. Los llamaba y les pedía ayuda. Ahí entré a una primera revista. Después entré a Noticias, y empecé a trabajar con Lanata. Y con Lanata hice un montón de cosas. En un momento, Lanata dijo: “Voy a volver a hacer un diario”. Fue Crítica. Para mí, asistir tan desde adentro, ser tan parte de la creación del diario, fue otro sueño. De ahí me fui a trabajar a Clarín.
¿Por qué creés que te eligió Jorge Lanata?
Lo de Lanata se lo debo a Sietecase. Hacíamos unas reuniones de rosarinos en Buenos Aires. Estaban Rozín, Osvaldo Bazán, Sclauzero, una banda. Nos juntábamos a comer. Lifschitz nos había juntado una vez a todos a comer y de ahí empezamos a juntarnos solos. En un momento Lanata empieza en el diario Perfil y le pide a Reynaldo alguien, porque él tenía a Romina Manguel de investigadora. Yo hacía Periodismo de Investigación. Hago. En ese momento, lo hacía permanentemente. Reynaldo me recomendó a mí. Desde que empecé con Jorge no paré más. Si te digo por qué, es difícil sobre uno mismo. Si te digo lo que él me dijo fue porque ve a una periodista a diez kilómetros, como que ve venir caminando a alguien y sabe si es periodista o no. Siento que soy muy periodista. Tengo una constitución personal de periodista. Trabajé mucho con él. Era una época de mi vida donde lo di todo. Estaba muy copada.
¿Y por qué creés que te eligieron para conducir Telenoche?
Conducir Telenoche es un montón. Soy la tercera mujer. Cuando tomé consciencia de eso fue como enorme. Enorme. Porque es un noticiero que tiene sesenta años, tan identitario de Argentina, y ser la tercera mujer que lo conduce es un montón. Me acuerdo que, con la Facultad, fui a recorrer medios a Buenos Aires. Una vez, a Telenoche. Estaban Mónica y César. Cuando entré fue como algo superlativo. Yo le digo La Nave Nodriza a Telenoche. Me impactó muchísimo. Jamás, en ninguno de todos mis sueños, pensamientos, o proyecciones, pensaba, ni quería, ni creía que un día iba a conducir Telenoche. ¿Por qué me tocó a mí? No sé. Ahora estoy acá, y fue un caminito como muy natural en un punto. Como si de repente hubiera comenzado con Lanata, que siempre fue como un paraguas protector, que te ayudaba a jugar protegida. Y es como empezar a caminar sola y esa caminata me llevó hasta acá. Pero no sé por qué. Pero me gusta. Me siento muy bien.
¿Cómo convivís con el rating?
Diego (Leuco) y yo no lo miramos, no lo sabemos, por una decisión política que tomamos nosotros dos. Es nuestra. Lo hacemos hasta la tanda sin saber cómo nos va. Fue una decisión que tomamos este año cuando empezamos a conducir los dos. La idea es que no te opere. Para eso está el control, el productor ejecutivo, el señor César Rodríguez, que no nos dice el número. En todo caso, si tiene que bifurcar lo va haciendo él, si ve que algo no funciona.
¿Cómo interactúan tu estabilidad afectiva y tu estabilidad profesional?
Este año es una demanda distinta. Siempre tuve mucha demanda laboral. Antes de ser madre mi dedicación al trabajo era full. De la mañana a la noche, todos los días, real. Y me cambió mucho, me hizo muy bien. Trabajo mejor con este equilibrio interno. Soy mejor periodista si estoy mejor equilibrada internamente en lo afectivo, en lo personal, y el trabajo. Me hace más feliz, además me parece que estoy más lúcida, como si tuviera una distancia que me ayuda. La maternidad tiene que ver con eso, aunque parezca raro e incompatible.
¿Cómo desarrollás tu ritmo cotidiano incluyendo todo lo que hacés?
Lo que me hace bien, lo que me resulta muy importante es estar presente. Cierto que estoy con mil cosas, pero estar. Vivirlo. No sólo por ellos; por mí misma, por todo, porque así me gusta que sea la vida. Y obviamente con mi marido. Tener un espacio de nosotros. Lograr espacios para todos. Dije que No en muchas cosas del trabajo todos estos años. Muchas. Tomé decisiones, algunas muy arriesgadas, porque me hubieran quitado tiempo, con el riesgo de que algún día te digan: “Bueno, listo”. A mí me hizo muy bien que esos No igual me permitieron seguir trabajando, y trabajando bien. Con esos No llegué hasta acá, pudiendo mantener los espacios. Yo llevo a los chicos a la escuela, yo estoy cuando vuelven de la escuela. No estoy a la noche, que es un montón, pero estuve todo el día. Estoy mucho. Los llevo a las actividades. Tengo mis horas de trabajo en casa pero fui logrando compatibilizar. A veces obviamente tengo desbordes del trabajo. Me voy de vacaciones y corto todo. Me desconecto. Y lo puedo hacer. Me asustaría que un día no lo pueda hacer.
¿K y M son las dos iniciales de una misma moneda?
Creo que no. Sí, juntas, representan algo de la Argentina muy claro, muy extremo. Puestas juntas representan extremos. Hay algo en esa combinación que nos representa como sociedad; no en su totalidad. Es una cara de una parte de nuestra sociedad, una parte expresiva muy explícita.
¿Por qué como sociedad somos tan proclives a ubicarnos en extremos, y mucho menos en consensos y equilibrios?
Siempre me pregunto si es nuestro promedio como sociedad o si eso representa al sector más ruidoso, más gritón entre comillas, al que más se escucha. Vos te corres del centro de la urbe, de la gran ciudad, y de la agenda de las redes y los medios, y la sociedad argentina no necesariamente es eso. Es algo mucho más calmo, aún adentro de las grandes urbes, si rascas un poco. Argentina es un país que tiene casi la mitad de la población bajo de la línea de la pobreza. No sé si esa voz que ocupa tanto, que es central, que es casi la mitad, está tan representada, si se escucha tanto, si sabés tanto qué piensa, si tiene grieta esa voz, esa parte. Sí creo que es de la agenda pública, históricamente, la antinomia, el sector más ruidoso, y que ahora con las redes se expande y multiplica más. Soy de la idea de tratar de escuchar lo que se escucha más bajito también y ver qué lugar ocupa. Las elecciones son un momento donde te das cuenta si esas voces son la mayoría, si ese ruido es el de la mayoría, el que más nos representa, o el que representa sólo una parte. Y el resultado de las elecciones, en general, te muestra que la mayor cantidad de gente no es tan extrema. Es más sensata, más calma.
¿Cuánto incide en este panorama que mucho de lo que se replica en todo el País se genere en Buenos Aires y sea porteño?
Es un vicio tremendo que tenemos. También pasa en Santa Fe con Rosario. Lo que sucede, sucede en Rosario. Sí, tenemos un vicio muy grande con eso en Argentina. Por eso te digo, te corrés diez metros y hay otro mundo.
¿A qué político le iría mejor si te sumara a su equipo?
No. No. Yo soy muy periodista. Puedo comprender muy bien la mirada del político, pero creo que mi gracia es que la entiendo y sigo teniendo mi mirada de periodista. Al político le cuesta mucho la mirada del periodista porque es muy distinta, porque si es honesta está desprovista de intereses. Es como una mirada que busca, dentro de las limitaciones que tenemos como seres humanos, estar desprovista de intereses y prejuicios. Creo que los políticos tienen lo que necesitan. Yo no quisiera asesorar a nadie. El político escucha bien al periodista. Son miradas distintas que están muy mezcladas. La gracia es que sigan siendo distintas.
Rosario, hoy.
A mis amigas del alma las tengo allá. Tengo mi familia, mi mamá, mi papá, a mi hermano, mis sobrinos. Rosario me resulta muy propia. Tengo la familia de mi marido, que también es rosarino. Mi cuñada, mis suegros, todos. Cuando voy y a veces nos quedamos hasta el lunes a la mañana, con mi marido vamos a tomar un café al río, cosas así. Te agarra esa parte de la vida que no tenés y que disfrutás tanto. Yo estaba muy bien en Rosario, digo en el sentido personal, una linda vida. Me encantaba Rosario. Jamás creí que me iba a ir.
Parque Field, Nuevo Alberdi, el río.
Yo me crié en Parque Field, muy cerca de la casa de Ángel Di María, cruzando Baigorria. El iba a El Torito, el club donde empezó a jugar al fútbol. En frente de mi casa había un campito y atrás del campito estaba El Torito. Yo me crié en ese campito, jugando. Me crié descalza, caminando por Parque Field. Mis amigas, la escuela, todo lo que hacía, estaban en Alberdi. A mí me encantaba. Me crié mucho en el río. Como vivía en Alberdi, extrañaba tener un velero y que esa fuera mi vida, no mucho más. Siempre siendo periodista, pero pensé que no me iba a ir.
¿Cómo es el barrio donde vivís en Buenos Aires?
Estoy muy contenta acá. Repliqué un poco Rosario. Nosotros vivimos en un barrio chiquito que se llama Coghlan, que es medio como Alberdi. Vivimos en una casa. Tenemos amigos del barrio. También mis hijos se crían, potrean acá en la esquina. Es un barrio casi sin autos. Un barrio de Capital, encerrado entre vías. Medio que me traje Rosario acá, pero me falta mucho el río. Es tremendo. El río no se puede reemplazar.
Además de conducir e investigar, tenés que producirte para salir al aire.
Soy muy vaga para eso. Tengo gente que me ayuda mucho. En Verdad Consecuencia tengo un amigo, Jorge León, que es un estilista re grosso. Es amigo. Por eso me ayuda. Después, tengo a Mariana, vestuarista del Canal, que también se mata en vestirme todos los días.
¿Qué proyección le ves a Argentina?
Yo, por convicción, trato de ser optimista, pero realmente estamos en unos años donde socialmente vivimos una pérdida enorme. Es una sociedad mucho más pobre, en todo sentido. En el sentido económico y en el de la Educación, ni hablar. La pandemia fue como un detonador para empeorar eso. Cuando estoy bien, optimista, quiero creer que de esas tragedias y crisis uno se levanta más rápido, y ojalá sea así. También creo que las condiciones y los indicadores están tan mal, y esto no tiene que ver con un gobierno. Nuestra situación económica y educativa está tan mal que no hay milagros. Es mucho tiempo, con mucha constancia, reconstruir esto. Lo que sí espero y aspiro es que este fondo finalmente logre que se rearme y se proyecte hacia adelante con convicción y con unidad, con una idea que nos mejore, que nos saque de esto. Y que como sociedad seamos parte. Muchas veces digo: “Con este nivel de pobreza, nunca es del otro. Es de todos este problema”. Uno no puede ser indiferente, sentir que no tiene nada para hacer. Todos tenemos algo para hacer, para colaborar, así sea chiquito. No hablo de política. Si uno realmente mira a la gente en situación de calle en el último año es dramático. Uno puede ayudar, el que está a la vuelta de tu casa puede ayudar. No tenés porqué señalar al otro. Podés hacer vos también.
Por Sergio Contemori


