El acto por el Día de la Bandera en Rosario puso de relieve la tensión sobre la que cabalga Javier Milei: entre la necesidad vital de construir acuerdos con la dirigencia que integran políticos profesionales como Maximiliano Pullaro y Pablo Javkin, y una tribuna que sigue en modo campaña y que quiere ver a la casta sangrar.
En los últimos metros antes de la sanción de la ley Bases y el paquete fiscal, el presidente dio un discurso más bien contemporizador. Un rugido de más podía ahuyentar votos clave a pocos días de la sesión que, se supone, que le dará su primer éxito legislativo en seis meses de gobierno.
Como suele suceder con los actos patrios, el presidente construyó un prócer a su imagen y semejanza. Esta vez, le tocó a Manuel Belgrano. Casualidad o no, la figura histórica favorita de Cristina Fernández de Kirchner.
En su relato, Milei presentó al abogado, economista y militar como un outsider del virreinato que desafió a la casta de Buenos Aires. Un luchador de la libertad que se rebeló frente a lo políticamente correcto. Un espejo en el que al presidente le gusta mirarse.
En ese sentido, Milei también intentó incorporar el federalismo, un elemento extraño en su corpus teórico. Una cuestión llamativa, no por su sesgo economicista y su mirada globalista, sino por cómo amasó su propio capital político.
En 2023 el libertario fue la cara de una revuelta de las provincias que en el balotaje pintó casi todo el mapa de violeta, pero una vez en el poder desplegó un unitarismo exacerbado. Otra continuidad con el kirchnerismo: la llave de la gobernabilidad está en el Amba.
Al igual que el 1 de marzo en el Congreso y el 25 de mayo en Córdoba, Milei se presentó en el Monumento con la banda presidencial y el bastón, al fleje entre la reafirmación de autoridad y el cosplay que suele animar la CrackBangBoom.
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Después de una primera fase de shock económico e intransigencia política y que concluyó con el naufragio de la ley Bases I, Milei empezó un largo pero acelerado proceso de aprendizaje, en el que busca maridar su estilo disruptivo y su diferenciación con el establishment político con el ejercicio convencional del poder. El jefe del Estado que sueña con destruir delega esa tarea en el empoderado Guillermo Francos, su canciller ante la política y responsable de una gestión con déficits apenas maquillados.
Otro llamado al Pacto de Mayo
En esa búsqueda de tender puentes entra el nuevo llamado a gobernadores, legisladores, expresidentes a viajar a Tucumán a sumarse a la grilla de un Castapalooza.
La pregunta es si más allá de la foto de ocasión y la firma del decálogo liberal de Milei el presidente logra enhebrar una nueva coalición reformista capaz de poner los pilares de un nuevo orden. Esa sería una verdadera vuelta de página.
Frente a una nueva polarización que le sirve tanto a los libertarios como al kirchnerismo, el resto de los actores todavía está buscando dónde anclarse y trata de encontrar la mezcla justa entre cooperación y confrontación.
La intervención de Maximiliano Pullaro
En esa clave, el gobernador se mostró hospitalario con Milei y alineado con algunos de sus objetivos prioritarios, como el equilibrio fiscal.
Como en otras oportunidades, Pullaro subrayó valores como el orden, el santafesinismo y la producción, pero la novedad es que adoptó un tono de interpelación directa al presidente, que lo escuchaba con gesto adusto en la primera fila.
Sin embargo, el mandatario santafesino fue más allá de la defensa comarcal. Mencionó a la universidad -que gatilló la movilización que mayor costo político le pasó a Milei en su primer tramo de gestión- hizo un revival alfonsinista para citar el preámbulo de la Constitución y activó por unos minutos el modo presidenciable en un contexto donde la oposición está fragmentada y escasean las caras nuevas con proyección a futuro.
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Desde el entorno más cercano a Pullaro aseguran que el gobernador no cambió ni el tono ni el contenido del mensaje ante un ambiente más hostil.
“Hace dos días que Maxi está estudiando el discurso. No cambió nada por el entorno, él es un prusiano”, asegura un integrante de la mesa chica del gobernador.
El turno de Pablo Javkin
Paradójicamente, el más visitante en el acto fue el propio Javkin. Los simpatizantes libertarios se ensañaron con el intendente, que optó por un mensaje más dialoguista y de unidad entre los tres niveles de gobierno, a pesar del daño que provoca el ajuste ordenado desde Casa Rosada.
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Foto: LA CAPITAL/Virginia Benedetto
La falta de respuesta del gobierno en temas críticos para la ciudad, como los subsidios al transporte, y la agresividad de la base libertaria es una señal de alerta para quiénes exploran posiciones de equidistancia o de colaboración con un gobierno que busca subordinar o directamente reemplazar a otros espacios políticos.
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El desafío de Milei es cómo construir una mayoría con los pedazos de un sistema político roto y, al mismo tiempo, mantener contento al fandom que lo sigue como una celebridad y no tiene problemas en abuchear a un intendente y a un gobernador a quienes ve como teloneros molestos antes del show principal.