Política

El volcán siguió “inestable”, mientras las cenizas se disipan del cielo argentino

La primera, muy angosta, sobre el norte de Neuquén, el norte de La Pampa, sur de San Luis y norte de la provincia de Buenos Aires hasta la República Oriental del Uruguay”, informó el SMN.

Domingo 26 de Abril de 2015

La actividad del volcán chileno Calbuco continuó ayer “inestable” tras la erupción del miércoles y prosiguió con la emanación de cenizas, que cubre dos frentes en diferentes regiones de la Argentina.

   El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) emitió un informe especial en el que precisa que “se observan dos bandas de nubosidad de ceniza volcánica. La primera, muy angosta, sobre el norte de Neuquén, el norte de La Pampa, sur de San Luis y norte de la provincia de Buenos Aires hasta la República Oriental del Uruguay”, informó el SMN.

   “La segunda banda se ubica sobre el centro de Mendoza, norte de San Luis, centro de las provincias de Córdoba, Santa Fe y Corrientes, extendiéndose hacia el sudeste de Brasil y océano Atlántico”, agregó el organismo.

   Las direcciones de Defensa Civil de las comunas cordilleranas afectadas por la caída de cenizas estimaron que el fenómeno, por las partículas que siguen en suspensión, puede continuar hasta mañana.
  De todas formas, las autoridades de Neuquén y la ciudad rionegrina de San Carlos de Bariloche dispusieron iniciar la limpieza en las pistas de los aeropuertos locales. Ayer a la tarde se reabrió el aeropuerto de Bariloche.

   También se realizaban con normalidad los vuelos en la ciudad de Buenos Aires, el aeropuerto internacional de Ezeiza y las estaciones de las provincias cercanas.

   Las ciudades chubutenses de Trelew, Puerto Madryn y zonas del noroeste de la provincia patagónica amanecieron ayer con cielo nublado por las cenizas que llegaron hasta allí. Esa condición no afectó las operaciones aéreas.

Al pie del macizo. “Vamos a salir adelante”, dice esperanzada Angélica Valle, habitante de Ensenada, un poblado del sur de Chile que quedó cubierto por una gruesa capa de cenizas tras la erupción del volcán Calbuco.

   Pese a la esperanza que impera entre los habitantes de Ensenada, a donde regresaron este sábado para iniciar las tareas de limpieza, también hay temor a una nueva erupción del macizo.

   Tras la erupción de hace cuatro días del Calbuco, Ensenada se ha convertido en un pueblo fantasma, con casas destruidas. Vacas, gallinas y otros animales deambulan sin alimento entre las cenizas.
  Este pequeño poblado de unos 1.500 habitantes, que cada año recibe a miles de turistas que llegan a disfrutar de un lugar de ensueño rodeado de cristalinos lagos y majestuosa vegetación, luce casi irreconocible para los lugareños.

   “Vamos a salir adelante y vamos a tratar de parar Ensenada lo antes posible”, dijo a la agencia France Press Angélica Valle, una de los miles de pobladores que retornaron a sus hogares este sábado, luego de que las autoridades les permitieran regresar ante una baja en la intensidad de la actividad del volcán.

   Armados de palas, escobas y carretillas, los vecinos de Ensenada, dedicados a la agricultura y la ganadería, iniciaron la limpieza de la ceniza caída sobre modestas casas de madera y techos de lata, mientras que retroexcavadoras colaboran despejando las vías de acceso y calles donde la ceniza superó el metro y medio de altura.

   Entre las cenizas, los vecinos centraban su atención en la suerte de unos cuatro mil animales --vacas, caballos, ovejas y gallinas-- que sin alimento y sin agua quedaron presos en la zona de exclusión decretada por el gobierno.

   “Nos sentimos felices y dimos gracias a Dios que a nuestros animalitos no les pasó nada. Pero por el momento no tienen comida y se nota que están enfermos porque se mueven lento”, dijo Juana Soto, dueña de cerca de una decena de vacas en la hacienda Hueño Hueño, a los pies del volcán.

   Con la intención de evitar la muerte masiva de animales, camiones con follaje y agua llegaron a la zona en la que el pasto y los bebederos de corrales quedaron enterrados por las cenizas.
  Sin embargo, otras haciendas siguen aún desiertas y con animales revolviendo cenizas en busca de algo para comer.

   Más allá del gris panorama de la región, sus vecinos sueñan con volver a la normalidad.

   “Tengo miedo de quedarme, pero igual volveré a mi casa, acá he vivido toda mi vida”, declaró Susana Castro, quien retornó a su vivienda tras permanecer dos días en un albergue en la localidad de Puerto Varas, donde fueron evacuados la mayoría de la población de Ensenada.

Turismo golpeado. La cortina de ceniza afectó la actividad turística de una zona que recibe anualmente más de 20.000 turistas nacionales y extranjeros, ante la belleza de sus parajes, verdes campos y bosques nativos, hoy hundidos bajo una inclemente capaz de gris.

   Restaurantes, hoteles, centros turísticos y hasta el colegio de la zona fueron afectados, y en algunos casos colapsaron por la ceniza.

   “Son cosas de la naturaleza y del destino. Pero por mi familia y mis clientes quiero volver a construir”, dijo Roni Alvarez, dueño de un restaurante que fue totalmente destruido por la ceniza.

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