Patricia Bullrich se impuso en la interna de Juntos por el Cambio (JxC) y consolidó su liderazgo en la fuerza opositora. Ahora, en los comicios generales, tendrá su pulso electoral con el líder de La Libertad Avanza, Javier Milei (el candidato más votado a nivel nacional) y con el representante de Unión por la Patria (UP), Sergio Massa, quien pese haber sido el segundo postulante que más adhesión cosechó, deberá remontar una situación desastrosa para el oficialismo gobernante.
En Santa Fe, Bullrich se impuso a Horacio Rodríguez Larreta en toda la provincia. Ese efecto ganador arrastró en la boleta a la lista de diputados, donde triunfó José Núñez por sobre Juan Cruz Cándido, uno de los hombres de mayor confianza de Maximiliano Pullaro, el candidato a gobernador de Unidos, que hace menos de un mes arrasó en la interna a Carolina Losada, quien contó con el respaldo de Bullrich en la provincia.
No hubo lógica alguna en Santa Fe entre las dos elecciones. El único resultado que se repitió fue la mala performance del peronismo.
Horacio Rodríguez Larreta se quedó con casi nada. Su comando de campaña había pegado un respingo de euforia con el triunfo de Pullaro en la provincia. Entendían que la sociedad buscaba perfiles moderados contra los que apostaban “a todo o nada” y que los votos del ex ministro de Seguridad eran perfectamente trasladables hacia el jefe de Gobierno porteño. Ocurrió en estas Paso nacionales todo lo contrario. Los santafesinos, mayoritariamente, eligieron opciones “duras”. Milei ganó en todos los departamentos de la provincia, al igual que Bullrich derrotó en todos los distritos a Rodríguez Larreta.
Casi sin aparato, Bullrich encadenó un triunfo a lo largo y a lo ancho del territorio nacional. El miércoles pasado, cuando vino a Rosario, la ahora candidata presidencial de JxC, afirmaba estar convencida de que ganaba la interna por ese voto “silencioso y contundente” de la sociedad que aspiraba a un cambio. Ese mismo día, en Córdoba, Rodríguez Larreta se mostraba con los gobernadores electos de la coalición opositora, y también sumó a Pullaro.
La estructura nacional del radicalismo, que llevó a su presidente Gerardo Morales en la fórmula presidencial, no fue suficiente frente a una candidata como Bullrich que apeló al aspecto emocional para suplir sus déficit formativos, sobre todo en materia económica.
Bullrich se ganó la legitimidad de un liderazgo opositor en la calle, lejos de las tertulias del llamado “círculo rojo”. Cuando el oficialismo quedó preso de su discurso sanitarista, en momentos que el Covid-19 acechaba con toda su fuerza, la ex ministra de Mauricio Macri encabezó cuanta movilización callejera se realizó en formato de “banderazos” contra la cuarentena, la reforma judicial o la intención de expropiar la agroexportadora Vicentin. En ese escenario de bronca e inestabilidad emocional muchas veces se encontró con Milei y mostraron sintonía.
Desde su tribuna ganadora, Bullrich felicitó a Milei. Siempre supo que junto con el líder libertario comparten una porción social que reniega del populismo y los males del Estado.
El triunfo de Bullrich es también una reivindicación a Macri, a quien subió al escenario y en primer plano. El ex presidente nunca tuvo necesidad de expresar un aval público hacia su ex funcionaria. Sus gestos y módicas palabras fueron en dirección para mostrarla como su heredera.
Tiene ahora Bullrich el desafío de juntar los pedazos que la interna rompió. Si bien le ganó cómodamente a Rodríguez Larreta, sus votos, y sobre todo los del radicalismo, serán cruciales para las elecciones generales de octubre, donde en este escenario de tercios se juega entrar al ballotage, previsto para noviembre.
Medido frente por frente, JxC le sacó apenas un punto a Unión por la Patria. Tiene que solidificar y ampliar esa ventaja para intentar entrar en la segunda vuelta. En la previa, la coalición opositora se jugaba salir primero en todo el país y ganar directamente en octubre. Todo eso quedó en entredicho.
Tiene la ventaja de que el oficialismo, sin cohesión interna, debe remar en un mar de incertidumbre y con una economía al rojo vivo. Los movimientos del dólar y precios hará que muy probablemente Sergio Massa llegue a octubre con una inflación que rondará entre el 8 por ciento.
No todo está dicho, pero Bullrich ya sacó una luz de ventaja que la tiene que sostener si aspira a ser la nueva presidenta de los argentinos.