Una banda conformada por entre 4 y 6 hombres fuertemente armados irrumpió ayer
al mediodía en una distribuidora de pollos y huevos de la zona oeste. Los hampones dominaron el
terreno con facilidad: desarmaron al policía que cumplía tareas de vigilancia adicional, le pegaron
un culatazo en la cabeza a uno de los empleados y encerraron a un grupo de trabajadores, al
efectivo y a dos clientes dentro de una cámara frigorífica. Después huyeron con un botín estimado
en 10 mil pesos.
El asalto ocurrió poco después de las 12.30 en Plumas Blancas, una distribuidora
de pollos ubicada en Wilde 976, a pocos metros del cruce con avenida Mendoza. Los seis empleados
del lugar recién terminaban de almorzar y Luis y Adrián se encontraban en una pequeña oficina que
está muy cerca del portón de ingreso al local. El resto de los muchachos permanecían en la parte
trasera, cerca de las enormes heladeras donde son almacenadas las aves.
"Estaba parado al lado de la ventana cuando vi pasar a un tipo para el fondo con
una de esas metralletas tipos pistolas", recordó ayer por la tarde Adrián, una de las víctimas. El
empleado tiene 28 años y hace 7 que trabaja allí. Hasta ayer nunca supo lo que era estar a merced
de un grupo de asaltantes. Y lo comprobó de la peor manera: lo golpearon en la cabeza y tuvieron
que aplicarle tres puntos de sutura.
El muchacho prefiere no revelar su apellido y que su rostro no aparezca en la
foto. Eso le pide a los cronistas. Así, contó que tras la repentina aparición del primero de los
asaltantes no hubo tiempo de nada. "El segundo llegó inmediatamente atrás, se paró delante de la
ventana, o sea frente a mí, y me apuntó con una pistola a la cabeza. «Abrí porqué te liquido», dijo
y tuve que hacerlo", afirmó el joven.
Golpe en la cabeza. El empleado contó que en ese momento estaba junto a Luis, el
encargado del comercio. Mientras les ordenaban que se arrojaran al piso boca abajo, el resto de la
banda iba ingresando a paso firme. "Eran como seis", manifestó el testigo. Adrián tardó un instante
en acatar la orden de tirarse cuerpo a tierra y entonces recibió un culatazo en la cabeza que le
produjo una herida cortante.
Una vez que ingresaron al galpón, los delincuentes avanzaron rápidamente sobre
el agente de policía que cumplía con un servicio de vigilancia adicional. El efectivo vestía
uniforme reglamentario y la acción de los intrusos fue tan rápida que no llegó a desenfundar su
arma. Es más, se la quitaron, según contaron a este diario varios testigos. Así, la gavilla dominó
toda la situación.
Salvo Luis y Adrián, el resto de los compañeros y el agente policial terminaron
encerrados en la cámara refrigeradora. Mientras eso sucedía, dos clientes tuvieron la mala suerte
de llegar a la distribuidora para comprar unos pollos y también terminaron en la heladera
industrial. La banda se apoderó luego de los 10 mil pesos que era lo recaudado hasta ese momento y
huyó. Algunas personas vieron que el grupo habría abordado un taxi y un Fiat Duna, aunque no dieron
más precisiones.
Fuga disimulada. El comercio asaltado está emplazado en una zona de mucho
tránsito de vehículos. A pocos metros se encuentra avenida Mendoza, en cuya esquina hay un
semáforo. Detrás de la pollería se distingue, muy cerca, el Mercado de Concentración de Fisherton.
Wilde también es una arteria importante. Sin embargo, la fuga de los delincuentes que actuaron a
cada descubierta pasó inadvertida.
"En este lugar siempre hay mucho movimiento, pero cuando logramos salir a la
calle no pasaba un alma", describió el trabajor golpeado. El muchacho fue asistido por médicos del
servicio municipal de emergencias y trasladado al hospital Carrasco, donde los médicos tuvieron que
aplicarle tres puntos de sutura. La policía no tenía pistas sobre los autores del atraco.