En las actuaciones por el brutal intento de homicidio del comerciante Diego
Wainberg, baleado frente a su oficina de Cerrito y Mitre el jueves pasado, se establece la
posibilidad de que los atacantes se hayan confundido de persona. Esa es una hipótesis que maneja la
policía en virtud de la denuncia por extorsión que había sido radicada por el padre de la víctima,
Elio Wainberg, y por la que había solicitado custodia policial.
En base a ese trasfondo, los investigadores creen a partir de testimonios que
están en el sumario del caso y que aluden a ello de modo explícito que los agresores podrían haber
apuntado al hermano maypr del comerciante, más cercano en su relación laboral y afectiva al padre
de ambos.
Esa línea de investigación aparece reforzada por el hecho de que el comerciante
no había manifestado a sus allegados tener inconveniente personal alguno ni miedo de sufrir una
represalia.
Mientras esa hipótesis comienza a deslizarse en la pesquisa, en tanto, el
comerciante evolucionaba ayer favorablemente de las operación por las dos herida de balas recibidas
en el ataque, en el que se dispararon cinco tiros en total. Dos de ellos le atravesaron el tórax y
le perforaron los pulmones. Permanecía internado bajo sedación pero sin complicaciones, infecciones
ni hemorragias, por lo que los médicos del Heca comenzaron a quitarle drenajes.
El hombre equivocado. La idea de que los atacantes podrían haberse confundido de
persona también surge de algunos testimonios aportados a la causa. La hipótesis tiene relación con
la denuncia por extorsión presentada por el padre de la víctima a partir y un atentado sufrido a
mediados de septiembre en su empresa, Salinera Austral, cuyo frente en Mitre 5071 fue rociado a
balazos.
El padre de Diego había denunciado 45 días antes que recibía amenazas extorsivas
reiteradas por parte de personas no identificadas que le exigían 25 mil pesos. El señalado como
blanco de esas amenazas era Gabriel, de 38 años, y nunca se aludió a Diego.
El menor de los hermanos, según allegados directos, no tenía contacto con su
padre ni con Gabriel, ya que desde la separación de sus padres permaneció más cerca de su
madre.
Bajo llave. Las actuaciones por el ataque fueron delegadas a la División
Judiciales de Jefatura por la jueza de Instrucción María Luisa Pérez Vara, quien consideró "más
idónea" a esa dependencia policial para un caso de estas características, según indicó una fuente
judicial.
Diego Wainberg, de 34 años, fue baleado en la vía pública cuando salía de su
oficina de Cerrito 1207 y al guardar una laptop en el baúl de su auto fue sorprendido desde corta
distancia por un sicario que se bajó de un vehículo y escapó tras efectuar cinco tiros. "Estaba muy
nervioso. Alcanzó a decir que no le quisieron robar", contó un allegado a la familia que pidió
reserva de su identidad.
Según aclaró, el comerciante dirigía desde hace 10 años junto a un socio la
empresa Tamsal SRL, una pyme dedicada a la comercialización de sal y reciclados industriales.
Si bien incursionaba en el mismo rubro que su padre, "no eran firmas
competidoras.
Diego no tenía relación con el padre y el hermano". El conocido de Diego aclaró
que "las operaciones comerciales de su empresa son todas legales, dentro del marco de la ley y
tiene las cuentas claras. A nivel comercial no hay ninguna cuestión que amerite amenazas. Desde sus
proveedores hasta sus amigos pueden asegurar que es un tipo transparente y limpio".
En el entorno de la víctima señalan, además, que no había recibido
intimidaciones ni realizado comentarios respecto de que temiera sobre su integridad. "El no tenía
miedo. El ataque fue algo inesperado que lo tomó por sorpresa", añadió.
Silencio
Todo lo que rodea a la ejecución de Diego Wainberg
está teñido por la oscuridad y el misterio. Fuentes judiciales destacaron a este diario que es
evidente que en el entorno cercano de la víctima hay cosas no dichas que podrían conducir a
entender, sino quiénes, por qué se produjo este cruento ataque: una ejecución a quemarropa en plena
calle.