"No te mueras", gritaba con desesperación la chica de 15 años, llorando abrazada
al cuerpo de su novio. El sábado a la noche ella y su pareja, un hombre 32 años, habían ingresado a
robar a una granja de Laprida y Pasco. Ignoraban al entrar que en la despensa había un policía de
civil que, al advertir la situación, intentó frustrar el atraco. Se produjo un enfrentamiento que
terminó con la vida del ladrón. El policía también resultó herido.
Luis Francisco González tenía 33 años. Había salido de la
cárcel de Rosario con un beneficio transitorio legal el año pasado y no había regresado al
presidio. Recibió condena en el 2005 a cinco años de prisión por robo a mano armada. Era de la zona
de Chacabuco y Centeno, en barrio La Tablada.
Detrás del mostrador del negocio
estaban Benjamín, de 21 años, y Cecilio, de 29, dos empleados del local, y el agente Horacio M. que
trabaja en el Cuerpo Guardia de Infantería de la policía rosarina y estaba de franco. "El chico
(por el policía) es amigo mío y había venido a visitarme. Yo no estaba pero se quedó tomando una
gaseosa con los otros muchachos", contó a este diario Silvana Alpigiani, dueña del local, de 35
años.
A las 21.45 del sábado, una pareja
estacionó una moto Honda Wave en la vereda de la granja. Otro hombre que iba con los ocupantes del
rodado se quedó afuera como campana. El muchacho y la chica entraron al local y delante del
mostrador pidieron una tarjeta de teléfono. El policía Horacio M. observaba la escena. "Cuando el
muchacho se agachó para buscarla, el tipo lo encañonó", contó Silvana.
Entonces, según la comerciante, el
uniformado se acercó al maleante, le preguntó qué estaba haciendo y exhibió su pistola 9 milímetros
reglamentaria. "Mi amigo actuó como corresponde en estos casos. Pero cuando el ladrón vio que
sacaba el arma le disparó un balazo", reseñó la mujer.
Sin impactar en el cuerpo del
efectivo, el proyectil perforó el cristal de una heladera y quedó alojado en una de sus paredes. Al
parecer, el policía no fue alcanzado por el tiro a raíz de que se protegió detrás de una columna
ubicada en el negocio que sostiene el edificio. De allí que tuvo tiempo de atravesar el mostrador y
abalanzarse sobre el asaltante. Mientras esto ocurría, los dos empleados sa++lieron disparados a la
calle para ponerse a resguardo.
Adnetro el uniformado y el maleante
forcejearon y después intercambiaron unos cinco o seis balazos. Dos de los proyectiles perforaron
el pecho de González, que se derrumbó malherido en el suelo. Otro de los tiros atravesó el hombro
derecho del vigilante. El policía fue internado en el Centro de Emergencia y Trauma del Sanatorio
Parque. Su vida no corre peligro.
Un rato después, una ambulancia del
Sies llegó al lugar, pero González estaba muerto. Abrazada a su cuerpo, Daniela sollozaba en una
crisis de nervios. "No te podés morir", repetía la adolescente. Ella permaneció en el
negocio.
Poco después, los policías de la
comisaría 4ª que arribaron al local la detuvieron. Por su edad es no punible y por eso fue
entregada a sus padres. "La chica tiene cuatro anotaciones en un juzgado penal por acusaciones de
delitos", comentó una fuente policial. Su familia vive en la zona de Ayacucho al 4000, en barrio La
Tablada.
Ya para entonces, el tercer ladrón se
había esfumado.
El tiroteo pudo haber tenido una
consecuencia aún más grave a raíz de que un proyectil impactó en una columna callejera en un
momento que algunos vecinos transitaban por el lugar.
A quince minutos para las diez de la noche del sábado, González y su
novia, Daniela Ayelén C., de 15 años, irrumpieron en un almacén en la ochava suroeste del cruce de
Laprida y Pasco. El comercio tiene una cabina de telefonía y ocupa la planta baja de un edificio de
cinco pisos, a unos 50 metros de la plaza López.
Seis veces.
"En el negocio tenía además una
oficina de cobro de impuestos, pero tres días atrás la tuve que cerrar porque la última vez que me
robaron le pusieron un revólver en el pecho a mi mujer", contó a este diario.
El comerciante también contó que en
la zona ocurrieron robos reiterados a viviendas particulares.
Ayer al mediodía, Silvana se lamentó por la secuencia de atracos que
sufrió. "Ya no sé qué hacer. Me robaron a mano armada seis veces en lo que del año", se quejó.
Rubén, propietario de una panadería situada en Laprida 1917, enfrente de la granja, fue víctima de
ladrones en tres oportunidades en lo que va del año.
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