Policiales

Un policía de civil mató a un ladrón en una despensa y resultó herido

"No te mueras", gritaba con desesperación la chica de 15 años, llorando abrazada al cuerpo de su novio. El sábado a la noche ella y su pareja, un hombre 32 años, habían ingresado a robar a una granja de Laprida y Pasco. Ignoraban al entrar que en la despensa había un policía de civil que, al advertir la situación, intentó frustrar el atraco. Se produjo un enfrentamiento que terminó con la vida del ladrón. El policía también resultó herido.    

Lunes 02 de Noviembre de 2009

"No te mueras", gritaba con desesperación la chica de 15 años, llorando abrazada al cuerpo de su novio. El sábado a la noche ella y su pareja, un hombre 32 años, habían ingresado a robar a una granja de Laprida y Pasco. Ignoraban al entrar que en la despensa había un policía de civil que, al advertir la situación, intentó frustrar el atraco. Se produjo un enfrentamiento que terminó con la vida del ladrón. El policía también resultó herido.

  Luis Francisco González tenía 33 años. Había salido de la cárcel de Rosario con un beneficio transitorio legal el año pasado y no había regresado al presidio. Recibió condena en el 2005 a cinco años de prisión por robo a mano armada. Era de la zona de Chacabuco y Centeno, en barrio La Tablada.

 

La irrupción.

  Detrás del mostrador del negocio estaban Benjamín, de 21 años, y Cecilio, de 29, dos empleados del local, y el agente Horacio M. que trabaja en el Cuerpo Guardia de Infantería de la policía rosarina y estaba de franco. "El chico (por el policía) es amigo mío y había venido a visitarme. Yo no estaba pero se quedó tomando una gaseosa con los otros muchachos", contó a este diario Silvana Alpigiani, dueña del local, de 35 años.

  A las 21.45 del sábado, una pareja estacionó una moto Honda Wave en la vereda de la granja. Otro hombre que iba con los ocupantes del rodado se quedó afuera como campana. El muchacho y la chica entraron al local y delante del mostrador pidieron una tarjeta de teléfono. El policía Horacio M. observaba la escena. "Cuando el muchacho se agachó para buscarla, el tipo lo encañonó", contó Silvana.

  Entonces, según la comerciante, el uniformado se acercó al maleante, le preguntó qué estaba haciendo y exhibió su pistola 9 milímetros reglamentaria. "Mi amigo actuó como corresponde en estos casos. Pero cuando el ladrón vio que sacaba el arma le disparó un balazo", reseñó la mujer.

  Sin impactar en el cuerpo del efectivo, el proyectil perforó el cristal de una heladera y quedó alojado en una de sus paredes. Al parecer, el policía no fue alcanzado por el tiro a raíz de que se protegió detrás de una columna ubicada en el negocio que sostiene el edificio. De allí que tuvo tiempo de atravesar el mostrador y abalanzarse sobre el asaltante. Mientras esto ocurría, los dos empleados sa++lieron disparados a la calle para ponerse a resguardo.

  Adnetro el uniformado y el maleante forcejearon y después intercambiaron unos cinco o seis balazos. Dos de los proyectiles perforaron el pecho de González, que se derrumbó malherido en el suelo. Otro de los tiros atravesó el hombro derecho del vigilante. El policía fue internado en el Centro de Emergencia y Trauma del Sanatorio Parque. Su vida no corre peligro.

  Un rato después, una ambulancia del Sies llegó al lugar, pero González estaba muerto. Abrazada a su cuerpo, Daniela sollozaba en una crisis de nervios. "No te podés morir", repetía la adolescente. Ella permaneció en el negocio.

  Poco después, los policías de la comisaría 4ª que arribaron al local la detuvieron. Por su edad es no punible y por eso fue entregada a sus padres. "La chica tiene cuatro anotaciones en un juzgado penal por acusaciones de delitos", comentó una fuente policial. Su familia vive en la zona de Ayacucho al 4000, en barrio La Tablada.

  Ya para entonces, el tercer ladrón se había esfumado.

  El tiroteo pudo haber tenido una consecuencia aún más grave a raíz de que un proyectil impactó en una columna callejera en un momento que algunos vecinos transitaban por el lugar.

 

A quince minutos para las diez de la noche del sábado, González y su novia, Daniela Ayelén C., de 15 años, irrumpieron en un almacén en la ochava suroeste del cruce de Laprida y Pasco. El comercio tiene una cabina de telefonía y ocupa la planta baja de un edificio de cinco pisos, a unos 50 metros de la plaza López.

Seis veces.

   "En el negocio tenía además una oficina de cobro de impuestos, pero tres días atrás la tuve que cerrar porque la última vez que me robaron le pusieron un revólver en el pecho a mi mujer", contó a este diario.

  El comerciante también contó que en la zona ocurrieron robos reiterados a viviendas particulares.

Ayer al mediodía, Silvana se lamentó por la secuencia de atracos que sufrió. "Ya no sé qué hacer. Me robaron a mano armada seis veces en lo que del año", se quejó. Rubén, propietario de una panadería situada en Laprida 1917, enfrente de la granja, fue víctima de ladrones en tres oportunidades en lo que va del año. l

 

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