Policiales

Un plan criminal con un conflicto familiar como posible motivación

Caio S. fue imputado como coautor del homicidio de Marcos Guenchul. Evidencias lo ubicaron en la escena del hecho ocurrido el 23 de julio.

Miércoles 21 de Agosto de 2019

Antes de salir del gimnasio Marcos Guenchul consultó en su celular a qué distancia estaba el colectivo. Faltaba poco para las diez de la noche y la K estaba cerca de la parada. Tomó una mochila con ropa y caminó por la vereda de Mendoza al 4900. Nunca supo que un Peugeot 208 negro con vidrios polarizados llevaba 40 minutos esperándolo en la esquina. Del auto se bajó un hombre que lo encañonó, lo obligó a doblar por Sucre y a unos 30 metros, con el auto avanzando a la par, lo ejecutó con un tiro a corta distancia en la cabeza.

Esa fue la mecánica, según el fiscal Adrián Spelta, del crimen del personal trainer de 32 años asesinado el 23 de julio pasado. Para la acusación fue el resultado de un "plan común" pactado entre dos hombres: un tirador cuya identidad se desconoce y Caio Santiago S., un técnico en seguridad e higiene de 31 años detenido hace 11 días en Ezeiza a punto de tomar un vuelo al Líbano que ayer fue acusado de haber ido al volante del 208.

Al ser asesinado Guenchul llevaba ocho meses sin ver a su hija Tiziana, de 3 años. Se había separado de la mamá de la nena, Priscila, con quien según testimonios tenía una relación conflictiva al punto que había acudido a una abogada para gestionar un régimen de visitas. El acusado es la actual pareja de Priscila. "Ella le puso una prohibición de acercamiento y él sufría mucho por no ver a la nena", contó la novia del entrenador. "Desde hace un año tenía conflictos con la ex pareja, con discusiones muy fuertes que Marcos tenía grabadas en la computadora", dijo el dueño de gimnasio.

Con esa conflictividad como aparente motivación del plan, Spelta imputó ayer a S. como coautor de homicidio agravado por el uso de arma de fuego, delito con una pena mínima de 10 años y 8 meses. La jueza María Trinidad Chiabrera le dictó la prisión preventiva por el plazo legal de dos años. Consideró que varios indicios justifican la medida: el auto, la activación del celular de S. en una antena cercana al lugar del hecho y su posterior conducta evasiva.

Es que al día siguiente, a las 16, el imputado desactivó su teléfono y tres horas después compró otro. Además dejó el Peugeot en una cochera de sus padres en Entre Ríos al 1100 y no volvió a usarlo. Se fue a vivir a casa de un amigo y el 9 de agosto compró en 70 mil pesos un pasaje a Beirut vía Ezeiza. Dos días antes habían ordenado su captura y la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) lo detuvo antes de embarcar con 1.111 dólares encima. Entonces volvió a activarse el celular "viejo", quizás porque intentó buscar un teléfono en la agenda para avisar de su arresto.

Filmaciones y testigos

El fiscal dijo que una de las pistas para llegar a S. fue el auto. En las cámaras de una casa y de una tapicería de Sucre y Mendoza se captó que el 208 estacionó a las 21.01 en esa esquina tras pasar a baja velocidad frente al gimnasio Progress Fitnes de Mendoza al 4900, donde Guenchul trabajaba y solía quedarse a dormir. El auto esperó 49 minutos hasta que el entrenador salió del local para tomar la K hacia la casa de su novia.

Enseguida lo abordó un hombre que lo amenazó y lo hizo caminar unos 30 metros hacia la esquina de Sucre, mientras el conductor del 208 cruzaba el semáforo en rojo para seguir a la par de su cómplice. En ese momento la K llegaba a la parada y así el chofer del colectivo que Guenchul no alcanzó a tomar se convirtió en testigo del crimen. Advirtió que a Marcos le iban a robar y tocó bocina. Cuando Guenchul llegó acorralado a la esquina, el matador le robó la mochila y retumbaron dos disparos. Uno impactó en el frente de una casa, el otro en el cráneo del entrenador. Eran las 21.52.

El 208 desapareció mientras a Marcos era asistido por el chofer de la K y un tapicero de la cuadra que minutos antes había escuchado el grito "¡quedate quieto!" seguido de dos tiros. Guenchul murió tras agonizar en el Heca.

Las filmaciones no registraron con nitidez el dominio del auto pero técnicas de mejoramiento de imagen permitieron establecer que las primeras dos letras eran O y M. La tercera podía ser D, Q o M, seguidas por un 3, otro número y un 2. La patente del Peugeot de S. es OMD 302.

El auto usado en el crimen tiene además un defecto captado en todas las imágenes: las tres luces de stop están siempre encendidas. Tal como el 208 de S. Una pericia constató un defecto en el contacto del freno, que queda siempre activado. “El auto que vemos es el de S.”, dijo el fiscal.

   Spelta reconstruyó el recorrido del auto esa noche en base a cámaras que lo captaron. Arrancó en Circunvalación y Mendoza hacia el este. A las 20.57 se detuvo en el semáforo de Barra. Luego bajó la velocidad al cruzar la vía en Paraná y a las 21.02 pasó con las balizas encendidas frente al gimnasio y se estacionó en la esquina de Sucre.

   Fue captado frente al lugar del crimen, Sucre 1250, y luego en su trayecto hacia el sur: pasó por Cerrito y Avellaneda, tomó por Presidente Perón hasta Francia y dobló hacia Seguí. Su rastro se perdió en Francia y Acevedo, a unas 10 cuadras de la casa donde el acusado convivía con Priscila. Para ubicar a S. en ese auto Spelta precisó que su celular fue detectado a las 21.02 por una antena de las Cuatro Plazas, cerca de donde emboscaron a Guenchul.

   Por último Spelta detalló las acciones de S. luego del hecho. Al día siguiente cambió de teléfono, guardó el auto en la cochera de sus padres y se fue a vivir a lo de un amigo con la excusa de haberse peleado con Priscila. Uno de sus mejores amigos no pudo explicar por qué borró a Caio de sus contactos un día después del crimen.

La ex pareja

Priscila también cambió de teléfono. La actividad del iPhone que llevaba cuando se presentó a declarar arrancó el 26 de julio. El único movimiento previo que se detectó en ese teléfono corresponde a un chat grupal del Sindicato de Obras Sanitarias de Rosario que dirige su tío, Oscar Barrionuevo.

   La joven declaró que convivía con S. en su casa de Laprade al 3900 y como él está sin empleo solía ir al sindicato para pelear su reincorporación a Aguas Santafesinas, donde trabaja ella. Dijo que el día del hecho él llegó a su casa a las 20.30, lo que no coincide con el registro de las antenas.

   En esa casa se halló una carta de la madre de Priscila que, según la joven, iba dirigida a su tío Oscar. En esa carta la madre de Priscila contaba que su hija estaba “muy triste” por los conflictos con Guenchul y por lo tanto “haría cualquier cosa para hacerlo desaparecer del mapa”. Al respecto, Priscila sostuvo: “Estábamos tratando de que Caio volviera a trabajar a la empresa porque yo era el único ingreso de la casa y estoy embarazada”.

   El fiscal también citó la declaración de un testigo de identidad reservada que luego del crimen se cruzó con dos jóvenes que le dieron el pésame, le contaron que Marcos se había metido con “alguien muy pesado” y le dieron a entender que era la actual pareja de la ex del entrenador.

   El defensor Daniel Terani se limitó a señalar “inconsistencias” en el relato fiscal. La audiencia terminó con la imposición de prisión preventiva a S. Los numerosos familiares y allegados a Guenchul, hasta entonces en silencio, descargaron al salir todo su enojo y la tensión acumulada con gritos quedaron retumbando en la densidad de la sala.

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