Policiales

Un joven le disparó a otro y mató a un vecino que estaba a 30 metros

Un albañil de 37 años recibió un tiro en la cara en la puerta de su casa en barrio Ludueña Norte. Habría tirado un joven que bajó de una moto a discutir con otro. La víctima cayó ante su familia.

Lunes 09 de Noviembre de 2009

Orlando Benito Luna tenía 37 años, se ganaba la vida como albañil y era hincha de River Plate. El sábado a la tarde, tras ver perder por la tele a su equipo ante Newell”s Old Boys, se tomó un respiro y se asomó a la vereda de su casa en Barra al 500 bis. Alcanzó a ver a dos jóvenes que a unos 30 metros de su vivienda discutían en medio de la calle. Uno de los muchachos sacó una pistola y disparó contra su contrincante cinco veces sin dar en el blanco. Pero una de esas balas impactó en la cara de Luna, que miraba ajeno al incidente. Como la ambulancia no llegaba un vecino lo subió a su auto y lo llevó al Hospital de Emergencias, aunque al llegar ya no vivía.

“Cuando terminó el partido mi hermano se asomó a la vereda donde estaba el yerno con una nena en los brazos. Escuchó que estaban discutiendo dos tipos a unos metros de su casa sobre la calle Esquiú y, cuando salió a ver lo que pasaba, recibió el balazo en la ceja izquierda”, explicó ayer Norma, la hermana de 39 años del hombre fallecido.

A su vez, Mabel, otra de las hermanas de Luna, explicó que “cuando cayó sobre la vereda, ya estaba casi muerto. Perdió masa encefálica y mucha sangre. Estuvo tirado media hora sobre la vereda y, como la ambulancia no llegaba, un vecino lo cargó en su auto y lo llevó al Heca, pero falleció en el camino”.

Marginación. Barra al 500 bis entre De la Salle y Esquiú es una postal de las zonas más pobres del barrio Ludueña Norte. Un sitio donde están enclavados unas ocho villas. Calles con pavimentos precarios y zanjas pestilentes. Verdaderos matetes de cables eléctricos aéreos. Y los infaltables pares de zapatillas colgados de la red eléctrica demarcando un territorio de venta de drogas. En ese paisaje conviven a diario costados distintos de la sociedad. Personas formadas en la cultura del trabajo con muchachos que frecuentan formas muy marginales de delito.

La familia Luna vive en Ludueña desde hace unos 40 años cuando era un barrio de origen ferroviario y a dos cuadras de su casa estaba el viejo zanjón que corría paralelo a la calle Campbell. Como buena parte de su familia, Orlando Benito Luna, de 37 años, se quedó a vivir en el barrio. Trabajaba como albañil con un primo. Tenía pareja y tres hijos: una muchacha de 17 años —vive en pareja con Ezequiel, de 22 años—, un chico de 6 y una nena de 2 años. “Era un buen vecino. Le gustaba sacar su equipo de música a la vereda a la tarde y escuchar música. Era muy amable y solidario”, comentó ayer al mediodía una mujer que vive a pocos metros de la casa de Luna mientras observaba el improvisado velatorio del albañil en la casa del hombre fallecido.

“¿Por qué a mi hermano?”, se preguntaban ayer los familiares sin entender la absurda muerte de Luna. El albañil era el tercero de nueve hermanos. La madre falleció hace trece años y el padre cumplirá 68 años mañana.

Sábado a la tarde. Luna, al que en la barriada le decían el Abuelo por su cabello cano, el sábado a la tarde observó por televisión el encuentro que su querido River disputó con Newell’s.

Tras la derrota de su equipo se arrimó a la calle. Ahí estaba Ezequiel con una nena en brazos. Luna salió a la vereda, pero su hijo de 6 años, que se estaba bañando, le pidió a los gritos un toallón.

El hombre entró, se lo dio y volvió a salir. En ese momento, en una secuencia de un par de segundos, sucedió lo peor. Según pudo reconstruir La Capital mientras Luna llevaba el toallón a su hijo, sobre Barra una moto con dos ocupantes circulaba desde De La Salle en dirección al sur.

Poco antes de llegar al cruce con Esquiú el rodado se detuvo abruptamente y el acompañante del conductor descendió del vehículo para increpar a otro muchacho.

“El chabón se bajó y se pusieron a discutir mal. En un momento el que se bajó de la moto sacó un fierro y le empezó a disparar (a su rival). Le tiró cinco balazos y no le dio ninguno, pero uno le pegó al Abuelo”, contó una mujer.

Ayer Mabel estaba acongojada, pero aun así pudo expresar su reclamo. “Lo que sabemos se lo dijimos a la policía porque queremos que agarren al que mató a mi hermano”. Una fuente policial indicó que los motociclistas viven en Ludueña, pero no en ese sector del barrio.

A su vez, algunos vecinos describieron a quien gatilló el arma de fuego como un hombre “morocho, de contextura robusta y con una corona plateada en uno de sus dientes”.

Uno de los cinco balazos, según contaron algunos vecinos —en rigor, la policía secuestró dos vainas servidas calibre 22—, recorrió unos 30 metros en diagonal e impactó en la ceja izquierda de Luna.

El albañil se derrumbó sobre la tierra al costado de la zanja. Tras el ataque, los agresores se esfumaron en la moto en la que habían llegado. El muchacho que había sido el destinatario de los proyectiles también desapareció.

Luna quedó malherido y sus familiares pidieron una ambulancia al Sies que, según dijeron, nunca llegó. “Un vecino cargó a mi hermano en su auto y lo llevó al Heca, pero cuando llegó ya estaba muerto”, relató Norma.

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