Los grandes robos terminan más tarde que temprano dando el salto a libros y a veces a la pantalla grande, mientras que los atracos frustrados quedan en anécdotas perdidas en patios de penales o ranchadas carcelarias. Habrá que ver que lugar le cabe en un futuro cercano al golpe perpetrado el lunes a la noche en el depósito de la empresa de transporte de caudales Brink's ubicado en Presidente Roca 2719. Tras ingresar a la casa vecina, un grupo de entre cinco y siete ladrones maniataron a los ocupantes de la vivienda e hicieron boquete para perforar una pared de unos 60 centímetros de espesor que les dio acceso al galpón donde se hallaban estacionados varios camiones blindados. Sin que saltara alguna alarma sonora y que los sensores de movimiento no hayan detectado nada, la banda se llevó un botín de “entre 20 y 30 sacas” cargadas de dinero. ¿Cuánta plata representa eso? Imposible de precisar hasta que la empresa damnificada de a conocer a los investigadores la cifra oficial de lo robado, todo lo que debería estar declarado en los documentos que acompañan cada bolsa. “Es imposible estimar cuánto dinero es porque no hay un monto reglamentado por saca. Sólo ellos saben cuánto era en pesos, dólares, euros o valores. Sin embargo, por usos y costumbres el tope en pesos es de un millón”, explicó una fuente relacionada con el rubro.
Películas y series sobre grandes robos hay decenas: Rififi, Tarde de perros, El gran golpe, Plata quemada, El aura, 100 años de perdón, Al final del túnel, Apuntes para una película de atracos, La casa de papel y El robo del siglo, entre otras. Lo sucedido el lunes entre las 21.30 y la medianoche en el depósito del barrio Hospitales es digno de un nuevo guión para ser llevado a la pantalla y aumentar el listado.
Un grupo de delincuentes durante una noche de fin de semana largo por el feriado de carnaval privó de su libertad a cuatro adultos y un nene de 8 años durante más de tres horas en su casa para poder realizar un boquete en la pared medianera con una empresa de transporte de caudales. Los maleantes pensaban romper la pared a mazazos, pero encontraron entre las herramientas de los vecinos un rotomartillo Bosch con suspensión neumática que les posibilitó resumir una noche de trabajo en menos de tres horas. Al término de la faena se quedaron con entre 20 y 30 sacas que se estima contenían una cifra millonaria.
En los últimos 30 años en el galpón de Presidente Roca 2719 varias empresas tuvieron allí su sede. Pero hace 13 años se afincó en ese lugar Brink's, fundada en 1859 en Chicago, Estados Unidos, y asentada en el país desde 1997. Al lado viven Guillermo y su hermano Oscar, nacidos y criados en el barrio Hospitales. El primero se jubiló como profesor de carpintería en la escuela San José. Su hermano también se jubiló como arquitecto y maestro mayor de obra. Vivieron en la misma casa de pasillo por más de 60 años.
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Cena familiar. Según se pudo reconstruir en medio del hermetismo oficial, el lunes alrededor de las 21.30 en la casa de Guillermo y Oscar el primero cenaba junto a dos de sus hijas y su pequeño nieto de 8 años mientras su hermano dormía. La vivienda está dispuesta en “L” con ingreso por Presidente Roca y una salida a la vía del viejo ferrocarril Belgrano que desde el puerto corre paralela entre Gálvez y Virasoro, donde Guillermo tiene un taller de carpintería.
Como había visitas, la puerta del pasillo estaba cerrada sin llave. Entonces, la cena familiar fue interrumpida por dos hombres jóvenes que, armas en manos, con gorras con viseras y amplios barbijos que le cubrían el rostro hasta los ojos dejaron a todos paralizados. “Quédense tranquilos. Venimos a robar al lado, venimos por la torta”, dijo quien llevaba la voz cantante. “Hagan lo que tengan que hacer. Nuestro destino está en sus manos. Lo único que les pido es que no nos hagan nada, sobre todo a mi familia”, les respondió Guillermo tratando de mantener la calma. En diálogo con este diario, el hombre confió: “Nos hicieron un trabajo de inteligencia, conocían el movimiento de mi casa”.
Los cuatro familiares que cenaban fueron trasladados a la habitación donde Oscar dormía. A Guillermo lo esposaron. Al resto les ataron las manos con alambre. “Eran educados, bien hablados y si bien uno llevaba la voz de mando, no eran violentos. Nos dijeron que si todo iba bien se iban se iban a ir rápido”, explicó Guillermo.
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Los ladrones llegaron con una amoladora, un par de mazas de obra y un ariete construido con hierro de 14 pulgadas. Material insuficiente para realizar un boquete de alrededor de 80 por 80 centímetros. Pero tuvieron un golpe de suerte. Encontraron un rotomartillo con suspensión neumática. “Son herramientas que tenemos en casa y que se usan si hay alguna changa en la construcción de las que solemos hacer. Eso les posibilitó trabajar más rápido”, indicó Guillermo. También se llevaron varias bolsones de arpillera plástica similares a los utilizados para transportar un metro cúbico de arena.
Los delincuentes comenzaron a trabajar en la pequeña habitación de Guillermo, sobre la pared de ladrillos de unos 60 centímetros que es medianera con el garaje de Brink's. Primero marcaron un perímetro con la amoladora y luego comenzaron a perforar con el retromartillo. Todo iba viento en popa hasta que Stellita, una vieja vecina del barrio, escuchó los ruidos típicos de una obra en construcción. La mujer se asomó al tapial y gritó: “Guille, ¿qué pasa que hay tanto ruido?”. Ante eso, los ladrones sacaron a Guillermo de la habitación y le ordenaron que le mintiera a su vecina porque si la mujer llamaba a la policía todo sería peor. “Stellita, se me pinchó un caño y lo estamos arreglando. Tengo la pieza inundada”, le dijo el hombre y la mujer se calmó. El resto de los vecinos dijeron haber escuchado ruidos pero ninguno de ellos se alteró.
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Lo que pasó del otro lado de la pared todavía es un misterio, aunque quedó expuesto que los ladrones conocían al detalle el sistema de seguridad y qué había en cada uno de los tres camiones que estaban estacionados allí. Lo que está claro es que sabían de logística y operaron con datos quirúrgicos. De acuerdo a lo confiado por distintas fuentes consultadas el lugar contaba con distintos sistema de alarma monitoreados de forma cruzada por varios empleados gerenciales de la empresa. Pero ninguno de esos sistemas funcionó. Algo que quedó en evidencia es que la pared en cuestión no contaba con ningún tipo de sensor o los mismos estaban inhabilitados. El lugar tiene una bóveda, pero los ladrones sabían que no podrían violentarla. Entonces, contrarreloj, ingresaron por el hueco de la pared y fueron directamente sobre los camiones, vehículos que se abren con un sistema de dos llaves que son manipuladas por diferentes empleados. Tampoco está claro si esos camiones estaban abiertos o si los ladrones tuvieron que apoderarse de las llaves guardadas en alguna oficina. Lo cierto es que accedieron al interior de los tres vehículos, retiraron las sacas y las colocaron en los bolsones de arpillera con toda tranquilidad ya que tampoco había en el lugar empleados de seguridad.
Según fuentes del Banco Central de la República Argentina cada billete de moneda nacional pesa alrededor de un gramo, lo que transformaría cada saca de un millón de pesos (100 fajos de 100 billetes de 100pesos) en un objeto de 10 kilos. Claro está que también podrían contener billetes de 200, 500 y 1.000 pesos, lo que modificaría radicalmente el pesaje de las sacas. Pero hasta que la empresa que fue víctima del atraco no de a conocer qué había en cada saca robada y cuántas se llevaron todo es materia de imaginación o estimación. “Cada saca podría tener dinero en pesos, en dólares, en euros o valores y cheques. Esta son firmas que recogen recaudación de empresas, de supermercados, de casas de juego o shoppings. Y también transportan dineron a bancos del interior. Por eso es muy difícil poder precisar cuánto robaron. Sólo Brink's sabe el monto de lo robado”, indicó una fuente.
“El Banco de la Nación dispuso que todo lo que se transporte en una saca se debe declarar. Ida y vuelta con remito. Si no se puede justificar lo que se lleva en la saca no se lo puede transportar en un camión de caudales. Todo lo que esté en la saca debe estar en blanco. Antes de la pandemia el dinero que se podía llevar en una saca rondaba los 600 mil pesos y ahora ese monto trepó al millón”, explicó otro vocero.
Como sea, y cuanto pesara, los ladrones volvieron a cruzar la casa de Guillermo y Oscar con el botín y salieron a la oscuridad de la vía. Nadie vio en que vehículo cargaron las sacas para huir. Desaparecieron. Eran aproximadamente la 0.15 del martes. “Nos dejaron atados. Después de que se fueron estuvimos más de media hora hasta que pudimos liberarnos. Encima nos llevaron los teléfonos celulares. Yo pude salir a la calle, pero con las manos esposadas. Entonces pasó un taxista que me miró y desconfió. Más adelante lo paró mi hija y el chofer llamó al 911”, añadió Guillermo.
Los peritos de criminología encontraron en la escena la amoladora y un cargador de pistola Glock con 30 proyectiles calibre 9 milímetros que olvidaron los ladrones. Hasta el cierre de esta edición la firma robada no había notificado el monto de lo robado al fiscal Rodrigo Urruticoechea, de la Unidad de Flagrancia, quien en las próximas horas pasará el expediente a la Unidad de Investigación y Juicio.
En tanto, los ladrones dejaron tras de sí la sensación, otra vez, de que hay barrios de la ciudad que están en manos de nadie. Y aunque el robo no tuvo una marca de agua, como fue en el banco Santader de San Isidro en enero de 2006 cuando los ladrones dejaron escrito “en barrio de ricachones, sin armas ni rencores, es sólo plata y no amores”, el del lunes a la noche en Rosario fue un golpe digno de una película