Ataque mafioso

Un ajedrez incierto bajo los remaches de las balas

Es una paradoja: se cree saber de dónde vienen los ataques pero eso no permite pararlos.

Martes 14 de Agosto de 2018

Es una paradoja: se cree saber de dónde vienen los ataques pero eso no permite pararlos. El viernes pasado Ariel Guille Cantero, líder de Los Monos, fue señalado como ideólogo de los primeros dos atentados, por los que afrontará una audiencia imputativa la próxima semana, por un delito que prevé una pena de hasta 15 años de prisión.

Pero los ataques arrecian. Hay tres detenidos como ejecutores materiales presuntos. Pero hay otros en la calle haciendo las mismas cosas.

Y con una agresividad que escala. Nunca como ayer habían disparado tantas veces contra un mismo objetivo. Ya habían acribillado aberturas con lo que el riesgo letal es manifiesto. Ahora los tiros no fueron nada más contra una puerta de edificio sino contra viviendas de los primeros pisos. Lo mismo había ocurrido en el embate contra una casa donde vivió la jueza Marisol Usandizaga, con disparos a los primeros pisos, y el viernes pasado, con tiros a un inmueble del padre de la magistrada, cuado los plomazos llegaron hasta el segundo piso.

Los tiros son con armas de nueve milímetros. No es alarmismo decir que con ráfagas así de abiertas la posibilidad de una víctima fatal es concebible. En el MPA y en el gobierno estiman que aquí hay actos desesperados de un grupo que al recibir un golpe tras otro se siente frágil. Pero estos grupos conservan capacidad de reclutamiento y saben que con una sola muerte pueden generar un terremoto institucional.

La prevención general negativa es la idea de que la perspectiva de pena evita que un sujeto cometa actos ilícitos, lo que atempera el peligro de la acción del criminal. No está funcionando. La detención de tres presuntos autores materiales la semana pasada no parece disuadir a nadie. Los centenares de escuchas disponibles en el MPA muestran que los que tiran del gatillo son atacantes violentos y fungibles, meros eslabones que cambian muy rápido de lugar, en general menores de edad, contenibles en base a bajos pagos y vínculos de afecto. Hay elementos importantes para probar autoría, hay detenidos y los ataques siguen.

Esa característica aleatoria de los atentados, ser contra jueces indirectamente pero colocar a cualquiera como potencial víctima, inscribe en estos sucesos una impronta típica del accionar terrorista. Ese enunciado, que tiene una connotación en Argentina indisociable a lo descomunal de la violencia estatal, acá debe recortarse en su sentido estricto. Que es, mediante embates brutales que acarrean miedo, generar la idea de un territorio incontrolable, con el fin de obtener un propósito.

En el MPA atisban que Los Monos no aceptan ni niegan ser los autores de estos hechos. A lo sumo a través de sus abogados indican que no hay prueba de que sean responsables. También saben en el MPA que hay cosas, como dejar carteles con advertencias, que no son típicas del grupo sospechado. La marca es la ambigüedad de un ajedrez con violentas movidas. Que hoy, aunque algunas jugadas secretas hayan sido entrevistas, no se sabe cómo termina.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario