Policiales

Se entregó uno de los acusados por el asesinato de un policía federal

Es Raúl Omar José, acusado de haber matado al suboficial Claudio Alvarez el 5 de abril. El crimen ocurrió en Pérez, en un operativo antidrogas. Un cómplice fue detenido aquel día

Sábado 10 de Mayo de 2008

El 5 de abril pasado, efectivos de Drogas Peligrosas de la Policía Federal montaron un operativo en torno a la vivienda de Raúl Omar José, en la ciudad de Pérez. Los pesquisas sostenían que el muchacho, de 25 años, vendía y distribuía drogas desde su casa y por eso lo investigaban. Fue en esas circunstancias que el suboficial Claudio David Alvarez recibió un disparo que le quitó la vida. Sus últimas palabras fueron "me la puso el Raulo", tal como se lo conoce a José. Desde entonces, los compañeros del agente asesinado lo buscaron intensamente. Sin embargo Raulo les ganó de mano y se entregó por sus propios medios. Fue ayer ante el juez federal Félix Angelini, quien lo indagó y lo dejó preso como sospechoso de ser quien disparó contra el policía.

Alvarez tenía 51 años y la acusación contra José alcanzó a modularla por handy a sus compañeros tras recibir el balazo mortal. En la fuerza federal era conocido como El Gallego y aquella noche estaba en una posición de vigilancia, a unos 70 metros de la casa del sospechoso, en Belgrano y Morelli. Según la investigación, Raulo tenía montado allí un búnker de venta de cocaína. Ese es el mismo lugar del cual en diciembre de 2003 se lo llevaron detenido por infracción a la ley de drogas junto a su padre, el Turco, quien fue condenado a 4 años y 6 meses de prisión en el penal bonaerense de Marcos Paz y que cumplió en 2006.

En la mira. Raulo no es un desconocido para la Justicia Federal. La creciente actividad de venta de cocaína denunciada por los vecinos de Pérez llevó a los uniformados a posar sus ojos sobre él. Para el 5 de abril la investigación llevaba casi un mes y esa noche, sobre el objetivo, estaban dispuestos seis federales de civil en dos autos particulares. Uno de ellos era el suboficial Alvarez, quien se sentó sobre una piedra, por calle Belgrano.

Según lo confiado por fuentes de la investigación, esa noche confluyeron en la casa de Raulo dos hombres: el Mono y Marco Antonio López, de 32 años. Advertidos de que los federales merodeaban por el lugar, los tres sospechosos salieron por un portón lateral de la casa. El trío encaró hacia la posición de Alvarez, con quien tuvieron un intercambio de palabras. Luego lo empujaron, y cuando el federal estaba en el piso le dispararon. Entonces se produjo un desbande. Los policías corrieron en auxilio de Alvarez y los maleantes se dispersaron.

El suboficial había recibido un disparo mortal que le ingresó por debajo de los testículos y lo recorrió hasta el hombro. Murió camino al hospital Centenario.

La fuga. En tanto, López —con una decena de antecedentes por delitos contra la propiedad—, corrió casi tres cuadras. Llevaba en sus manos un revólver calibre 38 con el que abrió fuego contra los agentes que lo perseguían. Lo atraparon cuando intentaba escudarse en un hombre que salía de un taller. El arma que llevaba fue peritada por Gendarmería Nacional y, según fuentes de la causa, sería la que mató al policía.

Por su parte, Raulo se fugó por las vías que corren paralelas a calle Belgrano y se perdió en la oscuridad. Los pesquisas supieron después que un BMW rojo lo levantó de las inmediaciones. El escape continuó en un remís que pasó por el cruce de las rutas A-012 y 14 pero su rastro se perdió allí. Nada más se supo sobre él hasta ayer.

El dato. En un primer momento la causa judicial fue investigada por la jueza de Instrucción provincial María Luisa Pérez Vara. Pero al evaluar la magistrada que la muerte de Alvarez se produjo en una pesquisa por narcotráfico, se apartó y dejó el expediente en manos del juez federal Angelini.

La detención del remisero que llevó a Raulo aquella noche y que luego recuperó la libertad fue un elemento clave. Cuentan que el ahora detenido estuvo aguantado en un cabaret en las fueras de Victoria, pero acorralado por la Brigada de Homicidios decidió entregarse.

El suboficial Alvarez era oriundo de provincia de Buenos Aires y contaba con 30 años de servicios cumplidos. Estaba casado y era padre de dos chicos de 19 y 20 años. Tiene el triste honor de ser primer federal caído en servicio en Rosario desde que se creó la división de Drogas Peligrosas, hace 15 años.

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