Otro policía detenido el domingo por la muerte de una persona que sería una trabajadora sexual trans quedó en libertad tras ser imputado como coautor de un homicidio calificado por abuso de la función policial. Un día antes había sido sometido a audiencia el efectivo que realizó los disparos letales, quien quedó en prisión preventiva hasta el 30 de junio. El crimen ocurrió en un predio ferroviario de Villa Gobernador Gálvez donde ambos efectivos cumplían servicios adicionales. Según lo que pudo reconstruir la fiscalía, la víctima llegó hasta ese lugar cerca del mediodía, mantuvo una discusión y pelea a golpes con uno de los efectivos y cuando su compañero llegó a auxiliarlo realizó los tres disparos que le causaron la muerte en el lugar.
Este jueves fue imputado el efectivo Félix Martín Spreutels, de 40 años, quien permaneció cuatro días internado por los golpes y el traumatismo de cráneo que sufrió en una pelea previa con la víctima, que aún no fue identificada. Al igual que su compañero, con el que realizaban servicios adicionales en terrenos del Nuevo Central Argentino de Villa Gobernador Gálvez, fue imputado como coautor de un homicidio calificado por abuso de la función policial, delito que se pena con prisión perpetua.
Si bien la fiscal Carla Cerliani solicitó en la audiencia la prisión preventiva del uniformado, la jueza Trinidad Chiabrera dispuso su libertad con reglas que deberá cumplir por un plazo de 90 días, como la prohibición de salir del país y la obligación de presentarse dos veces por semana en la Oficina de Gestión Judicial. La persona fallecida, de sexo masculino, tenía alrededor de 35 años y vestía ropa de mujer, por lo que se presume que habría tenido identidad femenina. Esta semana comenzó la autopsia en el Instituto Médico Legal bajo reglas especiales que se aplican en casos de violencia institucional.
El miércoles fue imputado el policía Darío Gabriel Aguirre, quien quedó en prisión preventiva hasta el 30 de junio. La jueza Chiabrera evaluó al resolver la medida cautelar que “no surge que la persona fallecida haya disparado en forma directa hacia alguno de los policías” y, por lo tanto, no encontró una causa de justificación propia de una legítima defensa como plantearon los abogados defensores de ambos policías, Nahir Moreno y Nicolás Oviedo. Aguirre declaró en la audiencia que disparó tres o cuatro veces cuando acudió en ayuda de su compañero y lo encontró en el piso, bajo una persona que le había robado el arma y que se alejaba hacia unos matorrales realizando disparos.
De acuerdo con la imputación fiscal, algunas evidencias contradicen la versión policial que explica el hecho como resultado de un intercambio de disparos con la víctima, que según ese relato habría robado el arma reglamentaria de Spreutels y efectuado disparos aún no acreditados. El cuerpo de la víctima se encontró a unos sesenta metros del lugar donde este policía montaba guardia en su auto, un Audi A4 gris. En ese sector comenzó la pelea y se encontró parte de la vestimenta de la persona fallecida.
El crimen ocurrió el domingo alrededor de las 11 de la mañana en un predio de la empresa Nuevo Central Argentino que se extiende a lo largo de unas doce cuadras en Villa Gobernador Gálvez, que es custodiado las 24 horas por policías que realizan servicios adicionales. Spreutels estaba en un extremo de los terrenos cercano a la curva de Córdoba y Presidente Perón, en su auto, junto a unos vagones abandonados. Allí se produjo la primera secuencia.
Por motivos que según la fiscal habrá que determinar, mantuvo allí una pelea con la víctima y se produjo un disparo. En medio de esa pelea, el policía le pidió ayuda a su superior, quien envió a Aguirre a socorrerlo. El policía llegó en su auto Peugeot 207 negro, “corrió a la víctima a través de las vías hacia el otro lado de unos vagones de carga y realizó disparos” que le causaron la muerte. La persona fallecida recibió un disparo sin salida en el abdomen y otros dos que le atravesaron el antebrazo derecho y un muslo. Tenía además lesiones en un antebrazo y un hematoma en un ojo.
Llevaba una campera abierta, corpiño, un jean y una bombacha y estaba descalza. En los bolsillos llevaba 200 pesos y un celular. Cerca del cadáver se encontró la pistola Taurus 9 milímetros del policía Spreutels con once cartuchos en el interior y la recámara vacía, lo que para la fiscal da cuenta de que el arma no fue disparada. También estaba cerca del cuerpo el celular del policía herido.
A unos sesenta metros de esos pastizales, cerca del Audi donde ocurrió el forcejeo previo, se encontraron manchas de sangre, una caja nueva de profilácticos, un par de pantuflas de la víctima y una la capucha de su campera, además de una campera que sería del policía con dinero, un juego de llaves y cigarrillos. En ese sector se encontró la impronta de un balazo en un vagón abandonado y un proyectil muy deformado, lo que da cuenta de que allí hubo un disparo.
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“Tenemos a un policía haciendo adicionales con su arma, se presenta una mujer trans desarmada sin ningún elemento para cometer una agresión y termina muerta de manera inexplicable, con un arma reglamentaria y descalza”, planteó la fiscal, quien peritará los celulares de los policías y de los primeros que llegaron al operativo en la escena.
Desde allí Spreutels, quien hoy quedó en libertad, fue trasladado con golpes y un traumatismo de cráneo al Sanatorio Laprida, donde brindó una declaración que leyeron sus abogados en la audiencia del lunes. Dijo que “a las 11.30 llegó un masculino con pantuflas celestes” a quien le dijo que se retirara porque el terreno era privado. “Se sentó en un durmiente, de un bolsillo de la campera sacó un polvo blanco y aspiró”, contó. Dijo que se acercó a darle una botella con agua y fue golpeado con una piedra en la cabeza.
“No lograba doblegarlo —continuó—. Hice un disparo al suelo y el almacén cargador del arma se cayó. El masculino me ahorcaba, me mordió y me quitó la pistola. La pateo para alejarla, seguimos en lucha y agarré el celular. Llamé a mi superior pidiendo auxilio. El masculino busca el arma, me pega y gatilla. Llega el (Peugeot) 207 negro de Aguirre y grité pidiendo auxilio. Me quedé sin fuerzas. El masculino se levantó con mi pistola, agarró el cargador. Después no escuché más nada. Como si me hubiera desmayado”.