"Nunca estuve vinculado a barrabravas. Nunca había tratado con abogados y no
tengo nada que ver con lo que pasó. Esto es inexplicable para mí y ojalá lo que me pasó no le pase
a nadie más". Javier Avejera, un viajante y vendedor de baterías de 34 años, es uno de los cuatro
hombres, todos ellos amigos de la infancia en barrio Acindar, que a última hora del viernes
recuperaron la libertad tras estar presos un mes sospechados de haber participado en la emboscada
ocurrida el 4 de febrero contra la barra brava de Newell’s Old Boys y en la que perdió la
vida el chico Walter Cáceres. La pesadilla para esos hombres parece haber llegado a su fin el
viernes, luego de que una resolución judicial los excarcelara hasta que la situación judicial se
resuelva.
Si bien la jueza Raquel Cosgaya, quien investiga los
entretelones de la trágica emboscada a hinchas leprosos, aún no se expidió sobre la cuestión de
fondo, todo hace pensar que Avejera y sus compañeros, Mauricio Centurión, José Orellana y Walter
Sauco, estarían cerca del sobreseimiento en la causa.
Para Avejera, el hecho de que la magistrada les haya
otorgado la sustitución de prisión preventiva es una señal de confianza que se asemeja a un
triunfo. Y no pone reparos en agradecer a la magistrada, a sus abogado defensores y "a familiares y
amigos que se movilizaron" para apoyarlos.
Mala experiencia.
Así, poco después, inscribió en el
Registro Nacional de Armas una pistola calibre 9 milímetros Bersa Thunder y, tras cumplir con los
exámenes psicológicos y los trámites de rigor, Avejera quedó registrado en ese organismo como
"legítimo usuario". Desde entonces guardaba el fierro en la guantera de la camioneta, sin el
cargador colocado. "Nunca la usé y, la verdad, no se qué hubiese hecho en caso de tener que usarla.
No estoy acostumbrado a eso", comentó. Pero como una cruel paradoja del destino, esa situación de
legalidad lo colocó a él y a sus tres amigos como sospechosos de haber tenido alguna participación
en el atentado en el que murió Walter Cáceres.
El viajante habló con este diario junto a Mauricio Centurión, de 27
años, con quien compartió el mismo lugar de alojamiento durante todos esos días, en la seccional
19ª. Avejera, casado y con dos hijos adolescentes, trabaja como vendedor desde hace unos diez años
para una fábrica de baterías ubicada en San Juan al 2400. De lunes a viernes recorre en un
utilitario de la empresa varios kilómetros entre Santa Fe y Córdoba y en muchas ocasiones le toca
pernoctar en hoteles de la provincia vecina. Dos asaltos a mano armada cerca de Santa Fe capital y
una privación ilegal de la libertad de 12 horas a manos de unos piratas del asfalto cerca de Salto
(Buenos Aires) en 2006, fueron motivos convincentes para que comprara un arma.
Sombras.
La Patrulla Urbana llegó a la
estación de servicios por un llamado anónimo al 911 que no quedó grabado en la central y en el que
se denunciaba la presencia de un gran número de barrabravas de Newell’s, muchos de ellos
armados.
Avejera y los otros muchachos habían
llegado un rato antes al minishop de la estación para tomar una gaseosa y comer unas papas fritas.
Eso hacían en el playón, muy cerca del Fiat Iveco Daily de la empresa para la que trabaja Avejera
cargado con casi 90 baterías para autos. En ese vehículo, según admitió el viajante, aún estaba
guardada el arma. "Esa tarde llegué de Casilda. Olvidé bajar la pistola del auto, algo que hago
siempre cuando vuelvo de viaje. Y me fui a tomar algo con los muchachos. Cuando llegó la policía
por primera vez eran 20.30 o 20.45. Había algunos clientes adentro del bar, pero no había hinchas
de Newell’s y nosotros no teníamos ninguna indumentaria o bandera que nos identificara como
leprosos", remarcó el comerciante.
Avejera y Centurión describieron, junto a sus representantes Marcos
Cella y Froilán Ravenna, las circunstancias que rodearon el operativo que los depositó tras las
rejas. Los cuatro amigos fueron detenidos el 5 de febrero, al día siguiente de la muerte de Walter
Cáceres. Los arrestaron cuando se encontraban en la estación de servicios de Provincias Unidas y
Presidente Perón durante un operativo policial que esta semana fue cuestionado seriamente por los
letrados, a tal punto de que pidieron la nulidad de todo lo actuado por la policía en ese
punto.
Blanqueo.
Al respecto Cella añadió: "Supongamos
que había dudas con Avejera, que reconoce ser el dueño del arma, pero también, sin ningún motivo,
sin ninguna orden judicial, arrestaron a los otros tres. De arranque, como mínimo allí hubo un
atropello policial".
Primero llegó una patrulla policial cuyos ocupantes comenzaron a
formular preguntas de estilo a Avejera y a los otros. El propio viajante, en la intención de los
uniformados de revisar el vehículo, les anticipó que ahí había un arma automática. "Se los informé
y les indiqué dónde estaba. Pero también les exhibí todos los documentos que me acreditan como
legítimo usuario. Como vieron que no había nada raro se fueron. Lo peor vino cinco o diez minutos
después", dijo Avejera. "No sé cuantos, pero seguro aparecieron 20 móviles. El lugar se llenó de
policías y volvieron a interrogarnos. Me preguntaron si tenía armas. Les dije que sí y otra vez
manifesté que tenía todo en regla. Pero no hubo caso. Nos llevaron detenidos por una supuesta
portación ilegal de armas", agregó.
Prueba plantada.
El comerciante, según sus defensores,
probó en el juzgado a cargo de Cosgaya que el día en que mataron a Cáceres se encontraba de viaje
por cuestiones laborales en la provincia de Córdoba. Presentó constancias de su alojamiento en un
hotel de Marcos Juárez y también declararon sus superiores y compañeros de trabajo. Durante ese
periplo se desplazó con el vehículo de la empresa para la que trabaja y en la guantera llevaba la
Bersa.
"Es ridículo pensar que pude dejar mi
arma en manos de cualquiera para hacer cualquier cosa, cuando está registrada con todas las de la
ley a mi nombre. Siempre llevo la pistola conmigo cuando viajo", remarcó
Los detenidos por la trágica emboscada a la barra de
Newell’s son Carlos "Chino" Fleitas, como principal ejecutor; sus hermanastros Pablo A. y
Emilio y Jonhatan C., como partícipes del hecho; su tío Guillermo A., suboficial de policía acusado
de proveer las armas para el ataque y el agente policial Rubén Ramón G., quien sería socio del
"Chino" en un negocio.
Las cosas se complicaron cuando la acusación por la tenencia del arma
cambió a la de partícipe de homicidio. Esa grave imputación nació de una pericia balística
realizada sobre la Bersa de Avejera. El examen indicó que dos vainas servidas levantadas en el
sitio de la emboscada habían partido de esa arma. Los abogados fueron tajantes sobre ese punto ante
La Capital: "Se secuestraron y se examinaron más casquillos de los que secuestraron en el lugar. Es
simple. El hecho ocurrió el 4 de febrero, a Avejera lo detuvieron el 5 y le quitaron el arma. La
pericia se hizo el 9 y en las actas figuran más vainas que las que se recolectaron. Alguien pudo
haber disparado esa pistola e incorporar luego las vainas que escupió al lote del material
secuestrado".
l Presos