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"No puedo vivir más de esta manera", la pesadilla de una joven acosada llega a juicio

Un joven de 22 años la persiguió, le hackeó sus redes, le sacó fotos, la intimidó e hirió a su ex pareja. Un fiscal pidió que lo condenen a 10 años

Viernes 04 de Junio de 2021

Lo primero que hizo Paula cuando un chico empezó a hostigarla a la salida del gimnasio fue dejar las clases de boxeo. Ese fue sólo el primer trance de una pesadilla que duró un año y medio. Una restricción judicial no impidió que el acosador la agobiara con mensajes agresivos en las redes sociales, le sacara fotos, le dejara cartas y objetos en su edificio. “Ya se metió en mi casa, me espía por la calle, conoce dónde estudio. Temo por mi vida. No puedo vivir más de esta manera”, dijo llorando la joven universitaria cuando el asedio llegó a su punto más violento el 11 de enero de 2020. Esa noche el agresor esperó a su ex novio a la entrada de un bar, lo atacó con una navaja y le provocó un corte tan profundo que le abrió en dos un costado de la cara.

Esta es la historia que expuso el fiscal de Flagrancia Pablo Socca en una audiencia judicial. A seis años del primer Ni Una Menos, pidió 10 años de prisión para el acusado, quien fue retenido cuando subía a un taxi por testigos del ataque. Cuando llegó la policía, en un bolsillo le secuestraron una navaja con sangre. Afirmaba que había actuado de ese modo por órdenes de la propia Paula. “Era él o yo”, repetía. Desde entonces está preso.

Aunque su discurso tenía rasgos delirantes, una junta psiquiátrica determinó que el joven de 22 años es imputable. Irá a juicio por los delitos de tentativa de homicidio e incumplimiento de una restricción judicial. Así lo determinó el miércoles el juez Gustavo Pérez de Urrechu en una audiencia preliminar a esa instancia. Entonces admitió la acusación fiscal, aceptó las pruebas a discutir en el debate y dispuso que el imputado, Bruno Cristian Lorenzetti, siga en prisión preventiva hasta que finalice ese trámite.

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El asedio comenzó en un gimnasio del macrocentro adonde Paula tomaba clases. Nacida en una localidad del sur provincial, se había radicado en Rosario para estudiar Medicina y vivía en un departamento con su hermano, profesor de boxeo en ese local. A ninguno de los dos les llamó la atención que un muchacho practicara bicicleta fija a lo largo de una hora y media siempre frente al lugar donde ella entrenaba dos veces por semana. Hasta que el chico la invitó a salir en septiembre de 2018.

“El primer día que me habló, sin que yo supiera su nombre, me saludó y me invitó tomar algo. Le dije que no, que tenía novio. A partir de ese momento se puso insistente, todos los días luego de la clase me esperaba abajo para hablarme. Me decía «no importa que tengas novio, salgamos igual y vemos qué pasa». Empecé a tratar de esquivarlo, a no dirigirle la mirada y me interceptaba agarrándome del brazo”, contó la chica, por entonces de 21 años. Un día él le entregó un nota que decía “te necesito en mi vida” con el formato de letra de la banda Iron Maiden, la música que ella escuchaba.

acoso
Paula y su familia vivieron una verdadera pesadilla a lo largo de un año y tres meses.

Paula y su familia vivieron una verdadera pesadilla a lo largo de un año y tres meses.

El muchacho incluso interrogó a su hermano para saber si era verdad que tenía novio. Por ese entonces ella salía con Guillermo R. de quien se separó un año antes del incidente frente al bar. “Ahí arranco con las mentiras. Yo jamás le había hablado, pero él comienza a inventar una historia haciendo creer que lo buscaba”, contó Paula. A la semana ella dejó el gimnasio. “Entonces me empezó a escribir a mi Instagram diciéndome que era su doncella de hierro, que le hice conocer la magia, algo así. Todo muy raro. Le respondí que yo no quería saber nada, que yo tenía pareja, que por favor no me busque más. Hasta ahí dentro de todo, a pesar de la insistencia, no había pasado a mayores la situación”. Pero los videos, fotos y mensajes enseguida cambiaron de tenor y ella bloqueó al joven. Que de todos modos volvía a contactarla desde cuentas falsas.

“No paraba de escribirme, de hostigarme”, dijo Paula. En intento por solucionar la situación, su madre contactó a familiares de Bruno, que aseguraba haber sido su novio. En febrero de 2019 la joven estudiante presentó una denuncia judicial. En junio de ese año el juzgado Civil y Comercial 18 dictó una restricción de acercamiento. Así y todo, el muchacho le dejaba cartas y regalos en el palier del edificio. “Lo más grave es que advertí de sus publicaciones que sabía dónde estaba, mis actividades, muchas cosas. Conocía conversaciones privadas. Entonces me di cuenta de que me seguía y me había hackeado”, contó.

La perimetral no alcanzó: el mismo mes, él sacó fotos de ella en un recital y las compartió en redes sociales. “Temo por mi vida, por la de mi hermano, por la de mi mamá. Tengo miedo. Sabe dónde estoy. Me quiero mudar. Yo dejaría la carrera con tal de dejar de sufrir lo que estoy sufriendo”, dijo Paula. El verano de ese año se había cortado en buenos términos su relación con Guillermo. Pero, al parecer, Bruno imaginaba que el ex de Paula era culpable de que no pudieran estar juntos.

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“No podemos vivir así, atados a una persona. Entonces o él muere o yo hago mi vida por otro lado. Si se muere, no me importa”, le había escrito el acusado a la madre de Paula, a quien le sugirió que a Guillermo lo mantuvieran vivo, “para no vernos todos en un funeral”. “Si vuelven a denunciarme para arruinarme a mí y protegerlo a él voy a contratar un abogado masculino y voy a ganar”, anunció.

El 11 de enero de 2010 Guillermo fue hasta el bar Floyd, donde tocaban unos amigos. No reconoció al muchacho vestido de negro que lo esperaba con un cuchillo en la esquina de Dorrego y 3 de Febrero. “Pensé que me iba a robar. Le digo: «Tomá todo». Cuando levanto la cara, le veo cara conocida. Entonces salgo corriendo. Me perseguía gritando «asesino, femicida, te voy a matar, hijo de puta, por lo que le hiciste a Paula»”. A unos veinte metros Guillermo tropezó y el agresor se le tiró encima. El se cubrió con un brazo para frenar un puntazo dirigido al pecho. Desviada de su camino, la navaja se hundió en su cara y le provocó un profundo corte de 20 centímetros de largo en el costado izquierdo del rostro. El corte le abrió la piel en dos. Fue una herida con compromiso muscular y una posible deformación permanente.

“Se agarraba la cara. Tenía como en las películas cuando se arrancan la piel, parecía como en la película Invasión Extraterrestre. Chorreaba sangre como loco”, contó un hombre que presenció el ataque, persiguió al agresor y lo retuvo hasta que la policía, al llegar, le incautó una filosa navaja de 5 centímetros de hoja manchada con sangre. “Este muchacho es un acosador, vive en un mundo de fantasía. Nunca lo había visto personalmente. Sin dudas me quería asesinar pero en el forcejeo se le cayó el cuchillo”, dijo el joven atacado, que conocía al imputado por fotos de Facebook y había recibido insultos y amenazas de él. Sus abogados querellantes, José Ferrara y Adrián Ruiz, pidieron una pena más alta a 14 años de prisión tras remarcar que, además de la herida en el rostro, sufrió un corte de navaja en un brazo.

“Estamos hablando de un grupo familiar y sus cercanos que durante un año y tres meses vivieron una verdadera pesadilla, tuvieron que modificar su vida, abandonar sus estudios, dejar de concurrir a ciertos lugares y vivir con un pánico y un temor permanente de que algo grave se produzca, siendo que ello finalmente sucedió”, resumió el fiscal al justificar la pena solicitada por un ataque que, a su entender, solo por azar no derivó en “el funeral que el imputado se atrevió a pronosticar unos meses antes del hecho”.

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